La economía argentina acumula señales de deterioro en los mercados, la producción y los hogares. El riesgo país alcanzó los 642 puntos durante la rueda del lunes y cerró en 628, frente a los 609 del viernes. La actividad y el consumo retrocedieron, mientras el financiamiento volvió a encarecerse. Javier Milei respondió con una defensa del programa económico: aseguró que “no hay recesión” y definió el momento como una “desaceleración del ritmo de expansión”.
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El riesgo país empezó la semana volando y crecen las dudas sobre la economía argentina
El riesgo país sube, la actividad retrocede y el consumo cae. Milei niega la recesión mientras crecen las dudas sobre la deuda y la recuperación económica real.
La discusión excede las palabras. El Gobierno necesita recuperar el crédito para afrontar sus compromisos sin consumir los dólares disponibles, pero encuentra inversores más exigentes y una economía que no consigue afirmarse. Los economistas y analistas de mercado, casi sin distinción de color, identifican una combinación de problemas: menor acumulación de divisas, falta de recuperación productiva y dudas sobre los vencimientos de deuda posteriores a 2027.
El precio de la desconfianza
El contexto internacional impone condiciones más difíciles. Los rendimientos de los bonos estadounidenses a diez y treinta años treparon al 5,25% y al 5,56%, respectivamente. Sin embargo, la presión sobre la Argentina tiene un componente local significativo. Fernando Marull y Asociados atribuyó unos 30 puntos de la suba reciente del riesgo país al escenario externo y más de 120 a factores internos. Es una estimación de la consultora, que contempla actividad, financiamiento y riesgo electoral.
La incertidumbre aparece con claridad en los plazos. Mientras los bonos con vencimiento en octubre de 2027 ofrecen un rendimiento cercano al 4%, la tasa implícita para el año siguiente llega al 20%. En julio estaba en el 11%, con un riesgo país próximo a los 400 puntos. Esa diferencia expresa las reservas del mercado sobre la continuidad del esquema financiero más allá del actual mandato.
El deterioro también alcanzó a las acciones. El Merval perdió 3,3% el lunes y completó siete ruedas negativas, con una caída acumulada de 8,6%. Los bonos soberanos en dólares retrocedieron, en promedio, 0,6%.
Milei atribuye parte de la desconfianza a la incertidumbre política y al eventual regreso político del populismo. Pero las dificultades para financiarse ya tienen efectos concretos: el Tesoro evitó colocar deuda en dólares en las últimas tres licitaciones locales para no convalidar tasas de dos dígitos. Entra así está en duda el programa que presentó el ministro Luis Caputo de obtener US$5.000 millones mediante el Bonar 2029 para el programa financiero de 2027 y reabre los fantasmas de incumplimientos.
Menos dólares, mayores exigencias
En sintonía con el momento, la compra de divisas perdió velocidad. El Banco Central pasó de adquirir entre US$80 millones y US$90 millones diarios en julio a unos US$40 millones en agosto y apenas US$12 millones por jornada en septiembre.
Sin nuevas colocaciones para refinanciar vencimientos, los pagos consumen recursos oficiales y solo queda la supuesta “lluvia que nos hará salir dólares por las orejas” para cubrir simultáneamente la deuda y el sostenimiento del esquema cambiario.
Para contener las expectativas de devaluación, el equipo económico viene interviniendo fuerte en el mercado con la venta de bonos ajustados al tipo de cambio y administrando la liquidez en pesos. Así, el dólar se mantuvo entre $1.520 y $1.530. Desde la última elección, la cotización oficial avanzó apenas 5%, frente a una inflación acumulada del 28%; sin embargo, el Gobierno sigue negando el atraso cambiario.
Una recuperación en discusión
Los registros del INDEC muestran que en julio la actividad cayó 2,9% respecto de junio, sin efectos estacionales, y 1,4% interanual. El componente tendencia ciclo, que suaviza las fluctuaciones, avanzó 0,2%. Las mediciones describen aspectos distintos y deben interpretarse conjuntamente.
El segundo trimestre había registrado una contracción de 0,6% frente al primero. Todavía falta conocer el resultado completo del tercero para establecer si hubo dos trimestres consecutivos de caída. La recesión técnica sigue siendo una posibilidad, no un hecho confirmado.
JP Morgan redujo de 2,7% a 1,5% su previsión de crecimiento para 2026 y proyectó una contracción anualizada de 4% para el tercer trimestre. Se trata de una estimación, no de una caída trimestral ya observada.
El consumo tampoco ofrece alivio
El consumo tampoco ofrece alivio: las ventas de supermercados a precios constantes bajaron 2,1% interanual en julio y acumularon una disminución de 2,7% en siete meses. Aunque representan un canal comercial específico, aportan evidencia de una demanda debilitada, pese a un escenario favorable para las exportaciones agrícolas y energéticas.
La controversia sobre la recesión permanece abierta. Los retrocesos de la actividad, las restricciones del crédito y las dificultades familiares, en cambio, ya tienen mediciones. Para el Gobierno, sostener el rumbo exige algo más que defenderlo negando la realidad: necesita que la transformación anunciada empiece a reflejarse en la producción, el empleo y los ingresos.
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