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El riesgo financiero empresarial cayó a zona de "Riesgo Elevado" en agosto

Creció la morosidad empresarial y el índice SERF quedó en zona de “Riesgo Elevado”.

Por Sitio Andino Economía

El número de empresas en situación de mora aumentó 18,7% entre enero y junio de 2026, mientras que el indicador de riesgo financiero elaborado por Fidelitas registró una nueva caída en agosto y se ubicó en zona de “Riesgo Elevado”.

El Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (SERF) alcanzó los 38,3 puntos en agosto, lo que representa un descenso de 6,9 puntos respecto de los 45,2 registrados en julio.

Desde Fidelitas señalaron que, si bien algunas variables macroeconómicas muestran señales de estabilización, todavía no se observa una mejora generalizada en las condiciones en las que operan las empresas. La principal fragilidad continúa concentrada en el acceso al crédito, la capacidad de pago y la evolución de la morosidad.

“El indicador muestra que la estabilización de algunas variables macroeconómicas todavía no logra traducirse en una mejora generalizada de las condiciones en las que operan las empresas”, explicó Félix El Idd, CEO de Fidelitas.

El crédito continúa siendo el principal factor de riesgo

El Índice de Riesgo Crediticio descendió hasta los 17,8 puntos, reflejando dificultades de pago que limitan la capacidad del financiamiento para impulsar el consumo, las ventas y la inversión.

Desde la empresa remarcaron que el nivel de endeudamiento a través del crédito continúa siendo bajo, mientras que la mora permanece elevada, especialmente entre las compañías.

“La estabilización de precios todavía no se traduce en una mejora de la capacidad de pago ni en una recuperación expansiva de la economía”, indicó el informe publicado en septiembre.

En este contexto, las empresas enfrentan la necesidad de priorizar las cobranzas, preservar la liquidez y seleccionar con mayor cuidado a sus clientes, proveedores y contrapartes comerciales.

La actividad industrial profundizó su caída

Uno de los principales factores que explican el deterioro del escenario es el comportamiento de la actividad manufacturera. La producción industrial registró una caída interanual del 4,9% en julio y acumuló una contracción del 2,6% entre enero y julio de 2026. Además, mostró un retroceso del 5% respecto de junio, una vez descontados los factores estacionales.

La baja alcanzó a 12 de las 16 divisiones manufactureras relevadas.

Los mayores descensos se concentraron en bienes durables y de capital, un dato relevante para las perspectivas de inversión. La producción de maquinaria y equipo cayó 26,7%, con una disminución del 46,6% en maquinaria agropecuaria y del 20,9% en aparatos de uso doméstico.

También se registraron fuertes retrocesos en otros equipos, aparatos e instrumentos, con una baja del 31,4%. Dentro de ese rubro, la electrónica de consumo cayó 49,8% y los equipos eléctricos retrocedieron 25%.

En tanto, las prendas de vestir, el cuero y el calzado disminuyeron 15,9%, mientras que la producción de calzado cayó 26,5%.

Solo cuatro divisiones mostraron resultados positivos: refinación de petróleo, con una suba del 8,1%; madera y papel, 7,1%; metálicas básicas, 1,6%; y otro equipo de transporte, 2,6%, impulsado principalmente por las motocicletas.

Por su parte, el Índice de Actividad del SERF se ubicó en 54,2 puntos, lo que refleja comportamientos dispares, aunque sin una recuperación generalizada.

Más empresas atraviesan dificultades de pago

La evolución del crédito tiene su contracara en el crecimiento de la morosidad empresarial. Actualmente se registran 57.045 empresas en situación irregular, casi el 12% de las aproximadamente 480.000 empresas activas. La cifra representa un incremento interanual del 56,5%.

Entre enero y junio de 2026, el número de empresas en mora aumentó 18,7%.

Servicios y Comercio concentran el 71,9% de la morosidad empresarial total. Los mayores incrementos interanuales se registraron en Comercio, con una suba del 78%; Manufactura, 76,3%; y el sector Agropecuario, 65,6%.

A esta situación se suma el nivel persistentemente elevado de cheques rechazados, que se mantiene en torno a los 80.000 por mes.

Durante los primeros ocho meses de 2026, el volumen de rechazos ya alcanzó una cifra equivalente a la registrada durante los doce meses de 2025.

El impacto sobre la cadena de pago

La combinación de mora, cheques rechazados y dificultades para acceder al financiamiento repercute directamente sobre la cadena de pagos.

Una empresa que demora sus obligaciones puede trasladar la presión a proveedores que hasta ese momento operaban con normalidad. El riesgo se multiplica cuando varias compañías pertenecen al mismo sector o dependen de un mismo ciclo de demanda.

Desde Fidelitas advirtieron que la evaluación de proveedores ya no puede limitarse a la calidad de los productos o servicios, la tecnología o el equipo profesional.

“También debe incluir la solidez financiera para no estar incorporando un problema a futuro en la cadena de producción de quien hace la contratación”, explicaron.

Vender más no siempre significa mejorar la caja

Otro de los obstáculos para una recuperación sostenida es el costo financiero. En agosto, la diferencia entre las tasas efectivas anuales con capitalización mensual de los préstamos personales, que alcanzaron el 88,86%, y las de los depósitos, del 23,40%, fue de aproximadamente 65,46 puntos porcentuales.

Para las empresas, el impacto se concentra especialmente en el capital de trabajo. Cuando una compañía cobra más tarde, debe financiar durante más tiempo la compra de mercadería, el pago de salarios y las obligaciones impositivas.

Si los márgenes comerciales no compensan ese costo, un aumento de las ventas puede incluso deteriorar la posición de caja.

El crecimiento de la facturación pierde valor cuando queda inmovilizado en cuentas por cobrar o en sobrestocks. A esto se suma la evolución de los costos empresariales medidos en dólares, que pueden comprimir los márgenes y afectar la competitividad cuando aumentan sin una mejora equivalente de productividad.

Desde Fidelitas sostienen que la sostenibilidad de esta ecuación depende de mayores niveles de inversión, eficiencia y generación de divisas.

Un escenario de estabilización, pero sin recuperación generalizada

La baja de la inflación, que fue del 1,7% en agosto, y el desempeño relativamente favorable del comercio exterior aparecen como señales positivas. Sin embargo, desde la empresa consideran que todavía no alcanzan para compensar la debilidad del mercado interno y el deterioro del crédito.

“La economía muestra señales de estabilización, pero todavía no de recuperación generalizada”, señalaron desde Fidelitas.

Con el indicador SERF en la categoría de “Riesgo Elevado”, la mayor severidad continúa concentrada en el frente crediticio.

El aumento de la morosidad de personas y empresas, las tasas reales elevadas, el persistente nivel de cheques rechazados y el estancamiento o retroceso de buena parte de los indicadores de actividad configuran un escenario en el que las compañías deberán extremar la administración del riesgo.

A esto se suma la detección de empresas con deudas previsionales impagas y un mayor número de sanciones de la UIF y el BCRA, señales que refuerzan la necesidad de profundizar los controles sobre clientes, proveedores y contrapartes comerciales.

“En definitiva, el desafío empresario ya no pasa solamente por vender, sino por vender cobrando, preservar liquidez y administrar cuidadosamente el riesgo de cada operación”, concluyeron desde Fidelitas.

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