Hace apenas unos meses, el clima en el Pacífico anticipaba sequía para la región. Hoy el panorama es otro: los científicos detectaron el regreso de El Niño, el fenómeno que suele traer más lluvias a buena parte de la Argentina agrícola, con una fuerza que sorprendió incluso a los especialistas. Para productores y analistas, la novedad abre una pregunta concreta: ¿cuánto puede mejorar la próxima cosecha?
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El Niño 2026: cómo podría mejorar la cosecha de maíz y soja en Argentina
El Niño mejora las perspectivas para el maíz y la soja: el aporte adicional podría alcanzar los 4.000 millones de dólares, según el estudio histórico del IERAL.
Qué es El Niño y por qué importa
El Niño es el nombre que reciben los períodos en los que las aguas del océano Pacífico, frente a las costas de Sudamérica, se calientan más de lo normal. Ese calentamiento modifica la circulación del aire a gran escala y, con ella, los patrones de lluvia en buena parte del continente. En la Argentina, estos episodios tendieron históricamente a traer más precipitaciones durante la primavera y el verano en la principal zona agrícola, mientras que su fase opuesta, La Niña, se asoció con sequías.
Durante 2026, el cambio fue vertiginoso. En marzo, la temperatura del Pacífico todavía mostraba señales típicas de La Niña; hacia julio, apenas cuatro meses después, ya se ubicaba entre los valores más altos registrados para esa época del año. Según los pronósticos climáticos internacionales, lo más probable es que la intensidad del fenómeno siga en aumento hasta fin de año, en coincidencia con la siembra del maíz y la soja, y que persista, aunque con menor fuerza, durante buena parte de 2027.
El episodio actual ya supera en intensidad al de 2015/16, uno de los más recordados de las últimas décadas, y solo queda por debajo de los dos más extremos del último medio siglo: los de 1982/83 y 1997/98.
Lo que muestran casi treinta años de cosechas
Más allá de lo que ocurre en el océano, al productor le importa qué pasa con el rinde en el campo. Para responder esa pregunta, el equipo de Agro Industrial del IERAL (el centro de estudios de la Fundación Mediterránea) analizó 28 campañas agrícolas en 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero. El estudio comparó los rendimientos del maíz y la soja según hubieran predominado las condiciones de El Niño, de La Niña o de un período neutral.
El resultado confirma lo que muchos productores intuyen por experiencia: durante los años de El Niño, el maíz rindió, en promedio, un 10% más de lo esperado; durante La Niña, un 10% menos. En la soja ocurrió algo similar, con una diferencia todavía mayor en la que se siembra después de otro cultivo, la llamada soja de segunda. En este caso, la brecha entre un buen año Niño y un mal año Niña puede superar los 25 puntos porcentuales. Durante La Niña, ese cultivo enfrenta otra dificultad: aumenta la proporción de hectáreas sembradas que no llegan a cosecharse, una señal del daño que puede provocar la falta de agua en una chacra.
Los propios investigadores aclaran que un Niño más fuerte no garantiza un rinde proporcionalmente mayor. La relación existe, pero no responde a una regla matemática exacta: hubo campañas Niño con malos resultados por otras razones (plagas, enfermedades o golpes de calor puntuales) y campañas Niña que, contra lo previsto, terminaron bien.
Un favor que no llega igual a todos
La mejora esperada tampoco se reparte de manera uniforme en el mapa. Entre Ríos es la provincia donde El Niño tiene una influencia claramente mayor: allí, el maíz mostró la brecha más amplia entre años buenos y malos, una tendencia que se repitió con gran regularidad a lo largo de las últimas tres décadas. Santa Fe y Córdoba muestran una respuesta particularmente fuerte en soja, mientras que en Buenos Aires el impacto es más parejo entre ambos cultivos. En el otro extremo aparece Santiago del Estero, donde el maíz prácticamente no reacciona al fenómeno, lo que sugiere que allí pesan más otros factores climáticos.
Incluso dentro de una misma provincia hay zonas más sensibles que otras. En Buenos Aires, por ejemplo, el norte (partidos como Mercedes, Suipacha, Baradero o San Nicolás) sufre mucho más las sequías asociadas a La Niña que el sudeste, donde las pérdidas suelen ser bastante menores. En Entre Ríos, el este y el sudeste de la provincia son las zonas más golpeadas, por amplio margen, durante los años secos.
El posible aporte a la economía argentina
Ninguna de estas cifras constituye una promesa. La experiencia histórica sí ofrece una señal favorable: si el fenómeno se comporta como en el pasado, aumentan las probabilidades de una buena cosecha de maíz y soja en gran parte del país. En términos generales, esa mejora podría representar unos 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de soja respecto de un año promedio. A los precios actuales, ese volumen rondaría los 4.000 millones de dólares para la economía argentina.