La divisa mayorista acumula una suba del 5,8% desde fines de mayo, en sintonía con el fortalecimiento global del dólar y el reacomodamiento de las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal. El Banco Central profundiza su intervención en futuros y bonos dollar linked para administrar el ritmo del ajuste.
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El dólar rompió el letargo: las razones detrás de la suba
La suba del dólar responde al contexto internacional y a cambios en las expectativas sobre la Fed. El Banco Central interviene para administrar el ajuste.
Durante cinco meses, la estabilidad cambiaria permitió que el esquema de tasas (negativas frente a la inflación, pero positivas en dólares) sostuviera el equilibrio financiero. En la última semana, la divisa interrumpió su letargo en sintonía con la volatilidad global. El tipo de cambio mayorista cerró en $1.492, una suba del 5,8% desde fines de mayo y el avance más pronunciado desde octubre de 2025; el CCL acompañó el movimiento hasta $1.573, mientras que el dólar para el público superó cómodamente los 1.500 pesos. Lejos de ser un factor de alarma, la flexibilización opera como amortiguador frente a shocks externos: la cotización aún se ubica 18% por debajo del techo de la banda ($1.815), y nada anticipa mayor inestabilidad en el segundo semestre.
Las reservas no interrumpen su marcha
El Banco Central extendió su racha de compras a 123 jornadas consecutivas. El ritmo se moderó (junio cerró con USD 1.418 millones, frente a un promedio de USD 100 millones diarios en los primeros cinco meses), pero la fase compradora acumula USD 11.430 millones en el año, la más significativa de la historia, por encima del récord de USD 11.100 millones de 2006-2007. El foco no debería centrarse en si la cotización es un récord nominal, sino en su comportamiento real: el tipo de cambio se ubica en niveles equivalentes a marzo, y el peso aún exhibe un fortalecimiento del 10,3% respecto de comienzos de año. El análisis de los datos surge de un paper del IERAL de la Fundación Mediterránea que analiza el fenómeno de los últimos días.
El origen global de la suba
El paper analiza que la suba del dólar en la Argentina no responde a desequilibrios monetarios locales, sino al fortalecimiento generalizado de la divisa norteamericana: el Dollar Index avanzó 3,2% desde mediados de mayo, y el real brasileño lo acompañó con una depreciación del 5,3%. El factor determinante es el cambio de expectativas sobre la política de la Reserva Federal: la percepción de un sesgo más contractivo empujó el bono a diez años de 4,42% a 4,55%, y el mercado asigna casi 50% de probabilidad a una suba de tasas desde septiembre. Ese escenario llevó las tasas reales estadounidenses a máximos anuales y aceleró la migración de capitales hacia activos soberanos de EE.UU., en detrimento de los emergentes.
La Fed, bajo la lupa
Esas proyecciones empezaron a ponerse a prueba a comienzos de julio: el último informe de empleo estadounidense fue mixto, con solo 57.000 puestos creados frente a los 114.000 esperados, y la baja de la desocupación al 4,2% se explicó por menor búsqueda laboral, no por más empleo disponible. Un solo dato no decreta un cambio de tendencia, pero abre interrogantes sobre posiciones de mercado que ya descontaron un endurecimiento que la economía aún no convalida. El WTI, por su parte, avanzó a USD 72,5 por los ataques a buques en el Estrecho de Ormuz, aunque marca una corrección frente al promedio de USD 100 de marzo a mayo.
El frente local y las herramientas del Banco Central
El alza de las tasas estadounidenses reactivó la demanda privada de divisas: por paridad de tasas, subió el retorno exigido para sostener posiciones en pesos, lo que llevó a desarmar carteras locales en favor de activos de cobertura. A esto se sumaron compras del sector energético para dividendos y la liquidación del aguinaldo. Frente a ese aumento de la cobertura, el Banco Central intervino en futuros y con ventas agresivas de bonos dollar linked; la vía preserva reservas, pero no sustituye el poder de fuego de las reservas líquidas (USD 25.000 millones): en los hechos, es un esquema de flotación administrada.
El 25 de junio, el volumen operado en bonos Dólar Linked alcanzó un récord de USD 1.140 millones, impulsado por colocaciones oficiales, y agotó buena parte del stock, por lo que esta semana se instrumentó un canje que incorporó USD 2.000 millones en Letras DLK con vencimiento en julio y agosto. La posición corta en futuros había cerrado mayo en apenas USD 204 millones, pero junio revirtió esa tendencia: el interés abierto trepó a USD 3.650 millones al 7 de julio, lo que confirma la presencia activa del Banco Central y convalida un reacomodamiento gradual, sin señales de salto devaluatorio: los contratos a diciembre se pactan al 22% anual, con una cotización esperada en torno a los $1.642.
El mapa de las tasas de interés
La tasa de caución a un día acumulaba cuatro meses de estabilidad en torno al 20% anual, salvo a fines de junio, cuando trepó a 24,5% por mayor demanda estacional de dinero y absorción de liquidez por las ventas de distintas letras. El Tesoro inyectó $1,47 billones recomprando LECAPs, reforzado por otros $3 billones de la última licitación, y devolvió la tasa de corto plazo al 20% anual. La curva a tasa fija muestra un aplanamiento, con rendimientos de 22% a 25% anual, más marcado en los plazos largos. Con la inflación de junio, que se espera ronde el 1,9%, la tasa real promedio pasó de -2,4% a una posición prácticamente neutra a comienzos de julio. Es probable que el dólar siga recibiendo presión compradora por parte de los ahorristas sin que se altere el programa de Economía, ya que todavía la cotización se encuentra bastante lejos del techo de la banda que fija el Banco Central.