14 de octubre de 2026
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Agroindustria

El agro argentino con exportaciones récord, pero pierde terreno en los mercados

La agro industria exportó US$ 52.900 millones en 2025, pero Argentina pierde terreno frente a Brasil. Un informe de Fundar plantea que producir más no alcanza.

Por Marcelo López Álvarez

La agroindustria argentina generó US$ 52.900 millones en exportaciones durante 2025, equivalentes al 59,6% de todas las ventas de bienes al exterior. Sin embargo, detrás de su enorme importancia económica aparece una contradicción: mientras continúa siendo la principal fuente de divisas comerciales del país, Argentina ha perdido participación en varios mercados internacionales, particularmente frente al crecimiento de competidores como Brasil.

Los datos surgen del informe Agroindustria, elaborado por Fundar a través de su plataforma Argendata, que reconstruye la evolución histórica de la producción agropecuaria, sus principales cadenas industriales y su inserción internacional.

La investigación permite cuestionar dos ideas frecuentes en el debate económico argentino: que el campo continúa siendo prácticamente el único motor productivo del país y que su competitividad internacional garantiza, por sí sola, un crecimiento sostenido.

Un siglo de crecimiento, pero menor peso económico

La producción agropecuaria argentina se multiplicó por más de seis durante el último siglo. En la década de 2010 fue 574% superior a la registrada en 1910 y 52% mayor que en 1990.

Sin embargo, mientras la producción crecía, su participación en la economía nacional disminuía. El sector pasó de representar más del 20% del Producto Bruto Interno durante la década de 1930 a menos del 10% desde los años noventa.

Actualmente, el agro y la pesca representan aproximadamente el 7% del PBI argentino, por encima del promedio mundial del 4%, pero muy lejos del peso que tienen en países de menores ingresos.

Esta pérdida de participación no necesariamente muestra un retroceso productivo sino que más bien refleja el desarrollo de otras actividades, especialmente la industria manufacturera, los servicios y la energía.

También recrea un viejo debate argentino: el desarrollo económico no depende solamente de producir más materias primas, sino de ampliar y diversificar las actividades capaces de generar valor agregado.

El verdadero peso de las cadenas agroindustriales

Fundar advierte que medir únicamente la producción primaria subestima la importancia económica del campo.

Cuando se incorporan las actividades industriales, comerciales y de servicios vinculadas a la producción agropecuaria, las llamadas cadenas agroindustriales representaron el 12% del PBI en 2021.

La diferencia resulta significativa. La producción agrícola demanda maquinaria, fertilizantes, tecnología y transporte, mientras que buena parte de sus productos se transforma posteriormente en alimentos, bebidas y otros bienes industriales.

Dentro de esas cadenas, la soja explica el 23,6% del valor generado, seguida por el maíz (13,7%), la actividad bovina (12,8%) y la producción láctea (8,4%).

Estos números muestran que la industria no es necesariamente una actividad enfrentada al campo, sino uno de los principales mecanismos para multiplicar su impacto económico.

Brasil crece y Argentina pierde participación

Uno de los resultados más relevantes del estudio es la comparación del desempeño argentino con el de sus competidores.

Aunque Argentina continúa entre los principales productores agrícolas del planeta, su participación internacional muestra señales de retroceso.

En soja, la participación argentina en la producción mundial pasó del 17,2% durante la primera década del siglo XXI al 15,9% en la segunda.

El informe también señala una pérdida de participación en el maíz, mientras Brasil y Estados Unidos registraron importantes expansiones productivas.

Carne vacuna: la caída más pronunciada

La situación resulta todavía más marcada en la ganadería. A comienzos de los años sesenta, Argentina representaba aproximadamente el 8% de la producción mundial de carne vacuna. Actualmente, esa participación ronda el 4%.

El retroceso exportador fue más pronunciado: desde una participación superior al 20% del comercio internacional de carne bovina durante los sesenta, el país pasó a representar alrededor del 3%.

Detrás de esta trayectoria aparecen el estancamiento del rodeo, la competencia agrícola por la tierra, los cambios en los hábitos alimentarios, las regulaciones sectoriales y la persistente inestabilidad macroeconómica.

La carne argentina pierde mercado interno pero tambien participación en los mercados globales

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La transformación silenciosa del consumo de carne

La ganadería argentina también experimentó una profunda transformación. Durante los últimos cincuenta años, el consumo de carne vacuna por habitante cayó prácticamente a la mitad, desde unos 90 kilos anuales hacia fines de los sesenta hasta aproximadamente 50 kilos en los últimos años relevados. Esa disminución, como se sabe, fue compensada parcialmente por la expansión del pollo y el cerdo.

La producción avícola se multiplicó por ocho desde 1980 y pasó de representar el 8,3% de la producción nacional de carnes al 36,8% en 2024. La producción porcina también avanzó, desde 263.000 toneladas en 1980 hasta 785.000 en 2024.

En cambio, la producción bovina permanece en niveles similares a los de hace medio siglo, una muestra de las dificultades estructurales que enfrenta una de las actividades emblemáticas del país.

El desafío de agregar valor y desarrollar las economías regionales

La agroindustria mantiene una característica fundamental: las manufacturas de origen agropecuario representan una proporción mayor de sus exportaciones que los productos primarios.

En 2025, las manufacturas explicaron el 58,7% de las ventas agroindustriales, principalmente aceites, harinas, pellets y otros alimentos elaborados.

No obstante, buena parte de esa industrialización sigue concentrada en las primeras etapas de transformación de las materias primas.

El desafío también alcanza a las economías regionales. Fundar identifica cadenas especializadas en distintas provincias, entre ellas la vitivinicultura y el ajo en Mendoza, la fruticultura patagónica y la actividad forestal del noreste.

Su desarrollo permite diversificar las exportaciones, generar empleo territorial y reducir la concentración productiva en los grandes complejos pampeanos.

Las economías regionales tienen todavía mucho camino por recorrer en la agroindutria argentina

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Producir más no alcanza

El informe de Fundar deja planteado que la competitividad natural del campo constituye una ventaja extraordinaria, pero no garantiza el desarrollo del conjunto de la economía.

La experiencia histórica demuestra que producir más puede convivir con la pérdida de participación internacional y que generar dólares no necesariamente implica multiplicar los encadenamientos productivos. También muestra que el crecimiento de la industria y los servicios puede reducir el peso relativo del agro sin perjudicar su expansión.

El desafío no consiste en elegir entre campo e industria, sino en construir una estructura económica capaz de potenciar ambas actividades, incorporar tecnología, ampliar las exportaciones y generar empleo de mayor calidad.

Una discusión que supera largamente el debate sobre retenciones o tipos de cambio y que obliga a pensar qué lugar pretende ocupar Argentina en la producción mundial durante las próximas décadas.

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