Acciones y bonos en rojo: las dudas que amenazan el esquema financiero de Milei
La caída de acciones y bonos, el salto del riesgo país y el deterioro de la imagen de Milei ponen bajo presión la continuidad de todo el plan económico oficial.
Acciones ybonos en caída y el peligro de una fuga hacia mejores condiciones de mercado
La tregua que el mercado financiero le concedió a la administración de Javier Milei parece haber llegado a su fecha de vencimiento al calor de la inestabilidad internacional, el crecimiento de tasas en Estados Unidos y la caída de imagen del Gobierno nacional. Aquella “pipa de la paz” que se fumó bajo la promesa de una acumulación de reservas y solidez fiscal ha dado paso a un clima de desconfianza que se traduce en números rojos. En los últimos doce días, el humor de los inversores giró 180 grados: las acciones sufrieron un desplome del 13%, mientras que los bonos retrocedieron un 5%, empujando el riesgo país nuevamente hacia la zona de los 1.470 puntos.
La preparación para una guerra financiera
El mercado, que inicialmente celebró la compra de dólares como un pilar de solvencia, ha comenzado a cuestionar la viabilidad del plan. La respuesta oficial ante el temblor no hizo más que alimentar la preocupación: el viceministro de Economía, José Luis Daza, fiel al estilo del Gobierno de generar más dudas que certezas, aseguró que saldrían a comprar 10.000 millones de dólares adicionales en reservas, pero lo hizo de manera poco ortodoxa: “Estamos comprando casco y chaleco antibalas”. La metáfora no sugiere una recuperación, sino una preparación para la guerra financiera. La preocupación ya no es técnica, es, eminentemente, de gobernabilidad.
El mercado no tiene corazón, sino intereses, y ha comenzado a mirar con lupa la fortaleza política del Ejecutivo. El interrogante que circula en los pasillos de las mesas de dinero es si Milei cuenta con el capital político suficiente para sostener el ajuste en el tiempo sin que la calle se convierta en un polvorín.
Mientras el Banco Central intenta mostrar músculo, la imagen presidencial enfrenta un deterioro acelerado. Según los últimos datos de la Universidad Di Tella y Atlas Intel, la confianza en el Gobierno y la aprobación de Milei han iniciado una pendiente negativa; en el caso de la confianza gubernamental, el indicador ya regresó a los niveles previos a la elección legislativa. Ante este panorama, los agentes económicos han decidido “bajar el barrilete” antes de que el viento lo rompa: prefieren tomar ganancias y refugiarse ante una incertidumbre electoral que empieza a gestarse como una profecía autocumplida.
Los mercados ya muestran caídas de acciones y bonos. La volatilidad política y financiera comienza a mostrarse
Los riesgos de flexibilizar los créditos en dólares
En este escenario de urgencias, Luis Caputo anunció la flexibilización de créditos en dólares para empresas, una medida que despierta los fantasmas más oscuros de nuestra historia reciente. El sistema financiero argentino había sellado un pacto por ley tras la catástrofe de 2001: no prestar dólares a quien no los genera. Al romper esta regla por decreto, el Ministerio de Economía abre la puerta a un riesgo sistémico: que pymes que facturan en pesos tomen deuda en moneda extranjera y que la creación secundaria de dinero en dólares genere un “corralito conceptual”. Si los ahorristas deciden retirar sus depósitos y los dólares están atrapados en créditos a largo plazo, el Banco Central, que no imprime billetes verdes, se encontrará ante un abismo de liquidez. El diagnóstico oficial es errático: la Argentina no sufre un problema de falta de crédito, sino una asfixiante crisis de ingresos. Es cierto que hoy los bancos parecen tener suficiente stock de dólares después de los blanqueos y el Gobierno busca más mediante los nuevos proyectos de Inocencia Fiscal, pero no es menos cierto que la permanencia de esos dólares en el sistema está atada a la coyuntura política y la confianza de los inversores, a la rutina política no solo nacional, sino global.
El deterioro de los ingresos y la economía real
La estructura económica cruje por el lado de los precios relativos. La estrategia oficial comenzó con el “cuchillo de carnicero” de la devaluación inicial, pero, ante la resistencia de una inflación que se niega a colapsar, el Gobierno pasó a la cirugía del “serrucho”. Esta nueva fase combina la apertura de importaciones con un pisado sistemático de paritarias que destruye el poder adquisitivo.
Es una política de pinzas: por un lado, los costos en dólares para el sector productivo se han vuelto obscenos; por el otro, se le quita oxígeno al consumo interno. El equipo económico parece estar operando una rodilla cuando el paciente tiene una escoliosis: el problema de fondo es la columna vertebral de los ingresos, tanto de las familias como de un sector comercial e industrial que empieza a desfilar por tribunales en una ola de concursos y quiebras que la narrativa oficial prefiere omitir.
La economía en modo campaña
Javier Milei ha identificado que su principal activo es el trauma inflacionario de la sociedad. Sobre esa base, ha decidido poner la economía “en modo campaña”, una suerte de “Plan Platita inverso”: no se vuelca dinero a la calle, sino que se mantiene el dólar pisado y la actividad económica congelada para vender la baja de la inflación como el único beneficio tangible. Aquí reside la tensión interna del gabinete: mientras el equipo técnico de Caputo y Bausili ve la necesidad de reactivar la economía para evitar un colapso mayor, Milei se atrinchera en el dogma de la parálisis como garantía de estabilidad nominal.
Esta desconexión se agrava con una comunicación oficial plagada de interferencias. Desde un vocero presidencial que desorienta a los agentes económicos, como ocurrió con su desafortunada mención al dólar a 1.800 pesos, hasta un Caputo que abandona el tecnicismo para mimetizarse con la verborragia política de su jefe.
Un esquema que pende de un hilo
La sostenibilidad de este esquema pende de un hilo. El superávit fiscal “a como dé lugar” oculta un déficit estructural en infraestructura y una montaña de deuda que incuba un serio problema para la próxima administración, sea del signo que sea. El mercado ya no se deja seducir por las planillas de Excel; tiene grabado a fuego el trauma de 2019, cuando la paliza electoral a Mauricio Macri pulverizó los activos locales en un solo día.
El riesgo de repetir aquel final de ciclo es real. Si el Gobierno no logra encontrar el rumbo de la economía real y continúa ignorando la erosión de su imagen pública bajo el peso del ajuste, la resistencia de los sectores postergados terminará por dinamitar el plan financiero.
Un reciente estudio de Casa3 muestra que la imagen de Milei es mala o muy mala para casi dos tercios de la población, pero, al profundizar la investigación, descubre que entre los que tuvieron que hacer algún ajuste en su economía familiar la imagen negativa del presidente trepa a casi el 90 por ciento.
En la Argentina, cuando la confianza se quiebra y la calle empieza a pesar más que el dogma, el mercado no espera el escrutinio: simplemente, levanta vuelo hacia mejores oportunidades, dejando atrás un abismo.