El Ballet Folclórico Municipal de Mendoza celebró 58 años con una emotiva función en el Teatro Mendoza
Con danza, teatro y una historia de amor y tragedia, el Ballet Folclórico Municipal de Mendoza festejó sus 58 años recuperando una obra de su fundadora.
El Ballet Folclórico Municipal de la Ciudad de Mendoza celebró sus 58 años de trayectoria con una función especial de “Romance Indio”, una obra que recuperó el legado artístico de su fundadora, la reconocida maestra y coreógrafa mendocina Jesús Vera Arenas.
La presentación se realizó en el Teatro Mendoza, con entrada gratuita y una importante convocatoria de público. El espectáculo combinó danza folclórica, recursos teatrales y una historia de amor atravesada por la violencia, el desarraigo y la tragedia.
La celebración tuvo un significado especial para el elenco municipal, que volvió a presentar una obra integral de danza después de varios años. La puesta permitió recuperar una creación de décadas atrás y adaptarla a una nueva generación de intérpretes.
“Romance Indio”: una historia de amor, tragedia y raíces culturales
Ambientada durante la denominada Conquista del Desierto, la obra narra la historia de Tico y Tamochica, dos jóvenes cuyo amor se ve interrumpido por el avance de las tropas militares sobre su territorio y la destrucción de su comunidad.
La puesta comienza con escenas que representan la vida cotidiana de un pueblo vinculado con la naturaleza, las tradiciones y el trabajo comunitario. Sin embargo, la llegada de los soldados transforma ese escenario. Tico es capturada y trasladada a un fortín, en una estrategia destinada a atraer a Tamochica, el cacique de la región.
A partir de ese momento, la historia se desarrolla mediante diferentes cuadros coreográficos que recrean la vida en el fortín, con la participación de soldados, fortineras, paisanos y niñas. Las huellas, rancheras, zambas y otras expresiones del folclore argentino acompañan el relato y permiten construir los distintos momentos de la historia.
Uno de los pasajes más sensibles se produce cuando las niñas del fortín establecen un vínculo con Tico a través del juego y la danza. La protagonista comparte con ellas sus conocimientos y tradiciones, hasta que consigue escapar, aunque posteriormente vuelve a ser capturada.
Una puesta que combinó danza, teatro y emoción
El espectáculo se destacó por la integración de elementos teatrales y coreográficos, que permitieron desarrollar una narración continua. Uno de los momentos de mayor intensidad estuvo protagonizado por Tamochica, quien, durante la búsqueda de su amada, interpretó un malambo solista con boleadoras.
La fuerza física y expresiva de esta escena acompañó el dramatismo de una historia que avanza hacia un desenlace trágico. El personaje finalmente irrumpe en el fortín para enfrentar a los soldados, pero es asesinado por la espalda. Ante la pérdida de su compañero y la destrucción de su comunidad, Tico busca reencontrarse con él a través de los elementos de la naturaleza y finalmente decide morir a su lado.
El cierre propone una reflexión sobre la memoria, la identidad cultural, la defensa de la tierra y la trascendencia del amor. La interpretación de los bailarines fue uno de los aspectos centrales de la función, con escenas que alternaron momentos de celebración, ternura, tensión y dramatismo.
También se destacó el trabajo escenográfico del Taller Municipal, cuyos elementos móviles, manipulados por los propios artistas, permitieron recrear diferentes ambientes y aportar dinamismo a la representación.
Una celebración que reunió a distintas generaciones de bailarines
La función aniversario contó con la participación del Ballet Juvenil Municipal de la Ciudad de Mendoza y alumnas de la Escuela de Danzas Jesús Vera Arenas.
La presencia de estos grupos permitió reunir sobre el escenario a distintas generaciones de intérpretes, en una celebración que puso de relieve la continuidad de la tradición folclórica mendocina.
La dirección artística estuvo a cargo de Gabriela Cánovas, mientras que la producción general fue realizada por la Subsecretaría de Cultura, Eventos Especiales y Protocolo de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, encabezada por Laura Fuertes.
El equipo artístico y técnico estuvo integrado por:
Nancy Ortiz: vestuario.
Claudia Putalivo: maestría técnica aplicada.
Agustín Chirino y Sol Gómez: asistentes.
Jonathan Zalazar: asistencia de dirección.
Sergio “Coco” Grass: voz en off.
Estudio Reloj de Arena: trabajo sonoro, con masterización de Víctor Silione.
Fernanda Rivera, Emir Vanela y Alejo Leppe: realización escenográfica desde el Taller Municipal.
Ballet Folclórico Municipal: 58 años de historia en Mendoza
El Ballet Folclórico Municipal de la Ciudad de Mendoza fue fundado en 1968 bajo la dirección de Jesús Vera Arenas, maestra, coreógrafa y bailarina que dejó una importante huella en el desarrollo de la danza tradicional de la provincia.
Considerado uno de los primeros elencos oficiales de Mendoza, el ballet ha desarrollado una trayectoria dedicada a la difusión y preservación del patrimonio cultural argentino.
A lo largo de casi seis décadas, su repertorio incorporó diferentes expresiones del folclore nacional y el tango, mediante propuestas que reflejan la diversidad de las tradiciones populares. La institución se consolidó como uno de los referentes culturales de la capital mendocina, con presentaciones destinadas a acercar la danza a la comunidad.
Reconocimientos y homenajes durante el aniversario
Como parte del cierre de la celebración en el Teatro Mendoza, se realizaron distintos reconocimientos a los integrantes del elenco. La directora Gabriela Cánovas, su asistente y el cuerpo de baile recibieron distinciones por el trabajo realizado para recuperar y presentar nuevamente “Romance Indio”.
También fue reconocida especialmente Paola Ormeño, por su destacada participación como bailarina del elenco. Las distinciones fueron entregadas por el director de Cultura, Iván Martínez, y la subsecretaria Laura Fuertes.
De esta manera, el Ballet Folclórico Municipal celebró sus 58 años recuperando una obra representativa de su historia y homenajeando el legado de Jesús Vera Arenas, con una puesta que reafirmó el valor de la danza como expresión de identidad, memoria y tradición cultural.