9 de octubre de 2026
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Pádel en Mendoza: por qué engancha tanto y cómo se convierte en un cable a tierra para quienes lo juegan

La psicóloga deportiva Victoria Palero explica por qué el pádel en la provincia de Mendoza reúne tantos adeptos.

Por Sitio Andino Deportes

Dejar las preocupaciones afuera, encontrarse con otros y concentrarse en la próxima pelota: el pádel en Mendoza ofrece mucho más que actividad física. La psicóloga deportiva Victoria “Vicky” Palero, directora de Hace tu Juego, explica por qué enamora tanto padel en la provincia y cómo puede convertirse en un cable a tierra para quienes lo practican.

Su atractivo combina una iniciación amigable, un fuerte componente social y desafíos que se renuevan. Sin embargo, la especialista advierte que el bienestar también depende de cómo se vive el juego: las expectativas y la exigencia de ganar pueden transformar un momento de descarga en una fuente de presión.

Por qué el pádel causa adictos desde los primeros partidos

La posibilidad de empezar a jugar sin una gran experiencia previa facilita el acercamiento. “Es un deporte muy dinámico, pero bastante amigable para todos los niveles. Permite una iniciación sencilla, sin importar la edad, porque no hace falta tener grandes habilidades técnicas ni una preparación deportiva importante para comenzar. Eso no significa que sea fácil alcanzar un nivel alto, todo lo contrario. Pero cualquier persona puede divertirse rápido, encontrar jugadores de su nivel y, a medida que juega, descubrir nuevos desafíos y superarse”, explicó.

El encuentro con otros también sostiene ese entusiasmo. “Jugar en pareja permite armar grupos y compartir dentro y fuera de la cancha. En el amateur no siempre se mantiene la misma pareja, y eso genera comunicación e interacción con distintas personas. Uno puede ser rival en un partido y compañero después. Se forman grupos de pertenencia y nuevos vínculos. Además, aparece un desafío psicológico: aprender a comunicarnos, confiar, tolerar los errores propios y los ajenos, y trabajar juntos cuando las cosas no salen como esperamos”, sostuvo.

Una burbuja de tiempo para desconectarse

La atención que demanda un partido puede desplazar las preocupaciones cotidianas. “Tenemos que mirar cómo pica la pelota, dónde está nuestro compañero, cómo se posicionaron los rivales y qué golpe hacer. Eso nos lleva al momento presente y permite dejar de pensar, por un rato, en el trabajo o en los problemas del día. A veces digo que es como una burbuja de tiempo, porque no nos enfocamos ni en lo que pasó ni en lo que tenemos que hacer después”, describió.

Aunque puede favorecer el estado de ánimo, Palero aclara que la experiencia es personal. “Para algunos es recreación y descarga; otros empiezan a competir y aparecen expectativas sobre resultados y avances, que pueden convertirse en una fuente extra de presión. El deporte nos enfrenta a limitaciones propias y ajenas, técnicas, físicas, tácticas y mentales. Eso puede ser frustración o una oportunidad de aprender. También permite observar cómo respondemos al error, a la presión y a la incertidumbre: podemos desconectarnos, pero también conocernos y superarnos”.

Las expectativas y una confianza que no dependa de ganar

Compararse con jugadores más experimentados puede desacomodar los objetivos. “Vemos cosas que parecen fáciles, pero no identificamos que el otro lleva muchos más años jugando. Queremos salir campeones y perdemos de vista la entrada en calor o aplicar lo entrenado. Mejorar el saque, tomar mejores decisiones, respirar entre puntos y comunicarnos con el compañero son objetivos que dependen más de nosotros. El resultado importa, pero no siempre está bajo nuestro control. Medir el progreso por esas acciones ayuda a sostener el rendimiento frente a distintos rivales y presiones”, señaló.

Ese criterio también permite construir confianza. “No buscamos simplemente que alguien se sienta confiado, sino que la construya desde su preparación, sus decisiones y cómo se recupera del error. No es algo que se tiene o no: se puede construir y romper. Hay que cuidarla con el autodiálogo y con aquello en lo que nos enfocamos. Cuando ajustamos lo que queremos hacer a los recursos que realmente tenemos, según nuestra categoría, la confianza es más sólida”, afirmó.

Cómo evitar que un error arrastre al siguiente

La bronca puede prolongar una equivocación más allá del punto perdido. “Me equivoco, me enojo, pienso más en el error, me desconcentro y vuelvo a equivocarme. El problema ya no es la primera pelota, sino lo que pasa después. El error forma parte del juego: incluso vimos a Tapia o Galán hacer dobles faltas. Aceptarlo no significa querer errar, sino entender que brinda información. Podemos revisar si nos apuramos, cómo ubicamos los pies o si elegimos bien el golpe. Decirle al compañero que pegó mal un smash no resuelve. La pelota pasada no puede volver a jugarse, pero puede ayudarnos con la próxima”, explicó.

Recuperar el enfoque requiere práctica y herramientas adaptadas a cada persona. “No todos tenemos los mismos recursos para gestionar la presión. Hay respiraciones, anclajes y rutinas de reseteo, reenfoque y preparación precompetitiva. No alcanza con conocerlas: hay que entrenarlas como una bandeja o una volea. Las emociones se gestionan: debemos reconocer qué sentimos y responder eficazmente en los tiempos breves del partido. En Hace tu Juego llevamos esas herramientas a situaciones concretas de cancha”, destacó.

Tres claves psicológicas para disfrutar y jugar mejor

La preparación y la atención son sus primeras recomendaciones. “Primero, tomar el control de la entrada en calor, activando cuerpo y mente: llegar y pelotear unos minutos no alcanza como preparación. Segundo, enfocarnos en la pelota actual. Parece simple, pero exige entrenar la atención y la tolerancia al error. La pelota más importante es la que nos toca jugar ahora, y esa capacidad de reenfoque se trabaja”, indicó.

La tercera clave es comprender el disfrute deportivo. “Disfrutar no significa que todo salga bien o que no haya nervios. También es comprometerse con el juego y resolver lo que propone el rival. Podemos ganar fácil un set y después encontrar resistencia; en vez de enojarnos, necesitamos pensar cómo responder. La fortaleza mental implica tolerar esa incomodidad. Cuanto más jugamos, más aparecen la estrategia, la comunicación y la gestión emocional. Estar presentes y comprometidos permite ampliar los límites de nuestra mente y de nuestro juego”, concluyó.

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Franco Colapinto.

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