No permitiremos que sea un adiós: Lionel Messi, el único argentino que suturó la grieta
Lionel Messi reconstruyó un vínculo roto, atravesó generaciones y consiguió que millones de argentinos volvieran a abrazarse detrás de nuestros colores.
Lionel Messi, el único argentino que suturó la grieta.
Nunca podremos despedirnos de Lionel Messi y de su 10 impreso en negro sobre ese celeste y blanco inmortal que ya es gloria eterna. Jamás podremos decirle adiós a una vena oxigenada que yace anclada en nuestro corazón y que recibe fluidos alimentados, sin fin, por otros tantos millones de corazones palpitantes.
De él y de su osadía para jamás retroceder ni doblegarse aprendimos que una grieta puede suturarse sin dejar heridas, olvidando las secuelas y enfrentándola con un alma sana y sin vicios de poder. Unió a argentinos que se abofeteaban por míseras migajas de ser o no ser.
Él solo, y al unísono, permitió que sonara una única melodía y trajo calma a la tempestad, sin golpes bajos ni coartadas. Con el talento reservado para los elegidos, nos juntó durante décadas, aunque fuera en fragmentos de tiempo, detrás de una misma causa: amar a tu país sintiendo el pecho inflado de ser sudaca de acá.
Lionel Messi y esa manera de acercarnos al paraíso
Y así, cuando él aparecía y besaba con sutileza a la caprichosa, nos convertía en sus amantes y éramos parte de su sueño de acercarnos al paraíso.
Y vaya si lo hizo.
De tanto ganar, nos acostumbró a creer que el poder también puede ser del pueblo. Él es nuestro divino guía, el que osó reinar con la rebeldía de su zurda y caminó derecho hasta abrazarse con sus peregrinos, esos que finalmente le abrieron la puerta del cielo.
Por eso, el nene de Santa Fe, hoy hombre, que fue Dios tras la despedida angustiante de otro D10S, no podrá dejarnos huérfanos como aquel.
Sumaremos, desde nuestro espíritu indomable, voces y recuerdos, con imágenes paganas destinadas a la perpetuidad, para no olvidarlo y agradecerle tanta magia y tanto gol.
No deberá deshacerse en la lontananza ese fino pincel que dibujó cuadros con el trazo de un artista y abrió matices gauchos ante los ojos del mundo.
No será un adiós, Lionel Messi
No vamos a despedirnos de vos, Lionel.
Vamos a acompañarte para que tus sueños sean reparadores, gozosos y posibles. Para que no olvides ni por un segundo lo inolvidable y terrenal que hiciste de nuestras vidas de argentinos con solo verte llevar esa pelota atada a tu pinrel incomparable y genial.
Cuando creíamos que solo una vez en la vida se nos despejaría la retina después de haber encendido las pupilas con aquel Diego inigualable, vos llegaste caído de una estrella para iluminarnos con tu sol y encender nuestra voz, haciéndonos creer que quizás sí: “Si hay un Dios, este sea argentino”.
Cuando te sentiste agobiado y te herimos, sanaste por el amor de tantos frente a la saña de algunos.
Cuando la esperanza parecía agotarse en esto de jugar a la pelota, esa actividad en la que siempre nos sentimos enormes e indestructibles, llegaste en silencio e inyectaste nuevamente ese sentir.
Llenaste un vacío de años, de lenguas retenidas y brazos al costado, incapaces de despegar.
Nos tiraste una pared de felicidad y volvimos a mirar el firmamento, más celeste y blanco que nunca.
Inventaste generaciones felices.
Gracias por volver a unirnos
¿Cómo creés que vamos a permitir que te escabullas tan fácilmente de esta adoración que tu sentimiento ilimitado nos regaló?
No será un adiós, Lio. Sabelo.
Será un “nos vemos mañana”, quizás. O un “hasta cuando vuelvan a jugar esos colores que nos envuelven otra vez”.
Te digo gracias.
Y quiero recordarte que, dentro de una cancha con tu encantamiento y fuera de ella con tus valores y tu amor por esta tierra, nos uniste y cerraste una hendidura que nos desangraba.