Suárez-Abed, el mejor cierre posible para Cornejo, aunque no el más deseado
Viernes, 15 de marzo de 2019El intendente de la Capital finalmente oficializó a Mario Abed como su compañero de fórmula. Con Abed, el jefe comunal de Junín, Cornejo logró contener a Cobos dentro de sus filas y evitó que por afuera atentara e hiciera daño al objetivo central de mantener la provincia en manos del oficialismo. Su preocupación sigue siendo la caída de Macri.
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

Ni Rodolfo Suárez, ni su flamante compañero de fórmula, Mario Abed -el carismático intendente de Junín presentado formalmente ayer para conformar el binomio que irá a las PASO contra Omar de Marchi-, resultaron ser el plan A, ni mucho menos sus preferidos para dejarles el compromiso y la responsabilidad de ganar las elecciones y que Mendoza siga siendo gobernada por cuatro años más por el espacio que lidera.

Pero Alfredo Cornejo, el gobernador -que luego de derrotar al kirchernismo en el 2015 se juramentó hacer todo lo posible y lo que estuviese en sus manos para darle a su proyecto político cuando menos doce años de vida, como lo hiciera y lograra el peronismo en los años 90-, entendió que sin Suárez y sin Abed, ese objetivo podría esfumársele. O, dicho de otra manera: se convenció de que en vez de Martín Kerchner -su lejano y primigenio plan A-, quien debía quedarse con la candidatura a gobernador debía ser Suárez, porque en las encuestas el intendente de Capital siempre midió tres o cuatro puntos más que cualquiera de los anotados y que esos tres o cuatro puntos diferenciales a su favor, Suárez los ha logrado atrapar por afuera del voto duro que se cree podría apoyar al oficialismo sea quien fuera el que los lidere. Y que sin todos los sectores adentro del esquema, traduciéndose esto con Julio Cobos acompañando al candidato de la mayoría, y no coqueteando o haciendo algún dañopor afuera, al oficialismo se le podría hacer demasiado cuesta arriba conseguir el primero de los objetivos, ganar la provincia, con un escenario nacional cada vez más hostil y adverso como para correr riesgos innecesarios.

Con Mario Abed en la fórmula, Cornejo abrochó un acuerdo con Cobos. El senador nacional consiguió influir en la conformación de un binomio que no muchos meses atrás era un territorio dominado pura y exclusivamente por el gobernador. Aquellas fotos con Omar de Marchi que el propio Cobos y De Marchi hicieron trascender cada uno por su cuenta, en verdad le produjeron a Cobos el efecto esperado y deseado. Ambos, Cobos y De Marchi, intentarían usar uno al otro para atemorizar a Cornejo. La pulseada la ganó Cobos, claramente por sobre De Marchi. Y Cornejo entendió, con pragmatismo, que debía dejar de lado por pura política nomás, ese desprecio particular que tiene por quien fuera su mentor y con quien compartiera aquella aventura de la transversalidad con Néstor Kirchner promediando la primera década del milenio. Otra hubiese sido la historia si el senador le hubiese dado cuerpo a esa aventura con la que amagó para regresar a pelear por la gobernación. Cobos quería estar en esa mesa chica de decisión y lo consiguió entronizando en la fórmula al intendente de Junín.

Abed es el político que mejor mide en todo el Este provincial. Incluso más que el propio Cornejo. En San Martín, por caso, su buena imagen arrasa entre los dirigentes más aceptados. No fue caprichoso que Suárez se dirigiera ayer por la tarde al departamento que gobierna el peronista Jorge Omar Giménez para presentar en esas tierras, formalmente, a quien ya es su compañero para ir por el Ejecutivo.

Con esas armas, con esos candidatos, con un radicalismo con todos adentro, Cornejo esperará la contienda electoral esperanzado en ganar Mendoza. Con un escenario nacional cada vez más complicado, Cornejo blinda Mendoza con lo que puede. Pero a su vez tiene que lidiar con el radicalismo nacional, lo que le pesa cada vez más. Ya en diciembre del 2017, cuando fue designado titular del Comité Nacional, no lo tomó como un premio o un reconocimiento. Su plan, en todo caso, era hacerse cargo más adelante. "Nos tiraron por la cabeza el partido y tuvimos que bailar con esa", dejó trascender en aquel momento su entorno. Si hoy pudiera, se recluiría exclusivamente en la provincia para diferenciarse aún más de la presidencia de Mauricio Macri. En cambio, tiene que administrar un radicalismo en donde algunos, los menos, quieren irse de la coalición; otros cerrar filas sin fisuras con Macri y otros, quizás los mayoritarios, se están inclinando por ir a una interna con el presidente.

Será la convención partidaria la que tiene que definir qué hará el radicalismo. Se sabe que Cornejo es proclive a enfrentar a Macri porque eso le permitiría poner en movimiento la estructura partidaria luego de mucho tiempo y quizás revivirlo, competitivamente, en caso de hacer un buen papel frente al presidente. Pero puede enfrentarse a un problema: que si se decide ir a la interna no encuentre a alguien decidido a ser el candidato. Martín Lousteau está más lejos que cerca de ser él. Entonces Cornejo teme que comiencen a mirarlo a él, a falta de candidato. Si así fuese, terminaría por garantizar un triunfo en Mendoza, lo que más desea por nada más en el mundo. Pero no está preparado, no tiene ganas y siente que no es su momento. Quienes se ufanan de estar cerca del gobernador, hablando varias veces al mes de política, suelen comentar que Cornejo siempre, en toda su historia con la política, ha tenido un plan con varias alternativas. Hasta hace un tiempo ese plan era dejar la provincia en manos del radicalismo y comenzar a influir en la escena nacional con vistas a la presidencia en el 2023.

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