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Tecnología

Patricia Soria: "Podemos crear tecnología de calidad desde Mendoza para todo el país"

La ingeniera mendocina Patricia Soria habló sobre el crecimiento de su app Quién Vino, el desafío de emprender en tecnología y el rol de las mujeres en el sector.

Por Erika García

Patricia Soria es ingeniera en sistemas, mamá, emprendedora y cofundadora de Quién Vino, una plataforma tecnológica desarrollada en Mendoza para digitalizar la gestión de Recursos Humanos.

En una nueva edición de Visión Empresa en Andino Streaming, conversamos sobre la decisión de abandonar un trabajo estable, el desafío de construir una empresa desde el interior del país, el avance de la inteligencia artificial y las barreras que todavía enfrentan las mujeres en el sector tecnológico.

Actualmente, más de 70 empresas utilizan Quién Vino y alrededor de 2.600 personas registran diariamente su actividad mediante la plataforma. La compañía ya tiene presencia fuera de Mendoza y trabaja para convertirse en una referente nacional, con la mirada puesta en una futura expansión hacia Latinoamérica.

Una aplicación que nació de un problema cotidiano

Antes de emprender, Patricia trabajó durante años en relación de dependencia dentro de empresas metalúrgicas, constructoras y del sector fintech. Desde su lugar en el área de sistemas comenzó a observar que, mientras los procesos productivos estaban cada vez más digitalizados, muchas tareas vinculadas con Recursos Humanos seguían dependiendo de papeles, planillas y gestiones presenciales.

Los recibos de sueldo no siempre llegaban a los trabajadores de distintos turnos, las vacaciones se anotaban manualmente y las licencias podían convertirse en una discusión sobre cuántos días correspondían. “Lo que buscamos fue digitalizar todos esos procesos administrativos que parecen secundarios dentro de una empresa, pero que afectan directamente a los empleados”, explicó durante la entrevista.

Quién Vino permite centralizar la asistencia, las vacaciones, las licencias y la documentación laboral. Su nombre nació de una pregunta simple y habitual dentro de cualquier organización: quién fue a trabajar y quién no. Aunque la asociación con el vino aparece inevitablemente cuando la empresa se presenta fuera de Mendoza, Patricia aseguró que el nombre ya logró instalarse y representar a la plataforma.

Patricia Soria junto a Erika García en Andino Streaming

La maternidad y la decisión de construir algo propio

El proyecto no surgió de una renuncia impulsiva. Patricia reconoció que abandonar la estabilidad de un empleo fue un proceso gradual y que hubo una situación personal que terminó modificando sus prioridades: el nacimiento de su hijo.

“Cuando nació trabajaba muchísimas horas. Por una decisión familiar, me quedé en casa hasta que fuera un poco más grande. A los tres meses, entre el niño y yo ya no sabíamos qué hacer encerrados, y pensamos: ¿por qué no desarrollamos esta idea que veníamos teniendo?”, recordó. “Cuando nació trabajaba muchísimas horas. Por una decisión familiar, me quedé en casa hasta que fuera un poco más grande. A los tres meses, entre el niño y yo ya no sabíamos qué hacer encerrados, y pensamos: ¿por qué no desarrollamos esta idea que veníamos teniendo?”, recordó.

Así comenzó a tomar forma Quién Vino, junto con su socio, en 2019. La primera versión llegó en 2020, en plena pandemia, cuando las empresas necesitaban organizar equipos divididos entre la presencialidad y el trabajo remoto.

La plataforma comenzó ayudando a visualizar qué personas asistían a la empresa, cuáles trabajaban desde sus casas y cómo se distribuían los esquemas rotativos. Las primeras compañías que la probaron se convirtieron en una fuente de información fundamental para mejorar el producto.

Sin embargo, Patricia volvió durante un tiempo a trabajar en relación de dependencia. Recién en 2023, cuando las consultas y los pedidos comenzaron a llegar de forma espontánea, tomó la decisión de dedicarse completamente al emprendimiento.

“Ahí dijimos que quizás el camino era meterle el cien por ciento. Desde que lo hice se notó muchísimo la diferencia”, aseguró.

Crecer también implica aprender lo que nadie enseñó

Crear una aplicación era parte de su conocimiento profesional. Convertirla en una empresa representó un desafío diferente. Al igual que sucede con muchos emprendimientos, Patricia y su socio comenzaron dominando el producto, pero tuvieron que aprender sobre ventas, finanzas, liderazgo, planificación y organización interna.

“Uno empieza su emprendimiento sabiendo sobre la materia de lo que va a hacer. Puede ser ropa, cerámica o sistemas. Pero cuando empezás a crecer, tenés que aprender un montón de otros temas de los que no tenías idea”, reflexionó.

Actualmente, Quién Vino atraviesa un proceso de profesionalización para poder escalar. El objetivo es fortalecer su estructura, continuar creciendo en Argentina y preparar a la empresa para competir en nuevos mercados. Para Patricia, uno de los principales diferenciales de la plataforma es su facilidad de uso. Su intención es que cualquier persona pueda abrirla y comprenderla sin necesidad de recibir una capacitación extensa.

“Buscamos que sea como cualquier otra aplicación que utilizás todos los días. Abrís Instagram o una red social y nadie tiene que enseñarte a usarla”, explicó. La posibilidad de desarrollar internamente el producto también permite escuchar a los clientes e incorporar las herramientas que realmente necesitan.

Ser una mujer en el mundo de la tecnología

Durante la entrevista, Patricia recordó que desde sus años universitarios fue consciente de la baja participación femenina en el sector. En las aulas de Ingeniería en Sistemas solía haber apenas dos, tres o cuatro mujeres frente a grupos de veinte o treinta varones. Años después, observa la misma diferencia en los talleres de robótica y programación destinados a niños.

Para ella, no se trata únicamente de que las oportunidades no existan, sino también de los mandatos y las expectativas que comienzan en la infancia.

“Mi mamá pensaba que yo iba a ser escribana, porque uno tiene una concepción sobre qué hace una mujer y qué hace un hombre”, relató. “Mi mamá pensaba que yo iba a ser escribana, porque uno tiene una concepción sobre qué hace una mujer y qué hace un hombre”, relató.

Patricia considera que las familias también pueden despertar la curiosidad de las niñas por la tecnología, la ciencia y la resolución de problemas. No es necesario que todas sigan una carrera vinculada con sistemas, pero sí que tengan la posibilidad de conocer ese universo antes de descartarlo.

También compartió una reflexión que surgió de observar a sus colegas varones dentro del ecosistema emprendedor. “Siento que los hombres se lanzan más. Nosotras tenemos que aprender a no esperar a que algo esté perfecto para recién probarlo”, afirmó.

Según explicó, el perfeccionismo puede convertirse en una barrera que demora la salida de una idea al mercado. Mientras algunas mujeres buscan resolver cada detalle antes de mostrarse, muchos hombres se animan a probar, equivocarse y corregir durante el camino.

“Que venga tu socio y lo vemos”

Aunque Patricia no vivió situaciones de discriminación completamente explícitas, sí recordó momentos en los que sintió que su palabra no alcanzaba por sí sola. En algunas reuniones para generar alianzas con otras empresas, recibió respuestas como: “Que venga tu socio y lo vemos”.

“Mi socio mismo me dice: ‘¿Para qué voy a ir si sos vos la que va a explicar las cosas?’. Pero pasa. Vas respondiendo las preguntas y rompiendo esas barreras”, contó.

La ingeniera reconoció que aprendió a convivir con esas situaciones desde la universidad y a lo largo de toda su trayectoria profesional. Sin embargo, considera importante visibilizarlas para que otras mujeres comprendan que también pueden ocupar espacios de decisión dentro de la industria tecnológica.

Emprender desde Mendoza y pensar en Latinoamérica

Patricia suele decir que reúne varias condiciones que podrían considerarse desventajas: es mujer, emprendedora y desarrolla su empresa desde el interior del país. Pero, en lugar de observarlas como límites, decidió convertirlas en parte de su identidad empresarial.

“Me encanta mi provincia y me encanta demostrar que puedo tener un producto de calidad hecho en el interior y para todo el país”, sostuvo. “Me encanta mi provincia y me encanta demostrar que puedo tener un producto de calidad hecho en el interior y para todo el país”, sostuvo.

También destacó la existencia de un ecosistema emprendedor activo en Mendoza, con posibilidades de capacitación, incubación, aceleración y acompañamiento tanto público como privado.

Actualmente forma parte de la comisión del Polo TIC Mendoza y participa en iniciativas destinadas a fortalecer a las empresas tecnológicas provinciales. El próximo desafío de Quién Vino es consolidarse como una plataforma referente en Argentina. Después, el sueño es cruzar las fronteras.

“Nos encantaría que sea una empresa nacida en Mendoza y que crezca todo lo que pueda”, expresó.

Erika García, conductora y productora de "Visión Empresa"

Inteligencia artificial: entre la oportunidad y la incertidumbre

Quién Vino ya utilizaba inteligencia artificial antes de que las herramientas conversacionales se volvieran parte de la vida cotidiana. La plataforma incorporó algoritmos de reconocimiento facial y actualmente permite realizar consultas mediante IA para obtener información y métricas específicas.

Para Patricia, la palabra que mejor define el presente es incertidumbre. Comparó el avance de la inteligencia artificial con otros grandes momentos de transformación, como la llegada de Internet o la máquina a vapor. Considera que se producirán cambios profundos y que muchos puestos de trabajo podrían ser reemplazados o transformados.

Sin embargo, cree que mantenerse alejado no es una solución. “No deberíamos tener miedo de acercarnos, probar alguna herramienta y aplicarla a nuestro trabajo. Hoy es un plus”, aseguró.

Su recomendación es conocer sus posibilidades y utilizarla para delegar tareas simples o repetitivas, sin perder de vista que el escenario continuará cambiando a gran velocidad.

El éxito, el síndrome del impostor y las decisiones que valieron la pena

Cuando le pregunté si se consideraba una mujer exitosa, Patricia dudó. No por falta de resultados, sino por esa sensación que muchas mujeres conocen como síndrome del impostor.

“Sentís que te falta, que todos son mejores que vos”, explicó. Sin embargo, reconoció que está orgullosa de lo construido y de haber creado una herramienta capaz de solucionar problemas reales en decenas de empresas.

Para ella, el éxito no se resume en ganar más dinero. También está en comprobar que el producto funciona, que mejora procesos y que tiene un impacto concreto en la vida laboral de otras personas.

Al mirar hacia atrás, aseguró que volvería a tomar las mismas decisiones. Incluso se pregunta si no debería haber dado antes el salto definitivo. Dejó un trabajo remoto estable, con buenas condiciones y herramientas proporcionadas por la empresa, para apostar por un emprendimiento que todavía tenía mucho por demostrar.

“Cuando renuncié me preguntaban adónde iba a ir. Pasé de tener la computadora de la empresa a pensar que tenía que comprarme una. Fue un salto, pero volvería a darlo”, afirmó.

Esa decisión también le permitió reorganizar sus prioridades familiares. Aunque emprender muchas veces implica trabajar durante todo el día, hoy puede reservar un momento para acompañar a sus hijos en un acto escolar o estar presente cuando lo necesitan.

Un mensaje para los jóvenes y las mujeres que quieren emprender

Hacia el cierre, Patricia dejó una recomendación para quienes estudian tecnología o están pensando en crear un proyecto propio. Su mensaje fue no limitarse exclusivamente a lo aprendido en una carrera, sino mantener la curiosidad, asistir a encuentros, conversar con otras personas del sector y explorar nuevas herramientas.

“Cuando vas a un lugar donde todos están haciendo algo parecido, te potencia muchísimo”, señaló. Y dedicó unas palabras especialmente a las mujeres que todavía dudan en ingresar al mundo tecnológico.

“Es un lugar donde podés explotar tu creatividad, donde hay salida laboral y donde podés hacer cosas muy importantes.” La historia de Patricia Soria demuestra que emprender no siempre comienza con una certeza. A veces empieza con un problema cotidiano, una decisión familiar, una renuncia difícil y la voluntad de construir mientras todavía existen dudas.

Quién Vino nació en Mendoza para responder una pregunta sencilla dentro de las empresas. Hoy, mientras se prepara para crecer en Argentina y proyectarse hacia Latinoamérica, también deja otra respuesta: desde el interior, siendo mujer y sin esperar a que todo sea perfecto, también se puede crear tecnología capaz de competir y transformar la forma en que trabajamos.

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