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Lala Tiao, la artista que rompe la regla del "no tocar": "El arte es para todos"

La artista Lala Tiao desafía la norma de 'no tocar' en el arte, promoviendo una conexión más profunda y sensorial con sus creaciones para todo público.

Por Erika Soledad García

Hay una regla que cualquier persona aprende apenas ingresa a un museo o una galería: las obras de arte se miran, pero no se tocan. Lala Tiao decidió hacer exactamente lo contrario. Artista plástica, licenciada en Comunicación Visual y diseñadora gráfica, desarrolló una propuesta en la que pintura, materia, palabra y tacto se combinan para transformar el encuentro con una obra en una experiencia sensorial.

Su premisa es sencilla: para emocionarse frente al arte no hace falta ser especialista. En diálogo con Sitio Andino, Lala contó cómo nació esa búsqueda y por qué buena parte de su trabajo está orientado a derribar algunas de las barreras que históricamente separaron al público de las obras.

“El arte es para todos, porque el arte apela a los sentimientos”, aseguró. “El arte es para todos, porque el arte apela a los sentimientos”, aseguró.

De Gladys a Lala: volver a la creatividad de la infancia

Detrás de Lala Tiao está Gladys Sebastián Victorino. La elección de su nombre artístico no fue casual: Lala era la manera en que la llamaban cuando era niña y representa, para ella, esa etapa de la vida en la que la creatividad todavía aparece sin demasiados condicionamientos.

Su vínculo con el dibujo y la pintura comenzó precisamente durante la infancia. A los ocho años, su madre reconoció aquella inquietud y la inscribió en el taller de Marta Filipo, donde comenzó a incorporar herramientas de dibujo, composición y diferentes materiales.

Con los años continuó formándose, pasó por distintos talleres y estudió Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires. Más tarde obtuvo la Licenciatura en Diseño Gráfico y Comunicación Visual en UCES y cursó el posgrado Lenguajes Combinados de la Universidad Nacional de las Artes. A ese recorrido sumó experiencias vinculadas con el coaching ontológico y la meditación.

Lo que inicialmente había comenzado como un juego terminó convirtiéndose en una profesión y, sobre todo, en una forma de expresión. “En un principio era un juego, un ser esencial, natural, de pintar y expresarme a través del dibujo y la pintura”, recordó durante la entrevista.

Lala Tiao

¿Por qué una obra de arte no se puede tocar?

La pregunta fue el punto de partida de una de sus propuestas más personales. Lala reconoce que cuando visita museos o galerías siente el impulso de tocar las obras: descubrir con las manos una pincelada, un relieve o la materialidad que observa. Pero la regla es conocida y responde, entre otras razones, a la necesidad de preservar las piezas.

Ella decidió experimentar con otra posibilidad. Así nació Arte para acariciar y sentir, una serie de obras hápticas especialmente concebidas para incorporar el tacto a la experiencia artística. La reacción del público, cuenta, suele comenzar con incredulidad.

“¿En serio puedo tocar?”, le preguntan. “Sí, yo soy la autora y justamente invito a tocarlo”, responde. “¿En serio puedo tocar?”, le preguntan. “Sí, yo soy la autora y justamente invito a tocarlo”, responde.

Ese pequeño intercambio terminó revelándole algo que va mucho más allá de una pintura. Muchas personas necesitan comprobar dos veces que efectivamente tienen permiso antes de apoyar las manos sobre la obra.

Cuando finalmente lo hacen, la experiencia cambia. “Cierran los ojos, la van acariciando y dicen: ‘Nunca tuve esta posibilidad, qué hermoso, se siente de otra manera’”, relató.

Para Lala, esa resistencia inicial también habla de las reglas que las personas incorporan y de los permisos que muchas veces dejan de darse, una reflexión que se convirtió en parte central de su producción.

“No hace falta saber de arte”

Existe otra barrera que la artista busca cuestionar: la idea de que para acercarse a una obra es necesario conocer técnicas, movimientos o historia del arte. Durante la entrevista recurrió a una comparación cotidiana: la música.

Millones de personas pueden emocionarse con una canción sin conocer composición musical ni saber cómo fue construida técnicamente. ¿Por qué debería ser diferente frente a una pintura?

“No se necesita saber tanto de técnicas ni de materiales. Obviamente ayuda saber de historia del arte, pero no es necesario”, explicó.

Su invitación es mucho más simple: detenerse frente a una obra y preguntarse qué provoca. “Qué me está transmitiendo, qué me interpela, qué me dice a mí, qué tiene que ver con mi historia, con mis sentimientos, qué me trae, qué siento”, enumeró.

Lala lo sintetiza alrededor de una palabra: permiso. Permiso para acercarse, interpretar, tocar, jugar e incluso para no comprender inmediatamente aquello que se tiene delante.

Del museo a una cafetería: “democratizar” el arte

La intención de acercar el arte a nuevos públicos también llevó a Lala a buscar escenarios menos convencionales.

Además de exposiciones y encuentros artísticos, sus trabajos llegaron a cafeterías, bares y espacios comerciales de Buenos Aires, como Café de Especialidad Bestia, en Boedo, y Negro Urban Barber, con presencia en Palermo y Caballito.

La idea es que el encuentro pueda suceder inesperadamente: alguien entra a tomar un café, espera un turno o transita un espacio cotidiano y, de pronto, se encuentra frente a una obra que puede observar, escuchar e incluso tocar. Lala define esa búsqueda como una manera de “democratizar el arte”.

“No me visualizo en un lugar en particular. Me gustaría estar en muchos lugares a la vez”, contó. “No me visualizo en un lugar en particular. Me gustaría estar en muchos lugares a la vez”, contó.

Su objetivo es que el arte pueda volverse “más popular” y encontrarse con personas que quizás no buscarían deliberadamente una exposición. Varias de sus piezas incorporan además códigos QR con relatos, reflexiones o recorridos sonoros, de modo que la experiencia visual y táctil puede sumar también la palabra y la voz.

Lala Tiao

“Distraídos”: aquello que elegimos no mirar

Actualmente, Lala trabaja también en Distraídos, una serie que parte de una expresión conocida: “mirar para otro lado”. Las obras exploran aquellas situaciones en las que las personas evitan una conversación, una decisión, un problema o incluso algo que están sintiendo.

La propuesta incorpora temas como las redes sociales, el entretenimiento, las adicciones o la crítica constante como posibles mecanismos para distraerse de aquello que incomoda. Sin embargo, la artista aclara que no busca establecer una condena moral, sino abrir una pregunta sobre lo que cada uno evita mirar.

En paralelo, trabaja en otra serie de obras hápticas dedicada a las emociones. Allí intenta trasladar al tacto sensaciones como la ira, el miedo, la melancolía, la alegría, la paz o la armonía.

¿Cómo se toca la ira? ¿Qué textura podría tener el miedo? ¿Cómo se sentiría la tranquilidad bajo las manos? Las preguntas vuelven a colocar al espectador en el centro.

El arte como una pausa

Si existe una idea capaz de reunir las distintas facetas de su trabajo, probablemente sea la de detenerse. Frente al ritmo cotidiano de obligaciones, trabajo y estímulos permanentes, Lala piensa el arte como un pequeño intervalo que permite recuperar la percepción y prestar atención al mundo interior.

Por eso, dice, una de sus mayores satisfacciones ocurre cuando alguien le cuenta que una obra lo transportó hacia un recuerdo, le produjo tranquilidad o despertó una emoción inesperada. La obra deja entonces de pertenecer exclusivamente a quien la creó.

“Es de alma a alma”, resumió durante la entrevista. “Es de alma a alma”, resumió durante la entrevista.

Y quizás allí esté la síntesis de su propuesta: mirar, tocar, escuchar o simplemente sentir sin preguntarse primero cuánto sabemos de arte. Porque, para Lala Tiao, la experiencia comienza justamente cuando el espectador deja de buscar la respuesta correcta y se permite descubrir la propia.

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