Se concreta este domingo la presencia del papa León XIV en la Argentina. Rayando las cuatro décadas desde la visita de un Sumo Pontífice, vuelve a producirse un encuentro tan esperado como esperanzado para un pueblo expectante.
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La visita del papa León XIV a nuestro país
Este domingo llega a nuestro país el papa León XIV luego de cuatro décadas desde la visita de Juan Pablo II.
Uruguay, Argentina y Perú, un viaje eminentemente apostólico, pastoral, como se viene insistiendo permanentemente, para que nadie intente darle cualquier otro matiz.
Hace cuatro décadas nos visitó Juan Pablo II
Imposible olvidar, para quienes lo vivimos y para quienes supieron de ellos en años posteriores, los momentos en que Juan Pablo II nos visitó: en 1982, en medio de la dolorosa guerra de Malvinas, y luego en 1987, en los albores de una renaciente democracia. En ambos casos, lo recibió un pueblo dolorido pero siempre esperanzado. Y su presencia, su palabra, nos dio el alivio, el aliento necesario para levantar la cabeza y seguir adelante. Huelgan las palabras para explicar cuán importante es para cada uno de nosotros, los argentinos, la presencia del Papa.
Pasaron cosas en Argentina, durante los treinta y nueve años siguientes: en lo político, en lo religioso, en lo moral, en lo económico, en la vida misma de cada habitante de nuestro suelo. Y en cada año, la renovada esperanza de esa visita. De manera particular cuando el argentino Bergoglio llegó a convertirse en el Papa Francisco. Pero esa visita no pudo ser.
Finalmente, ahora, viene este Papa, que seguramente incluyendo un homenaje a su antecesor, tuvo entre sus prioridades venir al país.
El papa León XIV es la continuidad de Francisco
Y no es poca cosa. El camino iniciado por León XIV demuestra ser, con sus propios matices, la continuidad del accionar de nuestro compatriota, el Papa Francisco.
Orgullo legítimo para el sentimiento argento. León XIV tiene su origen estadounidense, de lo que no reniega pero tampoco le impide mostrar claramente sus disidencias con el presidente del país del Norte. Pero que decidió adoptar también su esencia latinoamericana trabajando arduamente en el Perú, donde estuvo en ciudades y pueblos chicos, y en el campo, sin temor a embarrarse los pies cuando hizo falta llegar a quien necesitaba su presencia. Y cuando fue llamado a Roma, a hacerse cargo de responsabilidades complejas, tampoco dudó en asumir el compromiso que veía por delante.
En síntesis, un Papa que conoce a fondo las distintas situaciones en cada segmento de las poblaciones. Surgido desde el llamado primer mundo, hasta adentrarse y vivir en el tercero o la ubicación que quiera dársele a los más pobres y desamparados. Sin grandilocuencias, sin gritos, con el poder y el peso que suelen dar el silencio y la prudencia. Pero con la claridad y firmeza necesarias.
En lo estrictamente religioso, con el respeto que merecen quienes piensan distinto. En lo social, alcanza con detenerse en el nombre elegido, León, siguiendo la línea de León XIII, el de la Encíclica Rerum Novarum, que se introduce en la problemática de una sociedad donde las relaciones humanas ya iban cambiando pronunciadamente.
Ese es Robert Prevost, León XIV.
León XIV llega a nuestro país
Ahora encontrará circunstancias distintas: un pueblo que trata de levantar cabeza en lo económico y social, en muchos casos postergado, con seres de carne y hueso sufrientes, desprotegidos los más pobres y olvidados por una sociedad de consumo que no los ayuda mucho que digamos, con grietas que no provocaron y que aún subsisten…. En fin, con una nación que padece muchos males: que incluyen discriminaciones, adicciones y novedades que no todos las entienden. Pero que están e inciden…
Pero también encontrará un pueblo esperanzado, como lo ha sido siempre, y con una fe que se transmite de generación en generación y que no decae. La presencia de León XIV será, sin duda, un aliento para todos, gobernantes y gobernados.
El pueblo argentino no oculta sus ansias de verlo, escucharlo y tomar nota del mensaje que nos trae.
Un Papa que no duda en tratar de acercar y complementar lo tradicional con lo nuevo del progresismo, algo de lo que tanto se habla y poco se hace. En lo estrictamente religioso, valora la comprensión hacia quienes no piensan igual. En lo social, insiste en oponerse a las guerras o cualquier hecho que la incite; habla de una paz desarmada y desarmante, dándole a este último término un valor destacadísimo. Que actúa con decisión con aquellos que, diciendo que defienden la fe, intentan distorsionarla adaptándola a sus propios intereses. No reniega de lo bueno de otros tiempos, pero ama una Iglesia en el mundo de hoy. Una Iglesia para todos, todos, todos, parafraseando a Francisco, y que valora al ser humano en su totalidad. Mantiene los fundamentos sobre la dignidad de la vida, pero no le esquiva a los desafíos de hoy como las adicciones, la marginalidad, la inteligencia artificial, etc. etc.
Eso y mucho más, es la personalidad que nos visita en estos días.
Dios ilumine a Su Santidad y a este pueblo que lo recibe esperanzado y con los brazos abiertos.
Bienvenido Papa León XIV a la Argentina.
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