Mendoza alberga numerosas colectividades que encuentran en la provincia un espacio para preservar y difundir sus tradiciones y su identidad cultural. En ese contexto, Sitio Andino conversó con personal de la UCAL filial Mendoza para conocer la historia, el presente y las costumbres de la comunidad libanesa en territorio mendocino.
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La comunidad libanesa en Mendoza: una historia de esfuerzo, raíces y tradiciones que siguen vivas
Conocé la historia de la comunidad libanesa en Mendoza, sus raíces, tradiciones y el legado cultural que mantienen vivas sus familias.
Cómo se formó la comunidad libanesa en Mendoza y cuál es su legado en la provincia
La comunidad libanesa en Mendoza comenzó a formarse a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando inmigrantes provenientes del Líbano llegaron a Argentina huyendo de las crisis, conflictos bélicos y la dominación del Imperio Otomano. Al ingresar al país fueron registrados como “turcos” debido a que portaban pasaportes otomanos, una denominación que marcó a varias generaciones. Además, muchos nombres y apellidos fueron modificados por las autoridades migratorias, afectando parte de su identidad cultural.
Mendoza se convirtió en una de las provincias con mayor presencia de esta colectividad. Los inmigrantes se organizaron alrededor de comunidades religiosas y asociaciones para integrarse y ayudarse mutuamente. Entre las instituciones más destacadas se encuentran la Sociedad Libanesa de Mendoza, fundada en 1917, y la Unión Cultural Argentino Libanesa (UCAL), creada en 1972. También tuvieron un fuerte vínculo con parroquias locales como San Vicente Ferrer, Luján de Cuyo y Maipú, hasta la construcción de la Parroquia San Juan Marón en la década de 1960.
Según cuentan desde la entidad, la relación entre la colectividad libanesa y la sociedad mendocina fue un proceso de integración gradual, marcado inicialmente por dificultades como la denominación de “turcos” y ciertas restricciones migratorias. Sin embargo, su capacidad de trabajo y desarrollo comercial favoreció su inserción en la comunidad local. Con el paso del tiempo, los inmigrantes libaneses alcanzaron un mayor reconocimiento y, en 1934, durante el gobierno de Agustín P. Justo, fueron equiparados en materia migratoria con los inmigrantes europeos.
Con el paso de las décadas, la integración fue profunda y enriquecedora para ambas culturas. Los libaneses adoptaron costumbres argentinas, como el mate, sin dejar de preservar sus propias tradiciones. Actualmente, la comunidad se organiza principalmente a través de instituciones históricas como la Sociedad Libanesa de Luján y de Mendoza, el Centro Libanés de San Martín y la Sociedad Sirio-Libanesa de San Rafael. En este entramado, la UCAL filial Mendoza cumple un rol central en la articulación de la vida comunitaria y en la difusión de la cultura libanesa en la provincia, junto con el acompañamiento de la Parroquia San Juan Marón, ubicada en Godoy Cruz.
Cómo la comunidad libanesa mantiene vivas sus tradiciones frente al desafío generacional
Respecto de las tradiciones libanesas que aún perduran en Mendoza, explicaron que la cultura de la colectividad se mantiene viva a través de la música, la danza, la gastronomía y la fe. La UCAL y su rama juvenil JUCAL cumplen un rol clave en la transmisión cultural mediante actividades y eventos como “Líbano en Mendoza”, que reúne expresiones artísticas de toda la provincia. Entre las manifestaciones más destacadas se encuentra el dabke, la danza folklórica típica del Líbano, practicada por grupos como DabkeArte y el ballet Al Arab.
La gastronomía es otra de las formas más fuertes de preservar la identidad, con platos tradicionales como el shawarma, el falafel, el kebbe, las sfijas y postres como el baklava, namura y el maamoul. También la religión ocupa un lugar central en la comunidad, especialmente a través de la Parroquia San Juan Marón y las celebraciones dedicadas a San Chárbel, que convocan tanto a descendientes de libaneses como a fieles de toda la sociedad mendocina.
Al referirse a los desafíos que enfrenta hoy la comunidad en Mendoza, señalaron que uno de los grandes retos es transmitir la identidad libanesa a las nuevas generaciones, ya que actualmente quedan pocas personas nacidas en el Líbano y la mayoría de los integrantes de la colectividad son hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes. Por eso, mantener las tradiciones requiere un esfuerzo institucional y familiar, en un contexto donde algunas asociaciones históricas han perdido participación y atraviesan dificultades para sostener sus actividades.
Frente a esta situación, la UCAL de Mendoza impulsa distintas iniciativas para preservar la memoria y la cultura libanesa, como la publicación del libro Raíz de cedro, que reúne testimonios de las familias inmigrantes, y el Libro de Cocina de la Sette, dedicado a la gastronomía tradicional. Actualmente, muchas actividades culturales continúan realizándose en hogares particulares debido a la imposibilidad de utilizar la sede de la Sociedad Libanesa de Mendoza.