La educación secundaria es una de las etapas de formación en la que, con sus aciertos y errores, se aprende a explorar el mundo más allá del pizarrón o las pantallas. En el Día del Profesor, son varias las historias emotivas que se enmarcan en la fecha, en especial las de docentes cuyo rol no se limita solo a enseñar.
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Día del Profesor: Nilda, la docente que convirtió su auto en un puente hacia la universidad para sus alumnos
Aunque pensó en renunciar después de su primer día, hoy, ya jubilada, recuerda una de las experiencias que la ayudaron a permanecer durante 34 años en el aula.
Hay muchos ejemplos, pero la trayectoria, aunque ya concluida, de Nilda Cordón es uno de los destacables. Tras jubilarse hace pocos años, la llama de la educación mendocina continúa viva en sus recuerdos, como la ayuda a alumnos de escasos recursos y su deseo de seguir estudiando, con salidas particulares hacia la universidad a bordo de su auto.
Más de tres décadas dando clases: una carrera que inició por un conflicto internacional
En diálogo con Sitio Andino, Nilda lo primero que hace es recordar que dedicó un total de 34 años y un mes de su vida a la docencia en el nivel superior: “Comencé a trabajar después de las vacaciones de invierno del año 90 y terminé de trabajar el 30 de agosto del 2024 ”.
Como toda decisión de vida, y más aún por lo que le daría su trabajo, reveló que su elección de ser docente fue una decisión personal. A una edad muy temprana, a sus 11 años, el detonante ocurrió dentro de su escuela y estuvo relacionado con un conocido conflicto internacional de los 90.
“ Decidí que iba a estudiar geografía cuando estaba en sexto grado de la escuela primaria. Cuando sucedió eso, la Argentina tuvo un conflicto limítrofe con Chile por las islas del Canal de Beagle ”, confiesa Nilda.
De repente, en la escuela religiosa a la que iba, comenzó a notar que sus maestras dejaban de asistir y eran reemplazadas por monjas al frente de las aulas. Allí se enteró de que, en realidad, se habían ido para capacitarse y conocer dónde quedaba el Canal de Beagle y cuál era el problema con las islas.
En ese sentido, así fue como se gestó su camino hacia el profesorado de Geografía: “Si uno no conoce, lógicamente, uno no puede defender lo que no conoce porque no sabe que existe. Ahí me dije a mí misma: ‘Yo cuando sea grande voy a ser maestra de Geografía’”, reveló.
El primer día de trabajo fue un shock, pero terminó dándole “grandes satisfacciones”
Luego de años de preparación, capacitaciones y prácticas en la escuela Martín Zapata, el momento de la verdad puso a Nilda al frente de un aula de verdad, en una experiencia que recuerda así: “Fue totalmente distinto a todo lo que yo había practicado ”.
El inicio ocurrió en una escuela con una realidad socioeconómica compleja, lo cual supuso un desafío que la llevó a cuestionarse su elección de ser docente: “Me acuerdo que di la clase y di muy poco de todo lo que había logrado preparar para dar esa clase. Llegué a mi casa, me puse a llorar y me dije: ‘No es para lo que yo estudié, no es lo que quería’”.
Sin embargo, el recuerdo de los mates y las caricias en su cabeza por parte de su madre la llevaron a comprender que no todas las escuelas y alumnos eran iguales. “Ese primer momento fue un shock, porque no tenía nada que ver con lo que yo había pensado ”, comentó Nilda.
De ahí en más, tuvo pasos por escuelas privadas y por el nivel superior, como el Instituto 9-001, en San Martín, donde trabajó para el profesorado de Geografía y la Tecnicatura en Comunicación Social; luego, en la Normal de Godoy Cruz y el Instituto de la Patria Grande, en Las Heras. Sin embargo, Nilda encontró algo especial en las escuelas menos favorecidas: “Los alumnos que pertenecen a las clases sociales menos favorecidas necesitan más compromiso del docente y yo era una docente muy comprometida ”.
Así fue como, más allá de pensar solo en dar los temas en clase o hacer su trabajo, Nilda encontró la posibilidad de ejercer la solidaridad al organizar comedores y un ropero escolar, entre otras iniciativas para esas instituciones, porque "necesitan un poco más ”.
“ Tuve grandes satisfacciones y mis recompensas en esos lugares, sobre todo, el cariño de mis alumnos y no de los directivos porque no apreciaban mucho eso, pero sí de los alumnos ”, agregó la docente jubilada.
Las mejores anécdotas se dan en las oportunidades: llevaba a sus alumnos a conocer la universidad
Para Nilda, existen una gran cantidad de historias que permanecen en sus recuerdos como profesora, sobre todo porque en las relaciones humanas encuentra la complejidad y la posibilidad de enriquecerse de otras perspectivas de vida. Ella prefiere nombrarlas como los “casos más lindos ”, cuando encuentra al alumno que quiere aprender más allá del pizarrón.
En casos de exalumnos cercanos, como quien escribe esta entrevista, la docente revela uno de sus actos más importantes en materia de apoyo extraescolar. Fue ayudar y acercar en su automóvil a quienes deseaban ir a la facultad, pero sentían miedo por no saber por dónde ir y cómo inscribirse: “Cuando uno tiene que enseñar tiene que mostrarle a una persona algo que esa persona no sabe. En este caso fue cómo se hacía para inscribirse en una carrera universitaria”.
Esta acción la realizó con varios estudiantes y en diversas oportunidades, sobre todo para brindar acompañamiento a quienes tenían las ganas de ir, pero cuyos padres no sabían nada sobre el tema. Aunque para ella no era la gran cosa, asumió el compromiso de ir más allá de la escuela y apoyar a quienes menos tienen: “Cuando encuentro a un alumno que no viene de ese entorno, que sus padres no son profesionales, que ni siquiera quizás en muchos casos han hecho la escuela secundaria, entiende que alguien tiene que asumir ese papel porque si no ese chico no va a ir ”, revela.
Frente a la oportunidad, reconoce que, aunque no pudo ayudar a algunos a seguir estudiando, se queda con la satisfacción de haber podido revalorizarlos y de que pudieran superarse por sus propios medios: “La educación es maravillosa en ese sentido porque uno tiene la posibilidad de transformar la mirada de la vida. No hay salario que pueda pagar ese tipo de satisfacción ”, confiesa.
“Solo espero que se acuerden de mí”: el deseo de Nilda para este 17 de septiembre
Si bien confiesa que es una persona que no tiene referentes que la hayan llevado por este camino, reconoce que, como persona de fe, comprende que estar para alguien significa mucho: “Entendí que esta era una muy buena forma de ayudar porque era algo que marcaba la vida ”.
Más allá de que se trate de un alumno que no deseaba seguir haciendo nada, Nilda se conforma con haberle dado una mirada distinta de la vida. “Me hace sentir bien a mí. Es una parte egoísta. No es tan generoso todo, porque a mí me hace bien ”, dice.
Antes de dejar la profesión para jubilarse, se toma su tiempo para reflexionar sobre el estado de la educación en la actualidad, algo que metaforiza como tener que nadar a contracorriente: “Se trata de enseñar en un entorno donde la educación es desvalorizada ”, explicó.
Dejando de lado ese desafío actual, para Nilda, en su día espera haber despertado en cada alumno el deseo por la curiosidad, como clave básica para aprender lo que sea. “También espero que en algún momento de la vida, cuando algo les pase, se acuerden de mí. (...) Espero que algunos de mis alumnos se acuerden de mí ”, finaliza.