Como cada año, este 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis, una fecha clave para generar conciencia sobre una de las enfermedades virales más silenciosas y peligrosas para la salud. Además de visibilizar las miles de muertes que provoca cada año, la jornada busca promover la prevención, el diagnóstico temprano y el acceso oportuno a los tratamientos.
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Día Mundial contra la Hepatitis: qué es y por qué se conmemora este 28 de julio
Este 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis, una de las fechas sanitarias más importantes del año. Conocé cómo se transmite, síntomas y tratamientos.
Día Mundial contra la Hepatitis: la historia detrás del 28 de julio
La efeméride fue establecida durante la 63.ª Asamblea Mundial de la Salud, celebrada en 2010, en homenaje al nacimiento del doctor Baruch Samuel Blumberg, nacido el 28 de julio de 1925. Galardonado con el Premio Nobel de Medicina, Blumberg es reconocido por haber descubierto el virus de la hepatitis B y por desarrollar la primera vacuna contra esta enfermedad.
Desde entonces, la jornada se convirtió en un llamado global a la acción, impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), organismos que promueven estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento de las hepatitis virales en todo el mundo.
Según datos de la OMS, cada año unas 35.000 personas mueren a causa de la hepatitis A, una cifra que representa alrededor del 2,6% de las muertes asociadas a todas las hepatitis virales.
¿Qué es la hepatitis?: transmisión, síntomas y tratamiento
La hepatitis es una inflamación del hígado causada principalmente por una infección viral. Constituye un importante problema de salud pública, ya que se estima que el 57% de los casos de cirrosis hepática y el 78% de los casos de cáncer primario de hígado están relacionados con los virus de las hepatitis B y C.
Existen cinco tipos principales de virus de la hepatitis: A, B, C, D y E. Todos pueden provocar infecciones agudas, aunque los tipos B, C y D también pueden evolucionar hacia una forma crónica, aumentando el riesgo de desarrollar cirrosis o cáncer de hígado.
Uno de los principales desafíos es que muchas personas infectadas no presentan síntomas durante largos períodos y desconocen que tienen la enfermedad. Esto incrementa el riesgo de complicaciones y favorece la transmisión involuntaria del virus.
¿Cómo se transmite la hepatitis?
La hepatitis A y la hepatitis E se transmiten principalmente por el consumo de agua o alimentos contaminados con materia fecal de una persona infectada. En el caso de la hepatitis E, también puede producirse el contagio al consumir carne de cerdo, ciervo o mariscos insuficientemente cocidos.
En cambio, las hepatitis B, C y D se transmiten por contacto con sangre infectada. La hepatitis B y la D también pueden contagiarse mediante otros fluidos corporales, por ejemplo, al compartir agujas o mantener relaciones sexuales sin protección.
¿Cuáles son los síntomas?
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Fiebre.
- Fatiga.
- Pérdida del apetito.
- Náuseas y vómitos.
- Orina oscura.
- Dolor en las articulaciones.
- Coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia).
No obstante, muchas personas pueden permanecer asintomáticas durante años, especialmente en los casos de hepatitis B y C.
¿Tiene cura?
El tratamiento depende del tipo de hepatitis y de si la infección es aguda o crónica.
En muchos casos, la hepatitis viral aguda desaparece sin necesidad de un tratamiento específico y solo requiere reposo, una adecuada hidratación y seguimiento médico. Sin embargo, las formas crónicas pueden necesitar medicamentos antivirales, controles periódicos e, incluso, en los casos más graves, procedimientos quirúrgicos o un trasplante de hígado.
¿Cómo prevenir la hepatitis?
La prevención varía según el tipo de hepatitis. Mantener una correcta higiene, consumir agua potable y alimentos seguros ayuda a prevenir las hepatitis A y E. Para las hepatitis B y C, es fundamental evitar el contacto con sangre contaminada, no compartir agujas y utilizar preservativo durante las relaciones sexuales.
Además, existen vacunas eficaces para prevenir las hepatitis A y B. En cambio, actualmente no hay vacunas para la hepatitis C ni para la hepatitis autoinmune, por lo que el diagnóstico temprano y el control médico resultan fundamentales.
Fuente: MedlinePlus.
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