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Arqueología sin precedentes en Mendoza: investigarán una estructura que podría ser un geoglifo

La figura fue descubierta en un lugar inaccesible de la cordillera de Mendoza y dio pie a una próxima investigación internacional que podría explicar más de un siglo de arqueología provincial.

Por Luis Calizaya

En lo que debió ser una salida común por el deporte y la aventura en la zona de alta montaña de Mendoza, el andinista Carlos Gobbi descubrió, a fines de 2025, una estructura de piedras que desató una investigación inédita para la arquelogía provincial entre el CONICET, la UNCuyo y la Universidad de Jaén, de España.

La imagen es visible satelitalmente y, a simple vista, su forma se asemeja a un posible geoglifo relacionado con la civilización inca o incluso con períodos anteriores. Sin embargo, se trata de una hipótesis. Para quienes dirigen el proyecto ArqueoAndes, Cristina Prieto-Olavarría y su colega Horacio Chiavazza, el hallazgo representa una investigación excepcional que comenzará a principios de 2027 y de la que no existe registro alguno. Esto podría aportar nuevos elementos a más de un siglo de historia arqueológica de Mendoza.

Crónica de un hallazgo “sin precedentes” en Mendoza: cómo fue el punto de partida de ArqueoAndes

La crónica del descubrimiento tuvo lugar el año pasado, cuando el andinista y miembro del equipo de investigación Carlos Gobbi se encontraba realizando un recorrido por la alta montaña junto a otros deportistas. Al llegar a la zona cordillerana del Tigre, a más de 3.000 metros de altura, se encontró con unas pircas de piedras que seguían un patrón y revelaban una estructura que podría corresponder a otro período histórico.

Así fue como dio aviso a su equipo de investigación, que desde hacía un tiempo trabajaba en el lugar por tratarse de una zona de importancia para el patrimonio arqueológico de Mendoza.

“Cuando vimos las imágenes, tanto satelitales como las que Carlos (Gobbi) obtuvo, nos dimos cuenta de que las dimensiones y la forma de la estructura eran muy complejas y no registramos, al menos en Mendoza, nada parecido ”, reveló la investigadora del IANIGLA (CONICET) y directora del proyecto, Cristina Prieto-Olavarría, en diálogo con Sitio Andino.

La estructura de piedras será investigada a principios de 2026.

Ante la falta de respuestas, lo primero que comenzó fue una amplia revisión bibliográfica, de relatos y de todos los registros posibles relacionados con el monumento de piedra. El proyecto parte de varias hipótesis que marcan la excepcionalidad del hallazgo.

Por un lado, se tratará de definir el uso que tenía la estructura, una tarea que requerirá un largo trabajo arqueológico durante el verano, dado que la presencia de nieve y la inaccesibilidad de la zona dificultan el acceso.

En ese sentido, para Horacio Chiavazza, codirector del proyecto de investigación, hay dos hipótesis fuertes. Por un lado, su forma parecería corresponder a un geoglifo vinculado al arte rupestre o bien a un centro ceremonial utilizado por los incas: “Barajamos distintas hipótesis y todas como modo de plantear preguntas que después las corroboramos por medio de investigaciones, que suponen excavaciones arqueológicas y análisis de los materiales que se recuperan ”, afirmó.

La falta de respuestas no es el único desafío. También será necesario determinar los años de existencia de la estructura y a qué período de la historia de la región corresponde, porque existe la posibilidad de que forme parte de períodos muy anteriores a la civilización inca, que se toma como punto de referencia por su ubicación en la zona meridional del Tawantinsuyu.

Incluso se analiza cómo pudo haber convivido con los tiempos coloniales y el tránsito de los arrieros. Por eso, será clave realizar un relevamiento planimétrico de la arquitectura, analizar los objetos que puedan existir alrededor, determinar cómo fue construida la estructura y llevar adelante excavaciones microestratigráficas. Sin embargo, como todo se encuentra todavía en términos hipotéticos, el equipo de ArqueoAndes se guía por la aproximación realizada por Gobbi durante una primera visita y por las imágenes satelitales.

¿Tiene relación con los geoglifos de Nazca? El fuerte trabajo interdisciplinario e internacional

Aquellos dibujos y trazos geométricos grabados en el desierto de Ica, Perú, que datan de antes de Cristo, revelan cierta familiaridad con la estructura hallada en nuestra provincia.

Para Cristina, esa puede ser una hipótesis fuerte, pero no existe ninguna certeza: “Tiene que ser contrastada desde una perspectiva metodológica y con una interpretación desde la perspectiva científica y también tomando información tanto histórica como, por ejemplo, de crónicas de la primera parte de la conquista que dan mucha información sobre actividades y lugares en medio de los Andes”, afirmó.

Por su parte, Horacio agrega que la referencia a la que llegan también implica pensar en la extensión del Tawantinsuyu, en cuyo extremo sur de la cordillera de los Andes se ubica la estructura. En caso de tratarse de un geoglifo como los de Nazca, para Mendoza sería un hallazgo histórico: “Si fuera de períodos anteriores, sería muy significativo porque estaría dando pautas de ciertas conductas que se repiten a lo largo del área andina, aunque de modo discontinuo en distintos sectores ”, suma.

Expertos argentinos y españoles trabajaran en conjunto en la zona.

Las expectativas están puestas en el verano de 2027, cuando los trabajos de exploración e investigación se desarrollen a pleno. ArqueoAndes no será el único equipo presente, sino que contará con un trabajo interdisciplinario entre el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) y el Grupo Historia Ambiental del CONICET; y el Laboratorio de Arqueología Histórica y Etnohistoria del Instituto de Arqueología y Etnología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo.

También tendrá colaboración investigativa internacional con la Universidad de Jaén, de España, cuyos especialistas trabajarán en geoarqueología y arqueología del paisaje, además de aportar conocimientos metodológicos y tecnológicos: “ La idea es tener una ventana de 10 días como máximo, entre principios y mediados de abril, para poder acceder al sitio de acuerdo con toda la tecnología que vamos a llevar para trabajar ”, revela el codirector de ArqueoAndes.

En cuanto al financiamiento, la logística de la expedición del proyecto resulta muy costosa, ya que se trata de una zona alejada de cualquier fuente de agua. Actualmente, cuentan con financiamiento de la Secretaría de Investigación de la Universidad Nacional de Cuyo (SIIP) y de proyectos PIP del CONICET.

Sin embargo, como el presupuesto que manejan es elevado y reciben fondos limitados, de momento el grupo trabaja con distintas prestadoras para llevar adelante la investigación. Esto responde a que el hallazgo se produjo durante los últimos meses de los proyectos que se realizaron en los últimos dos años: “Tratamos de indagar si, en términos de la provincia, Nación o de distintas alternativas, podemos conseguir apoyo económico porque es una campaña muy costosa ”, dice Horacio.

Una pieza clave para entender el pasado de Mendoza y Sudamérica: “Es conmovedor e impactante”

A unos cuantos meses de iniciar la campaña y con el deseo de estar allí para hacer el primer contacto en persona, Cristina y Horacio comparten la misma pasión por la ciencia, la arqueología y el descubrimiento de algo nuevo: “Ir siempre a todos los hallazgos y todas nuestras campañas y nuestros proyectos nos apasionan, es como la energía que necesitamos para seguir adelante y con ganas ”, revela la directora de ArqueoAndes.

Ambos están especializados en arqueología andina y cuentan con amplia experiencia y trayectoria en arquitectura. En esta ocasión, esperan que el trabajo en la cordillera del Tigre marque una diferencia: “Va a permitir explicar no solo el hallazgo en sí mismo, sino que en contexto con todo lo que ya se sabe y todo lo que se ha investigado durante un siglo en la arqueología mendocina ”, explica Cristina.

Un lugar de difícil acceso: ArqueoAndes requiere de una fuerte financiación.

Para Horacio, quien también ocupa un rol importante en la investigación, este hallazgo representa aquello para lo que se preparó como arqueólogo: “Representa un hallazgo y una posibilidad de trabajo que, desde mi perspectiva, constituye una bisagra en lo que es la interpretación de la forma de pensar el territorio en tiempo prehispánico ”.

Frente a la posibilidad de conocer nuevos sistemas de creencias, modos de vida domésticos o cosmovisiones antiguas, el especialista espera que el hallazgo ofrezca un correlato sobre la presencia de las comunidades originarias en Mendoza y su relación sagrada con las montañas: “Es muy conmovedor e impactante para las concepciones con las que venimos trabajando ”, finaliza.

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