ver más
°
Javier Milei

Pese al cambio de postura y el uso electoral, Milei volvió a poner Malvinas en el centro

El Presidente endureció su discurso sobre las islas, tras años de acercamiento a Londres. Sin embargo, las medidas pueden fortalecer el reclamo argentino.

Por Sitio Andino Política

Después de casi tres años en los que la cuestión de soberanía sobre las Islas Malvinas ocupaba un segundo o tercer orden en las prioridades del Gobierno nacional, el presidente Javier Milei dio un giro de 180 grados y colocó al archipiélago en el centro de su agenda. Incluso el acercamiento que construyó con Londres, antes y desde que asumió la primera magistratura, se enfrió por completo, a punto tal de suspender la agenda política que diagramó en el Reino Unido.

El nuevo rumbo incluye un endurecimiento de las sanciones contra empresas que exploten recursos naturales en las islas sin autorización argentina, además de iniciativas vinculadas con la defensa y una reivindicación explícita de la soberanía nacional.

El giro representa una ruptura con buena parte de la política exterior que Milei había desarrollado desde su llegada al poder. Pero también se produce en un momento de dificultades políticas para el Gobierno y con la mira puesta en las elecciones de 2027, lo que abre interrogantes sobre las motivaciones del cambio. Más allá de las razones detrás de la renovada postura, el primer efecto producido en cuanto a los intereses nacionales fue positivo.

Hace una semana, Javier Milei anunció medidas para defender la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.

Javier Milei y las Malvinas: del acercamiento a Londres al endurecimiento

No hay dudas que el anuncio llegó después de un período de acercamiento (positivo) entre los gobiernos de ambos países. Durante los primeros años de la gestión libertaria avanzaron conversaciones sobre vuelos, pesca, cooperación humanitaria, hidrocarburos y otros asuntos del Atlántico Sur. En 2024, la entonces canciller Diana Mondino y el secretario de Relaciones Exteriores británico, David Lammy, habían acordado una agenda destinada a construir confianza y avanzar en distintos temas de cooperación.

La disputa por la soberanía, sin embargo, permanecía sin cambios. Incluso en noviembre de 2024, fuentes de la Cancillería señalaban que Malvinas no era una prioridad para la política exterior del Gobierno. La estrategia estaba concentrada en el alineamiento internacional con Washington y otros aliados.

No obstante, lo que mayor cuestionamiento generaba era la posición histórica de Milei frente al conflicto. Además de declararse un admirador de Margaret Thatcher, acusada de cometer crímenes de guerra contra soldados argentinos cuando ordenó el hundimiento del ARA General Belgrano fuera de la zona de exclusión marítima, el Presidente ha abonado a la doctrina de la autodeterminación de los kelpers, argumento que históricamente ha sostenido el Reino Unido para defender su permanencia en las islas.

Esa postura se aleja de la reivindicación histórica argentina de soberanía, basada en la integridad territorial y en el rechazo a considerar a los habitantes del archipiélago como un pueblo con derecho a decidir el destino del territorio en disputa. Sino, una población implantada.

En cuanto al avance del proyecto petrolero Sea Lion en la Cuenca Norte de la Isla Soledad, actividad que motivó la respuesta argentina que anunció Milei en cadena nacional, había sido denunciado varias veces en el pasado, sin reacción del oficialismo. El desarrollo, en el que participan Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum, aceleró mientras la respuesta argentina se demoraba.

Por eso llamó la atención el cambio de posicionamiento, que también lo detectó la ciudadanía. Un relevamiento de M&F Consultora, realizado entre el 4 y el 6 de septiembre, reveló que seis de cada diez argentinos considera que el giro en el discurso presidencial responde principalmente a una conveniencia política. Solo el 24,7% de los consultados interpretó que la movida se deba a una convicción genuina.

¿Hay un factor electoral en el cambio de postura de Javier Milei sobre Malvinas?

Malvinas tiene una característica que la convierte en una causa particularmente atractiva para cualquier gobierno: mantiene un amplio consenso social y atraviesa las divisiones partidarias y etarias. Ese capital político tuvo su pico máximo de explotación durante la última dictadura militar, con la guerra de 1982. Sin embargo, en Democracia también se apeló —a menor escala, claro está— a la causa para levantar la valoración ciudadana sobre la gestión.

La mencionada encuesta de M&F mostró que el 90,3% de los consultados había recibido información sobre la cadena nacional de Milei. El Presidente logró, de esta manera, instalar nuevamente la cuestión en la agenda pública.

De este modo, no resulta extraño que se vincule el renovado protagonismo de Malvinas, una causa de fuerte arraigo nacional, con la caída de la imagen presidencial y las dificultades que atraviesa el Gobierno. Esa fue la lectura que hicieron analistas británicos y de otros sectores del mapa. Además del aprovechamiento de un pequeño guiño de Donald Trump a los intereses argentinos.

El desafío para Milei consiste ahora en demostrar que el giro discursivo no es solamente electoral.

Cambio o no de postura, el efecto es positivo

El cambio de Milei existe y es evidente. Malvinas pasó de ocupar un lugar secundario en su política exterior a convertirse en una bandera central del Gobierno.

Eso no significa que todas las medidas anunciadas sean negativas para la posición argentina. Por el contrario, endurecer las sanciones contra empresas que explotan recursos en las islas sin autorización puede fortalecer la defensa de los intereses nacionales.

La primera reacción positiva fue que las tres principales petroleras del mundo se despegaron de cualquier actividad ilegítima en la zona en disputa. Es decir, las medidas anunciadas por Milei pueden tener un efecto concreto sobre los intereses nacionales que operan alrededor de las islas.

Los primeros efectos tras la cadena nacional de Javier Milei fueron positivos.

El giro —entonces— puede ser positivo para la posición argentina y, al mismo tiempo, tener un evidente componente electoral. Una cosa no invalida necesariamente a la otra.

En definitiva, enhorabuena que se encuadre la posición del Gobierno nacional con la que ha mantenido históricamente el Estado argentino. Malvinas no necesita solamente un cambio de discurso de una gestión: necesita una política de Estado sostenida en el tiempo.

Te Puede Interesar