La Argentina recibe este domingo al papa León XIV en un momento especialmente incómodo para Javier Milei. A la Casa Rosada le resulta cada vez más difícil sostener la promesa de que el orden de las cuentas públicas traerá, por sí solo, inversión, crédito y crecimiento. Los números que dejaron los últimos días no acompañan ese relato. El riesgo país jugueteando por arriba de los 900 básicos y el mercado reduciendo a apenas 0,7% la previsión de crecimiento para 2026. Mientras tanto, se profundizan las diferencias dentro del oficialismo y el escenario internacional dejó de ofrecer las certezas políticas que el Presidente creía haber construido.
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Javier Milei recibe al papa León XIV entre recesión, riesgo país y crisis política
La visita de León XIV encuentra a Milei con un riesgo país elevado, crecimiento estancado, recaudación débil y tensiones políticas dentro y fuera del Gobierno.
La visita papal no explica ninguna de esas dificultades, pero las ilumina. León XIV llega con una agenda que incluye el encuentro con personas con discapacidad y mensajes sobre el trabajo, la pobreza y la convivencia. No necesita pronunciar un discurso partidario para que su presencia marque un contraste con una administración que convirtió la reducción del Estado en su principal identidad política.
Los mercados dejaron de comprar la promesa
El riesgo país moviéndose por arriba de los 900 puntos significa que la Argentina vuelve a pagar una prima muy elevada por su deuda, muy lejos de los 402 puntos que había alcanzado en julio y que Javier Milei y sus seguidores festejaban como un punto de no retorno; solo había lugar para que siga bajando.
El deterioro de las expectativas de los inversores para un gobierno que colocó la confianza financiera en el centro de su estrategia es evidente.
El problema no reside solamente en la volatilidad internacional posterior a las elecciones estadounidenses. También pesa la pregunta que acompaña desde hace meses a la gestión de Luis Caputo: cómo sostener el equilibrio fiscal y afrontar las necesidades de financiamiento si la economía interna no recupera dinamismo, la recaudación se debilita y el crédito externo continúa siendo costoso.
El nuevo Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central agregó la confirmación de la tormenta que persigue al Gobierno. Las 45 consultoras y entidades financieras que participaron del estudio redujeron la proyección de crecimiento para 2026 del 1,5% al 0,7% en un solo mes. En agosto esperaban un 2,1%. Es decir, en apenas dos meses desaparecieron dos tercios de la expansión que proyectaban para el año.
Todavía más significativo es lo que sucede con el tercer trimestre. Los analistas estimaron una caída desestacionalizada del 2,3% entre julio y septiembre, después de la contracción del segundo trimestre. Si se confirma con los datos oficiales, la Argentina habrá encadenado dos trimestres consecutivos de retroceso, una definición habitual de recesión técnica.
Un Presupuesto construido sobre otra economía
El proyecto de Presupuesto 2027 fue elaborado sobre el supuesto de que la actividad crecerá un 3% en 2026 y un 4% el año siguiente. La distancia entre esa primera cifra y el 0,7% que ahora espera el mercado afecta las bases sobre las cuales se calculan los impuestos, la capacidad de financiar servicios públicos y los márgenes para cumplir las metas fiscales, la única obsesión del equipo de Javier Milei.
La recaudación acaba de ofrecer otra advertencia. Según las estimaciones del IARAF, los ingresos tributarios acumularon una caída real del 2,7% entre enero y octubre. En el último mes, el IVA neto perdió 8,2% real interanual, lo que resulta consistente con una economía doméstica de escaso dinamismo.
El Gobierno puede exhibir un superávit primario y sostener que constituye una condición necesaria para estabilizar la economía. El punto que empieza a resultar insoslayable es otro: el superávit no reemplaza una política de desarrollo productivo ni garantiza empleos e ingresos suficientes. Cuando los recursos tributarios no crecen, la decisión de conservar a cualquier costo una meta fiscal puede desembocar en nuevas restricciones del gasto, que a su vez debilitan la demanda y las posibilidades de recuperación.
La contradicción tiene consecuencias concretas en Mendoza. Mientras las expectativas de inversión en petróleo, minería y algunos sectores exportadores siguen ocupando la agenda, el comercio, la industria ligada al consumo interno y las actividades intensivas en trabajo enfrentan un escenario mucho menos favorable. No alcanza con anunciar grandes proyectos si sus beneficios no se traducen en una red más amplia de proveedores, salarios y empleo local.
Washington ya no ofrece el mismo refugio
La derrota republicana en las elecciones legislativas del 3 de noviembre cambió un componente central de la estrategia internacional de Milei. Los demócratas conquistaron el control de ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos y limitaron la capacidad de Donald Trump para imponer sin contrapesos su agenda durante la segunda mitad del mandato.
No significa que la relación entre la Casa Blanca y la Argentina vaya a romperse ni que todo entendimiento financiero quede automáticamente bloqueado. El Ejecutivo estadounidense conserva atribuciones relevantes y los vínculos bilaterales exceden las afinidades partidarias. Pero sí significa que el Presidente argentino apostó buena parte de su capital diplomático a un aliado cuya capacidad de maniobra acaba de reducirse.
La dimensión del problema va más allá de Washington. La reelección de Lula da Silva en Brasil frustró otra expectativa de la derecha regional y obliga a la Argentina a convivir con un socio comercial decisivo cuya orientación política es opuesta a la del Gobierno libertario. El conflicto entre afinidades ideológicas y necesidades económicas se vuelve particularmente visible para sectores industriales, exportadores y economías regionales que dependen del vínculo con Brasil.
La política exterior no puede limitarse a una colección de fotografías con dirigentes ideológicamente afines. Para un país que necesita inversiones, mercados y financiamiento, la eficacia diplomática se mide por los acuerdos posibles, incluso con gobiernos que piensan distinto.
La pelea por el poder entra en el Senado
En el frente interno, la tensión entre Karina Milei y Patricia Bullrich dejó de ser un intercambio de susceptibilidades personales. La promoción de la senadora neuquina Nadia Márquez, cercana a Karina Milei y Martín Menem, abrió una disputa por espacios de influencia en el Senado, incluida la estratégica Comisión de Acuerdos y la representación oficialista ante el Consejo de la Magistratura.
Bullrich, hoy senadora y jefa de la bancada libertaria en la Cámara alta, conserva relaciones políticas y una capacidad de negociación que la Casa Rosada necesita. No hay una ruptura formal ni corresponde dar por demostrada una rebelión parlamentaria. Pero el episodio muestra una dificultad recurrente de la gestión: el intento de concentrar las decisiones en un círculo cada vez más estrecho puede debilitar la construcción de mayorías que requiere un gobierno sin control propio del Congreso.
Y hay mucho más que cargos en juego. El Presupuesto 2027, la política universitaria y el financiamiento de las prestaciones por discapacidad requieren acuerdos, recursos y decisiones concretas. La discusión por la disciplina interna se superpone así con otra, más profunda: hasta dónde está dispuesto a negociar un oficialismo que hizo de la intransigencia una bandera.
León XIV y la economía que no entra en las planillas
La llegada del Papa introduce un contraste que el Gobierno no podrá resolver con una ceremonia protocolar. El lunes, León XIV tiene prevista una visita al Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, donde viven más de 400 personas con discapacidad. Es uno de los sectores en los que la política de ajuste recibió cuestionamientos persistentes, también desde la Iglesia.
De acuerdo con datos oficiales examinados por Chequeado, entre 2023 y septiembre de 2026 la cantidad de pensiones no contributivas por invalidez disminuyó un 5,9%, mientras que el monto promedio perdió un 15,9% de poder adquisitivo durante la gestión de Milei. Esas cifras no sustituyen el debate sobre la eficiencia del gasto ni sobre los mecanismos de control, pero obligan a discutir quién soporta los costos de las decisiones fiscales.
En Mendoza, el arzobispo Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, puso palabras a una realidad que el debate oficial suele reducir a estadísticas. Frente a la discusión sobre las familias que no llegan a fin de mes, sostuvo que esa situación es un dato de la realidad que la Iglesia observa cotidianamente. Su señalamiento cobra particular relevancia porque proviene de una institución que mantiene un contacto territorial permanente con la pobreza, la asistencia social y la vulnerabilidad.
El conflicto es de concepción. Para Milei, la justicia social constituye una intromisión inadmisible sobre los derechos individuales. Para la doctrina social de la Iglesia, la dignidad del trabajo, la solidaridad y la atención a los vulnerables forman parte de las responsabilidades de una comunidad. La visita papal no será un plebiscito contra el Presidente, pero pondrá frente a frente dos criterios muy distintos sobre lo que significa una economía exitosa.
La soledad no es un programa económico
El Gobierno llega a este domingo con señales contradictorias. Puede señalar un resultado fiscal primario positivo, expectativas de desinflación y una proyección de superávit comercial elevado. Al mismo tiempo, enfrenta un crecimiento casi nulo, una recaudación debilitada, riesgos financieros más altos y tensiones políticas en aumento. Ninguno de esos indicadores, considerado aisladamente, alcanza para anunciar un colapso. Su combinación, en cambio, obliga a reconocer el agotamiento de una narrativa que prometía una prosperidad casi automática después del ajuste.
El margen para corregir existe. Pero exige algo más que esperar un cambio de humor de los inversores o una ayuda desde Washington: requiere ampliar el mercado interno, reconstruir capacidades productivas, sostener ingresos y negociar acuerdos políticos. La pregunta ya no es solamente cuánto podrá resistir el Gobierno ante la adversidad, sino cuánto tiempo más podrá sostener un esquema cuyos costos recaen de manera tan desigual sobre la sociedad. Precisamente lo que León XIV denunciará durante su gira latinoamericana
