A los 91 años, este hombre, a quien el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, Bélgica, le dedica hasta fines del próximo enero una retrospectiva (The Fluxus Wall) , todavía escribe, filma, saca fotos, dibuja, viaja, planea y descarta, decidido a combatir el conformismo ambiente hasta el último de sus días.
Ningún lugar adonde ir, que publicó (y reeditará) la editorial Caja Negra, jugaba en el título con esa verdad que tantas veces se vuelve insoportable: ningún lugar adonde ir existe si se agotó el motor de la alegría, incluso después de atravesar las experiencias más extremas.
Deportado a un campo de trabajo por los nazis en 1944; liberado por los soviéticos pero como buen lituano, sin ceder jamás a la brutalidad del Ejército Rojo, la suerte o como quiera llamarse lo depositó en Nueva York en 1949, en medio del be bop y la explosión beatnik.
Mekas dice que Roosevelt y Stalin se repartieron el mundo como si fuera suyo y decidieron que los países bálticos perteneceríamos a la Unión Soviética. Jugaban a los políticos pero eran unos canallas. Esa posición es idéntica a la de la novelista finlandesa Sofi Oksanen, autora de Purga.
Nacido en 1922, Tomas descartadas
es un fragmento de un viaje sin principio ni fin, de poco más de una hora, un cruce de videos y fotomontajes a la velocidad morosa del caminante. Ese tránsito se ha dedicado a registrar, más en el espacio que en el tiempo. Es lo insignificante, lo fugaz, lo espontáneo, lo pasajero, lo que revela la vida y tiene excitación y belleza.
Pero también se tomó su tiempo para leer, estudiar, conocer. Así, en 1954, cuando ya escribía para algunas revistas neoyorquinas, conoció a Jack Kerouac, a James Dean, a Marlon Brando, a Allen Ginsberg, a Gregory Corso, a Nico, a William Burroughs, a Andy Warhol. Y a Lou Reed.
Mekas es el tipo que filma el primer concierto de la Velvet Underground. Nueva York hervía de talento y de gente interesante. Trabajamos con Allen Ginsberg, con Andy Warhol -Andy era cineasta también, porque quería hacerlo todo al mismo tiempo- y con Robert Frank.
Mirábamos la vida y la explicábamos y no nos mirábamos el ombligo. ¿Sabe que los fotógrafos somos más longevos?, pregunta. ¿Una mirada estrábica? Posiblemente. El problema crea la solución. Para bajar a los envarados de un hondazo.
Este hombre escribe la vida, corrió los 100 metros llanos, practicó una suerte de terrorismo contra el aparato imperialista soviético y contra los nazis. Prefiere que lo discutan a que lo homenajeen. Piensa que si se tiene alguna idea, aprender a materializarla es tan importante como encontrar su forma.
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Jonas Mekas, otra vez en el centro de la escena
La inminente reedición de parte de sus diarios de viaje, Ningún lugar adonde ir, y el reciente estreno de Tomas descartadas de la vida de un hombre feliz lo tienen de regreso.