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Mario (director de cine) y Luciana (arquitecta), hijo y nieta de Ernesto Sábato. |
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La casa de Sabato busca financiamiento para convertirse en museo
El consagrado autor argentino, uno de los mejores de habla hispana en el prolífico siglo XX, deseaba que, después de morir, su casa se mantuviera abierta a la comunidad, cuenta Mario. Así es que este director de varias películas de Los Parchís -las hizo con pseudónimo durante la última dictadura militar de su país (1976-1983) para seguir viviendo de su oficio- y sobre la vida y obra de su padre -Ernesto Sábato, mi padre y El poder de las tinieblas- se puso a montar un museo en la casa. Primero debía restaurarla. El jardín parecía una jungla y todos los rincones del inmueble estaban deteriorados. Por eso comenzó a gestionar hace dos años una subvención de la provincia de Buenos Aires, que finalmente la desembolsó a principios de 2013. Entonces comenzó la obra, a cargo de Luciana Sabato, y ya se ha ejecutado todo el dinero. Los fondos han alcanzado para el 70% de las necesidades de refacción, por lo que Mario Sabato ha comenzado a difundir por los medios de comunicación locales que el proyecto necesita de donantes particulares. Aparecieron varios, pero aún falta.
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No por iniciativa del escritor sino por la de su esposa, Matilde Kusminsky Richter , la casa solía ser centro de reuniones muy animadas. Por allí desfilaban escritores y consagrados, como Abelardo Castillo y Vicente Battista, músicos como Los Fabulosos Cadillacs, Mercedes Sosa, Jaime Dávalos, Eduardo Falú o Cuchi Leguizamón, pintores como Juan Carlos Castagnino y Antonio Berni, cineastas como José Martínez Suárez yLeopoldo Torre Nilsson, el príncipe Felipe o presidentes argentinos como Arturo Frondizi (1958-1962), Raúl Alfonsín (1983-1989), Fernando de la Rúa (1999-2001), Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández. Pero los días más especiales de la casa eran los 26 de junio, cuando Sábato celebraba su cumpleaños abriendo las puertas a quien quisiera entrar. Desconocidos y famosos se acercaban a Santos Lugares, a 15 kilómetros del centro porteño.
Pero la casa también tiene sus rincones oscuros, como el sótano. Allí Sabato y su esposa hicieron sesiones de espiritismo, sin que ningún fantasma apareciera. También allí durmieron algunas noches del último régimen militar porque, a pesar de recibir críticas sobre supuesta complacencia con el dictador Rafael Videla, Sabato recibía amenazas por comunista y entonces se resguardaba bajo tierra por temor a que un comando irrumpiera, según cuenta su hijo.
Fuente: El País