El escenario de la contemporaneidad está trazado por la virtualidad y los juegos: según un estudio citado en la obra, actualmente en el mundo se juegan cerca de 3000 millones de horas de videojuegos por semana y cada vez más los intereses de los jóvenes -y no tanto- migran hacia las pantallas para hacer foco especialmente en las redes sociales y los videojuegos.
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¿Por qué los videojuegos pueden mejorar tu vida?
Una visión alentadora da la diseñadora Jane McGoniga en su libro.
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La autora, diseñadora de videojuegos graduada en la Universidad de California y creadora del área de Investigación y Desarrollo de Juegos para el Instituto del Futuro, sostiene que los videojuegos contribuyen a generan personas más flexibles, más creativas y más consecuentes en la concreción de un objetivo.
McGonigal define a los juegos como una herramienta "que permite crear una nueva infraestructura cívica y social" y sostiene que lejos de funcionar como una distracción o escapismo que permite eludir por un rato los problemas "llenan nuestras vidas reales de emociones, actividades, experiencias y fortalezas positivas".
En "¿Por qué los videojuegos pueden..." (Siglo XXI Editores), la investigadora explora la idea de que los videojuegos aportan a una reinvención de la civilización humana, una instancia que requiere de un esfuerzo colectivo concentrado en integrar los videojuegos a la vida cotidiana y dejar de pensarlos "como un mero entretenimiento escapista".
"Casi todas las personas hoy tienen prejuicios contra los juegos, incluso los jugadores. Es inevitable. Estos prejuicios forman parte de la cultura, del lenguaje, y están incluso enlazados con la manera en que empleamos las palabras juego y jugador en la conversación cotidiana, sostiene en la obra.
En la sociedad actual, los videojuegos vienen a satisfacer "necesidades humanas genuinas" a las que el mundo real parece incapaz de dar respuesta: "Brindan recompensas que la realidad no ofrece. Enseñan, inspiran y generan grados de compromiso que la realidad no despierta", se ilusiona el investigadora.
Parte de la fascinación de McGonical por las aplicaciones virtuales tuvo origen en una contingencia personal: en julio de 2009 sufrió un fuerte golpe en la cabeza y tuvo que permanecer varios meses postrada, una complicación que derivó en un cuadro de depresión.