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Sangre y cirugías estéticas en un policial trepidante

Entre guiños y chanzas al componente misógino del policial clásico discurre el nuevo enigma que se le plantea a la detective Ruth pelbaum en "Siliconas express", heroína que la escritora María Inés Krimer.
Por Sección Cultura

Entre guiños y chanzas al componente misógino del policial clásico discurre el nuevo enigma que se le plantea a la detective Ruth pelbaum en "Siliconas express", heroína que la escritora María Inés Krimer hizo debutar en "Sangre kosher" y que en esta obra se interna en un mundo de postizos e intervenciones quirúrgicas para instalar la obsesión por la belleza eterna.

Si no hay cadáver no hay enigma a resolver. Y a Ruth no se le ha interpuesto uno sino dos, emplazados en dos puntos distantes de la ciudad, una mansión en San Isidro y un casino en Puerto Madero.

Por debajo de este entramado que captura al lector de principio a fin, hay otro que se focaliza en el malestar social derivado de la obsesión por los cuerpos voluptuosos y el monopolio de un  arquetipo de belleza que tiraniza a las mujeres.

Lejos de la autosufiencia enarbolada por un ícono del género como Philip Marlowe, la protagonista de "Siliconas express" es una mujer ordinaria que tiene una necesidad especial de vincularse con la verdad y a la que Krimer ha dotado de señas particulares -su apego a la tradición judía, los conflictos de una mujer de mediana edad- que desafían las dificultades para alcanzar el verosímil en una sociedad donde la pesquisa está asociada a la mano de obra desocupada post-dictadura.

"Lo más importante como escritor es darle un personaje al lector. Apuntamos a contar una historia sí, pero básicamente buscamos  dejar un personaje. El logro de (Gustave) Flaubert cuando escribió `Madame Bovary` es haberle dado a los lectores el personaje de Emma. Uno puede o no recordar la historia, pero no se olvida de esa mujer que simboliza una realidad más poderosa que la de las personas que nos rodean", sostiene Krimer a Télam.

"Siliconas express", recién editado por el sello Aquilina, forma parte de Negro Absoluto, una colección de novela negra dirigida por el escritor Juan Sasturain que busca recuperar el esplendor de un género que en la Argentina tuvo exquisitos baluartes como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Rodolfo Walsh.

-Télam: "Siliconas express" es una novela de género en múltiples sentidos: por un lado remite a las convenciones del policial y al mismo tiempo instala cuestiones ligadas a problemáticas de género encarnadas en la protagonista femenina y en el tema del libro...

-Krimer: Cuando me propusieron escribir para esta colección, enseguida pensé en un personaje central femenino por una cuestión de reivindicación de género, porque si hay justamente un género misógino y machista por excelencia es el policial.

Desde Edgar Allan Poe, que se piensa como el iniciador del policial, ya el lugar de la mujer era complicado: en todos sus cuentos, siempre aparece como una víctima o una idiota.

Para Poe, las mujeres eran una suerte de inimputables taradas que no sabían lo que les pasaba. Basta leer "La carta robada" o "Los crímenes de la calle Morgue". En sus relatos, toda la astucia y la inteligencia está puesta del lado del narrador, del detective o su ayudante, mientras que las mujeres son las engañadas o las que le solicitan a los hombres que resuelvan sus problemas.

Luego pasamos al policial negro, donde prácticamente las mujeres son casi todas asesinas. Chandler tiene siete novelas y en todas ellas los asesinos son mujeres. Frente a esa perspectiva, inventé   un personaje que conserva las características que exige este autor  para un detective -soltero, sin vínculos familiares poderosos porque eso genera vulnerabilidad, solitario, etcétera- y suma otras de cosecha propia, como su vinculación judía.

-T: "Acá son servicios o son canas. Para nosotros son tan raros Marlowe como Hércules Poirot y Miss Marple". Esta formulación incluida en la novela fija posición sobre las dificultades para delinear la figura del detective ¿Por qué es difícil construir un arquetipo que por el contrario resulta familiar para la literatura europea?

- K: Hacer en Europa un detective policía o vinculado con las fuerzas de seguridad es bastante más sencillo porque hay una credibilidad institucional incuestionable, mientras que acá nos movemos en un terreno muy resbaladizo. La construcción del verosímil en la mayoría de los países latinoamericanos implica todavía tener en cuenta la no credibilidad institucional.

¿En qué cree Ruth para apoyarse? En las amigas, en Gladys -la persona que la ayuda con la limpieza en su casa, una especie de Watson-, en Lola (su amiga travesti)... una serie de personajes que, como ella, están también el borde.

Me parece que ésa es la diferencia fundamental que tenemos en la construcción del verosímil entre un detective latinoamericano y uno europeo.

Después de la última dictadura, el gran problema sigue siendo la dificultad para creer en un investigador que no esté vinculado a las fuerzas de seguridad. Eso no quiere decir que no se pueda hacer a futuro. De hecho el género está evolucionando tan rápido que ha incorporado otros registros y cruces, desde el comic y la ciencia
ficción hasta el gótico.

Lo interesante del policial es que te permite un camino o una estrategia para contar otra cosa, un formato que libera al escritor de las vacilaciones que implica elegir la forma. El conflicto mayor de la literatura es elegir el formato. Y en el policial eso está resuelto.

-T: Paralela a la trama policial, la novela plantea una interpelación sobre los modelos de belleza y cómo las mujeres se paran con cierta ambivalencia frente a ese mandato...

-K: Me interesa contar una historia individual pero anclada dentro de un conflicto colectivo que esté cruzando la sociedad, como es hoy el tema de la imagen.

La novela se enfoca en cuestiones que cruzan la problemática de la mujer: el auge de las cirugías, el bombardeo de los medios, los cuerpos perfectos... Y sobre todo ese desdoblamiento que tenemos las mujeres entre mantener una actitud crítica y al mismo tiempo ser capaces de reproducir el discurso del sistema.

No es casual que hoy la mayoría de las problemáticas de la literatura tomen el tema del cuerpo. Creo que las nuevas formas de violencia que son tradición en la Argentina tienen que ver con la manipulación de los cuerpos.

El tema está presente en la literatura argentina desde el inicio. "El matadero", por ejemplo, empieza con una violación. A partir de allí, la continuidad del género siempre estuvo involucrada en la cuestión de los cuerpos: la desaparición, la muerte, la mutilación... La historia argentina es violenta y en esa línea lo es también la literatura. Acá no corre Corín Tellado.

Fuente: Télam

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