Antes de marcharse, el sol recortó la figura de Eduardo Falú, quien guitarra en mano miraba a sus amigos desde allá arriba. Y la piedra de la escultura cobró vida hecha homenaje que un selecto grupo de amigos le realizó el sábado por la tarde, justo antes de que el sol se marchara hasta el otro día.
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Eduardo Falú fue recordado por su humor, generosidad y sensibilidad
La muerte del folclorista reunió a sus amigos en un homenaje en Salta, su tierra natal. Destacaron los aspectos más personales del gran guitarrista.
Me queda la satisfacción de haber compartido su tiempo. Eduardo Falú era un hombre generoso, siempre dispuesto para con todos. Siento como si se me hubiese ido un padre del canto, yo lo voy a recordar como lo que era: un gran artista, una gran persona, dijo el folclorista Pitín Zalazar.
El Ñato, como lo llamaban sus íntimos, era más íntegro que el pan, sobre todo cuando se repartía, para que nadie quede sin un pedazo de su sensibilidad más inocente, describió la prosa de Ovalle.
Enrique Chichí Ibarra supo conocer al Falú que mostraba un carácter bromista e irreverente debajo del escenario. A pesar de su rostro adusto, serio, don Eduardo era un hombre al que le encantaba hacer bromas, recordó el folclorista de, entre otros, Los Cuatro de Salta. Un día me dijo: vení changuito, contame algún chiste nuevo que me quedé corto de bromas, recordó Ibarra.
El homenaje duró un puñado de minutos, no más de 15. Pero fue tiempo suficiente como para que cada uno beba del néctar del recuerdo y de la obra que dejó el Maestro, como lo llaman los folcloristas de la nueva camada, como el Chaya Barrionuevo, ex integrante del grupo Vale 4.
Ante una partida de un hombre tan amplio, uno lamenta su muerte, pero también agradece a Dios el hecho de haberlo conocido y de tenerlo por tanto tiempo involucrado en nuestra cultura. Por eso mis sentimientos son de tristeza por un lado, pero de alegría por otro, porque le voy a contar a mis hijos que yo conocí a don Eduardo Falú, uno de los folcloristas más grandes que nos dio Salta, sintetizó Barrionuevo.
Los cerros de la precordillera iban tapando el sol, cuyos rayos estiraban la sombra del monumento a Falú hasta llegar al corazón de la plaza España. Sus amigos comenzaban la retirada con el alma llena de recuerdos.
Se apagó más que una voz dulcemente áspera. Se calló más que una guitarra virtuosa. Se fue don Eduardo Falú, el hombre que supo ponerle música al sentimiento, y que el viernes usó el bronce de su diapasón como escalera para trepar hacia el firmamento, dejando su legado de canto en la fértil tierra salteña del folclore, que por siempre recordará esa voz tan dulcemente particular, como un damasco lleno de miel.
Fuente: Revista Ñ.