El enardecido clima de debate periodístico en el último lustro y la polémica sobre la concentración comunicacional recorren las páginas del más reciente libro de Eduardo Blaustein, que desde el mismo título, "Años de Rabia. El periodismo, los medios y las batallas del kirchnerismo", se mete de lleno en esa disputa.
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"Años de rabia", un libro que indaga el debate sobre los medios
Traté de reflejar las crispaciones y confrontaciones que nos atraviesan como sociedad y en especial a los que trabajamos en medios, pero al mismo tiempo de superar las lógicas más empobrecedoras a que conduce la polarización, sostiene Blaustein, autor de una historia ya clásica sobre los medios durante la última dictadura (Decíamos ayer).
Planteado por su mismo autor como una colección de artículos relativamente independientes entre sí, hay sin embargo dos capítulos que son los preferidos de los lectores, acaso como las manifestaciones opuestas de ese debate.
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En ¿Qué le pasó? O The Lanata Syndrome, Blaustein recorre la trayectoria del periodista insignia del Grupo Clarín con la advertencia de que compartieron redacciones durante años -El Porteño, Página/12 y Crítica-, lo que le permite homenajear no sólo su eficacia discursiva sino también husmear en una lenta transformación personal.
Además de resaltar la violencia del show del fuck you junto a la escasas dotes actorales del Gordo en su afán de heredar a Tato Bores, lo confronta con el espejo de su carta de despedida del diario Crítica, de abril de 2009, cuando Lanata aun corría por izquierda al multimedio del que hoy es su más poderoso centrofoward.
En aquella misiva denunció la apropiación de Papel Prensa, la ilegalidad originaria de Radio Mitre donde hoy tiene un programa diario, el arrebato al menemismo del canal 13, y hasta la dictadura laboral en el gran diario argentino que lo tiene como supercolumnista e investigador, amén de las sospechas sobre los hijos adoptivos de su dueña.
Lanata habla de «la grieta» pero no hay nadie que la fomente y la potencie tanto como los medios de comunicación concentrados, dice Blaustein, quien en uno de los capítulos se pregunta quién empezó primero, para contestar: la rabia es preexistente al kirchnerismo, la tenía Claudio Escribano cuando escribió su célebre nota ultimátum del 2003.
El otro capítulo destacado es el referido al ciclo 6,7 8, donde se desgrana la lógica de armar un programa parado sobre las creencias proclamadas de sus panel, sin falsas independencias, lo que le permitió a pesar de su escasa medición de rating convertirse en un fenómeno político-mediático en sí mismo.
En otros capítulos repasa los conflictos que tuvo Raúl Alfonsín con los medios en el renacer democrático y sus intentos de contrarrestar el fuego enemigo con artillería propia, y la decisión kirchnerista de promover una nueva Ley de Medios Audiovisuales para restablecer el equilibrio perdido.
En lo personal creo que hay una polarización virtuosa legítima, propia del ciclo K, con los nuevos temas puestos sobre la mesa, como las prácticas del periodismo y la concentración de medios, dice Blaustein sin ignorar que también hay una consecuencia indeseada, que es el afán del blanco y negro, el maniqueísmo y la dificultad para debatir complejamente temas que son complejos.
Años de rabia, una de cuyas virtudes es estar escrito en primer persona, será presentado mañana a las 19 en la Biblioteca Nacional, por un panel integrado por Horacio González, Martín Becerra y Luis Alberto Quevedo.
Fuente. Telam