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El arte contra la violencia y el egoismo
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Télam
Martín Vigil. |
Nacido en el balneario a mediados de los 60, fue uno de los ideólogos del 1er. Festival Argentino John Cage que tuvo lugar acá a mediados del año pasado.
Esta es la conversación que sostuvo con Télam
-Télam: ¿Cuál es el rasgo diferencial de la producción cultural marplatense?
-Virgili: Las generalizaciones son peligrosas. La producción cultural marplatense es tan compleja de sintetizar como heterogénea las condiciones de su composición. Lo que queda es mi visión. Para mí, "producción cultural" es aquello que "emana" de una ciudad y que se contrapone a las formas de violencia y egoísmo que producen el sector público y privado.
Es el espacio de generosidad de una comunidad. Es aquello que se hace para el bien de todos, lo más cercano a una gracia de orden social. Lo viví en Buenos Aires, a comienzo del tercer milenio, con todo el movimiento de asambleas populares.
Eran tiempos bravos, pero de intensa labor creativa. El barrio era un hervidero de generosidad. Es esa contrafuerza que asciende a la superficie.
En esta ciudad, ese espíritu se produce más bien por coagulaciones. Son micro-grupos de artistas que llevan su luz al ámbito que les es posible. Pasa todo el tiempo. Los grupos crecen y desaparecen. En Buenos Aires las cosas tardan más en armase, es otra coyuntura... y duran más también. Lo mismo puedo ver en Bogotá. Mar del Plata está tan conectada como aislada.
-T: ¿Se perdió el aire vanguardista, en arquitectura, literatura, música, que supo tener la ciudad en los 60-70?
-V: Creo que hay una renovación, pero aislada, embrionaria si se quiere. Estoy terminando un documental sobre la Casa Francesa del puerto, edificio que por diversas razones se convirtió en un reducto del arte outsider local. En los 70 supo reunir a artistas que trabajaron por fuera del mainstream local y con ciertos aires de renovación.
Ese proyecto cae en los 80 y recién a comienzos de siglo toma un nuevo impulso con otros artistas que 30 años después, parecen sostener la misma estética. Ambos son casos embrionarios, que no llegan a ocupar un espacio por fuera de cierto circuito. Mar del Plata sigue asociada a cierto tipo de espectáculo o de "arte", y estas incursiones siguen ocurriendo de forma lateral.
-T: ¿Qué pensás del museo de arte contemporáneo de inminente inauguración?
-V: Tengo sentimientos encontrados. Por un lado, la construcción de un edificio público como éste es absolutamente positiva. Paso y me emociona. Porque en el arte se mueve una filosofía de la vida y una felicidad más penetrante que la política.
Tienen algo de faro los museos, en la medida que nos ubican, nos hacen sentir que no estamos solos en la lontananza. Y por el otro, temo que pueda caer en cierta ideologización que en busca de público, se aleje de ciertos objetivos básicos.
Los impresionistas eran un grupo de artistas excluidos (el término impresionista, en el siglo XIX, tenía connotaciones peyorativas: son las impresiones de esos artistas), y hoy día no existe museo sin alguna pieza de Manet o Cezanne. El arte siempre denuncia un otro tiempo, que no es el presente.
El capitalismo no entiende el tiempo del arte y lo excluye bajo la forma de una mala crítica o por índices estadísticos. Entonces, los museos tienen que hacer justicia y enfrentar la vara del capitalismo.
-T: A tu juicio, ¿quiénes o qué movida puede alterar cierta inercia que parece haberse instalado en la ciudad?
-V: La movida sería de orden filosófico. En Mar del Plata no hay una carrera de historia del arte y la formación queda en manos de las escuelas de artes visuales y el conservatorio. La educación en arte debería ser la más refinada porque están formando a profesionales "especiales".
Cuando hablo de una movida de orden filosófico, trato de volver a preguntar ¿qué es ser artista?, ¿cuál es el lugar social que ocupa?, o ¿para qué sirve un artista? Son preguntas básicas, que me doy cuenta que no se responden o no se problematizan seriamente en el marco de esas instituciones.
Fuente: Télam