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Otros rumbos de la historia
En un volumen con artículos publicados entre 1996 y 2008, Jean y John Comaroff estudian la manera en que las crisis modifican las geografías establecidas de centro y periferia.
La capacidad de convivir y resistir al desastre económico también es un punto en que los países "atrasados" se adelantaron a los centrales. Por eso la crisis global de 2008 se sintió menos en África, Asia y América Latina, territorios que "ya estaban familiarizados con los inconvenientes causados por la desregulación, la dependencia de la riqueza sin trabajo, la contracción del mercado laboral y los créditos sin garantías". Otro aspecto en que no son las soluciones del sur sino sus problemas los que parecen trasladarse al norte es la xenofobia, en gran medida consecuencia de las crisis y el desempleo, "que reducen al escarnio las promesas de la ciudadanía" a la vez que fomentan políticas de exclusión y baja institucionalidad.
La pregunta por la política resulta inevitable. Por eso los Comaroff actualizan para Teoría desde el sur un artículo publicado originalmente en 1996 sobre un momento de elecciones en Botsuana. Contraponen la política sin partidos descripta en su trabajo etnográfico con los contradictorios discursos sobre la democracia en Occidente en los años 90, cuando se proclamaba su triunfo final mientras el mercado avanzaba violentamente sobre la cosa pública. Y relacionan la presente "ola de descontento" en los países centrales con un proceso que se dio previamente en los periféricos, cuando se produjo una "convergencia ideológica" entre los partidos. Nuevamente, la re-politización, el resurgimiento del debate ideológico, que es el presente de África y América Latina, parece el futuro inevitable de Europa o Estados Unidos: las discusiones entre neoliberales y neokeynesianos representarían una primera aproximación a ese proceso.
Que la política sea, finalmente, el topos donde se encuentra la clave de Teoría desde el sur queda en evidencia en el capítulo de cierre sobre el sida, la enfermedad que perturbó "las certezas científicas". Al valorizar el activismo africano, que consiguió visibilizar el problema y reclamó respuestas sistémicas, poniendo en jaque por igual a los laboratorios trasnacionales y a los gobiernos, celebran que haya logrado recordarle a "Euroamérica" una idea nunca del todo olvidada: "Una sensación contundentemente no alineada de la política como práctica positiva".
Fuente: La Nación