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Artigas y el país que no existía
A casi 250 años del nacimiento de José Artigas su vida vuelve a ser resignificada Y puesta en debate. La Presidenta lo invocó diciendo que el líder de la Banda Oriental quiso ser argentino pero no lo dejaron.
Como es sabido, el proyecto confederal fue repudiado por las autoridades en Buenos Aires, donde primaba el objetivo de organizar un estado centralizado bajo el liderazgo de esa ciudad, acorde con su condición de antigua capital del reino. La escisión de la soberanía implicada por las confederaciones fue considerada un crimen político y consiguientemente, los diputados orientales no fueron admitidos en la Asamblea del año XIII. Más aún, Artigas fue demonizado y considerado un bandido. Un decreto del 11 de febrero de 1814 firmado por el Director Posadas declaraba a Artigas infame, privado de sus empleos, fuera de la Ley, y enemigo de la Patria y agregaba que como traidor a la Patria será perseguido, y muerto en caso de resistencia.
Pero la postura confederal de Artigas era compartida por muchos de los pueblos del ex Virreinato. En ellos se observaba ya la desconfianza hacia la política porteña que se intensificaría con el correr del tiempo. No está de más observar que también Asunción del Paraguay se había afirmado en 1811 en una postura confederal que al no ser aceptada en Buenos Aires selló la independencia paraguaya dentro del Río de la Plata.
En cuanto a la cuestión de la supuesta nacionalidad de Artigas, sucede que en la misma historiografía del Uruguay no hay unanimidad. Para una parte de ella habría sido el fundador de la nacionalidad uruguaya, interpretación expuesta entre otros por uno de sus principales historiadores, Juan E. Pivel Devoto.
Pero una postura opuesta fue sostenida por otros historiadores uruguayos, entre ellos Carlos Real de Azúa, quien sostuvo que el objetivo de Artigas no era el de una nación uruguaya sino el de unas provincias unidas rioplatenses. En tal sentido, es útil recordar que escribiéndole a Rondeau en abril de 1813, Artigas sostenía que la Provincia Oriental era una parte integrante del Estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata.
El caso es que hasta el rechazo de Buenos Aires al Acuerdo de San Nicolás y a la Constitución de 1853 con su consiguiente secesión durante diez años, la política predominante en Buenos Aires fue la de impedir toda unión constitucional que implicase la pérdida de los ingresos de su aduana y del control del comercio exterior. Lo notable es que ese objetivo, si bien inicialmente fue buscado por Buenos Aires mediante la organización de un estado centralizado bajo su hegemonía, posteriormente, ante el riesgo de ser sometida por el resto de las provincias rioplatenses se amparó en la relación confederal que antes había repudiado.
En este punto, si quisiéramos ser congruentes con el justificado disgusto por lo ocurrido con Artigas, deberíamos también advertir que los factores que obraron en su contra eran los mismos que se expresaron en la política con que Rosas retrasó veinte años el nacimiento de un estado nacional en la medida que el mismo dañaría profundamente los intereses de Buenos Aires.
Es posible, entonces, suponer que Artigas hubiera podido ser parte de un estado nacional que habría de recibir mucho más tarde el nombre de República Argentina de no haber mediado la férrea repulsa de su postura confederal. Pero en la historia, una posibilidad no es una realidad, sino sólo una conjetura, y lo más importante es comprender cuáles fueron las razones del fracaso de esa posibilidad.
Fuente: Revista Ñ