ver más
°
Literatura

La construcción de un padre y la difícil idea de no volver

Son todos exilios, todos exiliados, todas búsquedas de algo que se va corriendo, en el libro de Sandra Lorenzano. Así que parece lógico que Lorenzano, la autora de “Fuga en mí menor” sea una argenmex, que vive allá, con el corazón mirando (también) al sur.
Por Sección Cultura
La verdad, no desentona Lorenzano en las veredas de San Telmo. Aunque hay algo, un toque, una capa, un acento raro que la hará ser “de otra parte” en todas partes.

Se la llevaron de la Argentina los padres en 1976, a mitad de cuarto año. De repente, como era obligado. Se iban por un tiempo, como todos. “Uno se va siempre con la idea de que va a volver, yo creo que es intolerable la idea de que te vas para no volver. Yo cuando digo, porque lo digo mucho, que hace 36 años que vivo afuera, me suena que estoy diciendo la línea de alguna obra ajena, porque ¿cómo va a hacer 36 años, es una vida? ¿no?”, dice ahora, que vuelve y es una autora, que vuelve y de visita, que vuelve y no va a hoteles, va a casas de la familia, que vuelve.

Nunca es directo lo que cuenta, su novela no habla de un exilio mexicano. El protagonista es hijo de un relato y una imagen. A ver: la madre salió de Europa con un niño y una foto en la que se entrevé un hombre. Ese hombre, le contaron al niño, fue un héroe de la resistencia en la II Guerra. El hombre lo ha buscado, una huella, un recuerdo, una anécdota. Pero no habrá más que la foto y la duda. El héroe ¿fue un héroe? ¿Fue un traidor? ¿Una ficción creada por una madre sin marido?

Como en el exilio –reconoce Lorenzano– la historia de su protagonista es la de la invencion de familias sin nada del ADN en común. “Me interesa mucho esa posibilidad de la construcción del vínculo afectivo con alguien no impuesto, que no es un vínculo amoroso sino que es un vínculo familiar, amoroso en otro sentido. Y cómo esos asideros nos ayudan a salvarnos.” En medio de una crisis, el hombre sin padre se va haciendo un padre, un luthier. Que no es un héroe. Que no es perfecto. “El otro es un padre como modelo inalcanzable, es un padre que lo que hace es alimentar la frustración, cómo vas a ser perfecto, sólo el muerto es perfecto”, dice Lorenzano, de visita en su país. Y trata de pensar al padre como si fuera un hombre. “Me conmueven mucho esos vínculos entre hombres”, dice. “Finalmente, todo padre es construido”.

Fuente: Revista Ñ

Te Puede Interesar