Héroe de numerosas batallas mundialistas, el diez argentino por excelencia jugó dos partidos en la edición de 1979, cuatro en la 1987 jugada en el país y seis en la de Brasil 1989.
La cuenta pendiente de Diego Maradona: la Copa
Un mes antes de lograr el campeonato mundial juvenil en Japón 1979, Maradona debutó en el torneo sudamericano con una derrota ante Brasil (1-2) en el Maracaná y seis días después, el 8 de agosto de ese año, lograba su primer tanto frente a Bolivia (3-0), en cancha de Vélez.
Fue su último compromiso de esa edición, que se jugó en sedes múltiples, antes de partir a Oriente para lograr el primer título mundial juvenil del fútbol argentino.
La Copa América de 1987, que volvió a jugarse en Argentina, un año después de su mágica actuación en el Mundial México 1986, representaba la ocasión ideal para su lucimiento ante el público argentino que lo veneraba.
Pero una extenuante temporada con el Nápoli, que incluyó la conquista del Scudetto y la Copa Italia, disminuyó sus energías para el campeonato continental y transformó la experiencia en una decepción.
Diego arrancó con el tanto del empate frente a Perú (1-1) y un doblete a Ecuador (3-0) en la primera fase hasta que la derrota con el posterior campeón Uruguay (0-1) en semifinales condenó al equipo a jugar por el tercer puesto frente a Colombia (1-2), ante apenas 5 mil personas en River Plate.
Dos años después y a poco de levantar la Copa UEFA con el club napolitano, Maradona afrontó, acaso sin saberlo, su última Copa América en Brasil, donde Argentina cumplió una deslucida actuación.
Diego jugó seis de los siete partidos y no convirtió goles. Sólo faltó al último con Paraguay (0-0), que se disputó para la estadística.
Las ilusiones de ganarla se habían pulverizado con las derrotas por 2-0 ante el local, que luego fue campeón, y Uruguay, defensor del título conseguido en Buenos Aires.
Maradona registró asistencia perfecta en los cuatro partidos de la primera fase frente a Chile (1-0), Ecuador (0-0), Uruguay (1-0) y Bolivia (0-0).
Argentina cumplía 30 años sin títulos sudamericanos y tendría su desquite, bajo la conducción de Alfio Basile, con bicampeonato en Chile 1991 y Ecuador 1993, que Diego observó desde la tribuna por los problemas personales que restaron continuidad de juego en esa década.