Con el motor inspirativo de una experiencia personal, Matías Alinovi incursiona en el género de la mano de la editorial Alfaguara a partir de una trama simple que relata la ocupación de una casa quinta en La Reja (Moreno, provincia de Buenos Aires) y la posterior recuperación cinco días después gracias a la intervención de personajes judiciales y policiales.
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"La Reja", historia típica del conurbano
"Me gustó mucho -cuenta el autor- cuando leí el pasaje de Vélez Sarsfield, autor del código civil: `Es derecho del propietario destruir la propiedad´; luego aparece la reforma y era obvio que ese derecho iba a desaparecer. Pero me resultó interesante su mirada. ¿Qué es ser propietario? Es gozar de un bien y una vez que lo hace empieza a medrar, sufrir por éste", observa.
"La propiedad no es algo clausurado. Es abierto, en donde existe la posibilidad de sufrir. Cuando entra esa dialéctica gozo-sufro lo que aparece es una tiranía sobre uno. Entonces, ¿qué me hace a mí ser el verdadero propietario de la cosa? Soy el propietario cuando destruyo la tiranía de la propiedad", retoma a Vélez Sarsfield.
De ahí la ligazón entre lo material y lo humano, "es la vejación lo que la Reja representa. Lo que me hace sufrir de su ocupación es que simbólicamente representa más que la propiedad". Y así sobrevuela sin escalas con la otredad porque "la casa como símbolo determina quién sos, por lo tanto también la relación con los otros, las diferencias y descubrimientos".
Y esto también conduce al telón de fondo que envuelve a "La Reja", la desigualdad, ya no como clase sino como sentido, algo así como la vetusta idea de "la separación de dos formas de ver el mundo: civilización y barbarie", propone su autor.
"Los negros no tienen universo simbólico" es la frase que resuena a lo largo de la lectura, frase que su abogada -en la vida real- le dijo durante el proceso de recuperación. "Al decir que no se robaron las lámparas repujadas, está diciendo que se afanaron lo que necesitaban, lo vendible, concreto y no lo simbólico. Mi vulnerabilidad está en acceder al bien; me importa un carajo lo concreto de la propiedad, no quería que muera ocupada".
La novela está atravesada de "referencias culturales" -como prefiere llamar Alinovi a la suerte de reflexiones sociales y filosóficas en clave lírica- "trato de hacerlas jugar de un modo ligero dentro de la trama para evitar la pesadez, como escudos, pero la realidad es que me hubiera gustado vaciarlo de referencias", confiesa el autor.
Estas "referencias" emergen del protagonista -presentado en primera persona- sin dirección ni intenciones ensayísticas, más bien como pensamientos o sensaciones que se van reformulando y acrecentando a lo largo de la trama.