Pero una serie de inviernos húmedos y en particular una fuerte tormenta hicieron que el lago se desbordara el 10 de noviembre de 1985, con consecuencias devastadoras para la población de 1.500 habitantes.
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Los residentes huyeron con lo que pudieron. En unos días, el pueblo quedó sumergido bajo 10 metros de agua salada corrosiva.
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Desde 2009, las aguas han ido bajando, dejando a la vista un escenario dramático y postapocalíptico que se recoge en estas imágenes.
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Las aguas saladas del Lago Epecuén son conocidas por sus efectos terapéuticos, y los centros termales y spas del pueblo solían atraer a 20.000 turistas cada temporada.
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Pero estos días, los turistas acuden a Epecuén por una razón bien distinta.
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Un habitante que se negó a dejar su casa en 1985 está feliz por el regreso de los turistas. "Atrae más gente a la zona, que viene a ver las ruinas", dice Pablo Novak, de 82 años.
Por todas partes, en las calles devastadas y en las ruinas de las casas, hay recordatorios de cómo cambió la vida de la localidad de un momento para otro.
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