|
|
|
|
Margaret Thatcher debe de ser la única presidenta del gobierno que ha sido el tema de una exposición de obras de arte. La Blue Gallery de Islington, en el norte de Londres, organizó en 2003 una muestra de trabajos críticos, rozando la impertinencia y la degradación, sobre la ex primera ministra. Los había de todas las formas y contenidos. Allí estaba el retrato de Sean Lander 'Thatcher', que recoge los elementos típicos y tópicos de su cara, tupé y pendientes con los de los payasos. La ex premier ha sido también plasmada en un jarrón de cerámica de los que hace el conocido Grayson Perry, 'Votting patterns' (Hábitos de voto) recoge mensajes sobre las costumbres políticas del electorado británico alrededor de una imagen de la difunta y su típico copete. La obra de Hans Haacke 'Taking stock', presentada en el Museo Metropolitano de Nueva York, muestra a una Thatcher dominando el imperio (perdido) al estilo del montaje fotográfico que la retrata de reina Victoria.
|
|
Amable y convencional aparece la señora Thatcher con óleo sobre lienzo en obras de Richard Stone o Nelson Shanks. Este último pintó un retrato para la National Gallery de Londres, pero a la ex premier le gustó tanto que se lo quedó para ella. En él aparece exuberante, sentada en un sillón con gesto altivo en 1994.
Al cabo de cuatro años, en 1998, el artista americano le hizo otro para la universidad de Virginia (EEUU) ataviada con el ropaje de doctora de dicha universidad. El convencionalismo de los retratos citados contrasta con la pintura de Geoffrey Raymond que enseña en 'Big Maggie' a una Thatcher turbulenta. Todavía más simplificada aparece en Margaret Thatcher de Kristin Eyfells, un trabajo simple de líneas de colores sobre la cara de la líder fallecida; con pocos elementos la identifica. Y rizando el rizo hacia la simpleza y los rasgos estereotipados, la impresión de Horace Cornflake ha quedado en un dibujo tipo sello de correos que muestra a una mujer asustada, otro cliché de la dama de hierro.
Fuente: El Mundo