Pero, dejando la leyenda a un lado, lo más común es verlos en manadas cuando migran -una vez al año- hacia el Ártico. En América del Norte, estas manadas hacen un viaje de más de 5.000 kilómetros, una distancia que supera a la de otros mamíferos.
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"Mucha gente asocia a los renos con la temporada navideña. Muy pocos saben que, para muchas tribus del norte, estos animales forman parte integral de su vida y son cruciales para su supervivencia", dice el director de Survival, Stephen Corry, quien lamenta el daño que la explotación de recursos naturales está provocando en la zona.
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La ONG Survival International, que defiende los derechos de los grupos aborígenes en el mundo, ha llevado a cabo una serie de campañas para dar a conocer los problemas de las tribus del Ártico que crían renos.
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Las petroleras, las mineras y las compañías que extraen gas están intentando explotar la zona, pese a la oposición de los ambientalistas. Según la ONG, estas empresas están afectando las rutas migratorias de los animales y destruyendo los pastizales de los que se alimentan.
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La forma de vivir de los pastores se ha mantenido casi sin cambios durante más de 1.000 años. Es un trabajo pesado y hay que mover el campamento cada pocos días.
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Los pastores utilizan a los renos como medio de transporte. También usan sus pieles para fabricar ropa y tiendas. Su carne también constituye parte de la dieta de los pastores.
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El pelaje les permite a los renos mantener el calor de su cuerpo en las gélidas temperaturas del invierno ártico.
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Tanto los machos como las hembras tienen cuernos en la cabeza. Los de los primeros pueden alcanzar proporciones épicas. Los pastores los cuelgan en los árboles en señal de respeto.
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"El reno es nuestro hogar, nuestra comida, nuestro calor y nuestro transporte", le dijo a Survival un pastor de la etnia Nénet. Todas las fotos son cortesía de www.survivalinternational.org
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