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Orlando Barone y su paso por la Feria del Libro

El escritor, periodista y panelista del programa de televisión "6,7,8" fue una de las visitas del encuentro de las letras local. El lunes presentó el libro: "K, letra bárbara" y reflejó con el su postura acerca del ejercicio del periodismo actual.
Por Eugenia Cano

Después de haber sido el artífice del encuentro histórico - literario entre Borges y Sábato (allá por 1974), haber ejercido el periodismo cultural en los principales medios de la Argentina y contar en su currículum con unos cuantos libros, hoy a sus 75 años, Orlando Barone, levanta polémica sentado desde el panel del programa de la televisión pública: “6,7,8”.

Es que su mirada – amplificada por la pantalla chica - acerca de la realidad y del periodismo actual no es imparcial y esto por supuesto provoca seguidores y detractores. O, por lo menos, pone incómodo a más de uno.  

Orlando Barone habló acerca de su postura respecto de la prensa hegemónica.

Es con esta carga que el intelectual apareció encabezando la controversial lista de invitados de la Feria del Libro provincial que actualmente desarrolla sus actividades en el espacio cultural Julio Le Parc.

El domingo, disertó en la mesa temática: “Periodismo y poder” y, en el día de ayer, presentó su libro: “K, letra bárbara. Periodismo sucio y público sublevado”, en la Sala Circular.

Con la intensión de no repetir argumentos ya expuestos en la jornada anterior, Barone, comenzó su ponencia refiriéndose al marco que justificó su presencia en Mendoza: el encuentro literario. Evento al que describe como una “feria de vanidades”, donde siempre el que desfila es el “yo” de los escritores. Sin sacarle por esto, la importancia de la celebración, que siempre es social y culturalmente necesaria.

Cuestionándose referencialmente algunos postulados como: ¿Qué es uno a lo largo del tiempo?, ¿qué es ser culto?, o ¿por qué estoy ahí? Acerca al programa de televisión que a su edad le ha dado notoriedad masiva, el escritor fue contando anécdotas de su vida y argumentando sobre la existencia del libro que lo tiene como autor y que habla sobre el periodismo y su ejercicio.

“Un libro contiene posiciones del yo”, explicó. A lo que más tarde también agregó: “Yo soy los libro que leí. Los que me importaron, pero también los libros que elegí no leer. O las personas que elegí no conocer. Es la elección la que marca la posición de una persona”.

Desfilaron así, los nombres de intelectuales amigos que marcaron su carrera y pensamiento, como así también, la referencia a periodistas que hoy se encuentran en su vereda ideológica opuesta. Como es el caso, claro está, de Jorge Lanata y tanto otros.

Luego de este cuadro de situación que ocupó la mayor parte de la presentación, Barone, se introdujo más profundamente en el tema de la obra - ensayo que escribió: “K, letra bárbara. Periodismo sucio y público sublevado”. En referencia al libro, señaló su visión sobre el actuar de las corporaciones mediáticas, el rol del periodista en este contexto, el de los receptores y, también, la forma en que las altas tecnologías y las redes sociales han dejado al descubierto la manipulación de la información.

“He recibido pocos elogios del libro. No he recibido agravios. He recibido indiferencia, digamos. Se ha vendido mucho. ¿Eso qué quiere decir? Que la editorial está contenta. Pero no he recibido más elogios de personas que conozco mucho y que tenemos relación – es difícil que alguien confiese esto, ¿no?, pero siento que no fue entendido ¿Y saben por qué no fue entendido? Y tienen razón… Porque es un libro que no queda bien con el periodista – porque no queda bien conmigo desde ya – y tampoco queda bien con los lectores. Porque digo que los receptores también tienen la culpa de haber sido capturados por ese periodismo mentiroso. Y nadie quiere reconocer eso. Nadie quiere reconocer que Lanata era un ídolo hace unos años”, disparó polémico.

Respecto a esto último el escritor amplió: “Y otra cosa que creo, que el receptor tiene que darse cuenta que cuando uno habla, que cuando uno se expresa en un asado, en una reunión o en una mateada, ¿está hablando por uno mismo o está hablando por lo que le dicen los medios? ¿Uno habla por lo que piensa de la vida?, ¿del casamiento gay, de las nuevas libertades sociales, de la legalización o no del aborto por violación, de la integración de los pueblos originarios, de que a los chicos humildes se les de la asignación universal por hijo? Cuando uno habla de tal o cual cosa, ¿habla por uno?, ¿con ideas que fue amasando en su interior con espontaneidad, por su cultura o incultura?, ¿o es hablado por los medios que le hablan y uno repite sin darse cuenta que uno no es un sujeto sino un sujetado? Entonces este libro cuestiona todas estas cosas. También cuestiona a mis colegas los buenos. No es que yo salvo a los buenos. No hay buenos en esta historia. Hay gente vulnerable. Hay unos más mercenarios que otros y hay otros que en realidad quieren redimirse de sus propias equivocaciones”.

Por último, su postura acerca del papel que cumple la prensa hegemónica en la actualidad, fue acompañada por frases que se citan en su libro. Definiciones arbitrarias que Barone fue recolectando para argumentar el desempeño de la profesión. Como por ejemplo: “Una verdad sin interés es eclipsada por una mentira emocionante”, a lo que siguió con la explicación: “El periodismo es la mentira emocionante, un gobierno la verdad sin interés. El periodismo se nutre de eso y el periodista lo sabe”.

También habló sobre la idea formada durante años de que el periodista privado tiene más libertad de aquel que trabaja para el Estado. O la concepción de que al empleado del Estado lo pagamos entre todos y al de la empresa no. En ese sentido señaló: “Dicen que al (periodista) del Estado le pagamos nosotros los contribuyentes y yo me pregunto: ¿Quién les paga los salarios de fábula que ganas los ídolos de los medios hegemónicos o dominantes? ¿De dónde sacan la plata los grupos dominantes? La sacan de nosotros. Cuando uno va a pagar un producto le está pagando el sueldo a Nélson Castro”.

El escritor cerró la presentación con otro pasaje del texto: “James Bond - el Agente 007 - tiene permiso para matar. El periodismo opositor, hegemónico, tiene permiso para todo. Para mentir, manipular, injuriar, tergiversar, desinformar, sentenciar. Y lo que es peor, tiene permiso para destituir”.

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