Entre el trazo fantástico y el relato oral, el surrealismo callejero y la ocurrencia propia del habla corriente, se mueven los cuentos del libro Quequén. La culebra dinosáurica y otros relatos patagónicos del escritor neuquino Ricardo Fonseca.
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Surrealismo y relato oral sobrevuelan los cuentos de Fonseca
Algunos de los relatos del libro, publicado por la Editorial de la Universidad del Comahue, con sede central en la provincia de Neuquén, incorporan seres imaginarios que, desde el mito y la leyenda, pueblan el imaginario popular.
Nacido en la antigua capital neuquina, la ciudad de Chos Malal (en mapuche: corral amarillo), situada en una zona patagónica cercana a la Cordillera del Viento, con un paisaje de altas cumbres y arroyos de aguas calientes, Fonseca señala que le presta oreja a la narrativa oral, folclórica que todavía se hace oír en los ámbitos semi-rurales.
El escritor y profesor de Letras, cuyos textos se incluyen en Cuento y poesía patagónicos, Conversaciones con la Patagonia y Poesía neuquina de los 90, dice que no se considera narrador, sino un escritor que se mueve con diálogos atravesados por el registro oral y el decir de lo que no se dice, para que se escuche la fluidez del habla.
Entre sus vecindades menciona referentes esenciales de la narrativa latinoamericana, entre ellos Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Juan José Saer y Julio Cortázar; pero también una larga franja que va de Cervantes hasta José Saramago.
Una labor menos conocida del autor es la de letrista de canciones -de hecho en su libro abunda el contrapunto de coplas- que han interpretado artistas varios como el uruguayo Alfredo Zitarrosa, la peruana Tania Libertad y el Coro del Neuquén.
Se me cuela en algunos relatos esa veta de letrista -precisa-, quizás por el hecho de no renunciar a las poéticas de la literatura popular, en la cual el sonido y el sentido de las palabras se alimentan o retroalimentan entre sí buscando la complicidad de una lectura que se vaya haciendo su propia película a medida que va paisajeando lo textual.
Sostiene que es un ingrediente fundamental de sus relatos el humor, que ayuda a la buena salud del texto literario y a la circulación de su lectura: En mi caso trato de que el humor sea una marca; mezcla de surrealismo callejero y de ocurrencia propia del habla corriente.
El absurdo también es una marca de estos relatos, que tienen que ver con los buceos del autor, dice, en la metafísica, y en el vislumbre de la complejidad del existir allí donde el sinsentido, tal vez prevalezca sobre un sentido centralizador; ¿Dios acaso o acaso Dios?.
Fonseca incorpora en sus cuentos los mitos y leyendas populares que, asegura, están en función de darle más vivacidad y verosimilitud a ciertos textos que necesitan de esa tensión entre lo ya dicho y consagrado folclóricamente y lo que se está contando en un presente continuo de la escritura.
Algunos protagonistas de los relatos de Quequén. La culebra dinosáurica son seres imaginarios en la línea de algunos personajes del imaginario popular como el Lobizón, la Mulánima, el Yagareté: Esta recurrencia tiene que ver con remanentes del mundo onírico o de pesadillas y traumas no resueltos. Literariamente se justifican en la creación de cierta atmósfera propiciatoria para provocar el terror.
Estos bestiarios, en mi caso, cumplen con la función de actualizar el mundo de las fábulas, cuyos personajes son estas criaturas más bien animalescas, más allá de que se puedan mirar como emblemas de los sentidos o instintos preracionales.