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Sueños de libertad

Un documental de la CNN pone en evidencia la trata, tortura y hasta ablación de órganos de cientos de africanos que intentan atravesar el Sinaí, desde Egipto para refugiarse en Israel.
Por Sección Cultura

El desierto da la sensación de ser uno de los lugares más solitarios del planeta, pero una vez que uno entra en él, nada es lo que parece.

Kilómetros y kilómetros de arena caliente, viento erosivo y un sol que enceguece y deshidrata. Son obstáculos duros para vencer segundo a segundo en una larga travesía, para cruzar desde África hasta Israel, a través de la península de Sinaí. Son obstáculos difíciles, pero los refugiados africanos se arriesgan para poder llegar a lo que ellos consideran una vida mejor.

Sin embargo, en el camino hay otros peligros que los esperan, como los trafi cantes de personas, que los raptan, violan, torturan y hasta realizan ablación para extraerles los órganos y venderlos. Esta odisea puede durar muchos meses, hasta que deciden liberarlos o matarlos. La mayoría de los prisioneros provienen de Sudán, Etiopía y Eritrea. Eso es lo que documentó “Death in the Desert”, hecho por el corresponsal de CNN Frederik Pleitgen el año pasado en el marco del programa “Feedom Project” de la señal internacional.

En su momento causó gran revuelo y seiscientos refugiados que estaban en cautiverio fueron liberados en noviembre de 2011 por los jefes del tráfi co de personas, que se sintieron acorralados. Ahora, el periodista alemán volvió al lugar para ver la nueva situación. De ahí surgió la segunda parte, “A Stand in the Sinai”, que el 21 de septiembre, a las 12.30, se estrenará por CNN Internacional. En una entrevista exclusiva Pleitgen relata a 7 DÍAS sus vivencias en el desierto.

–Cuando se estrenó el primer documental provocó muchos cambios. ¿Cómo experimentó esos sucesos? ¿Cómo lo afectó en lo personal y en lo profesional?

–En ese momento, la situación en Sinaí era muy mala. La península es un lugar al que vos vas y sabés que hay cosas que están pasando en secreto, pero no podés vislumbrar cuáles son. Los beduinos son una comunidad muy cerrada. La mayoría están envueltos en alguna forma de contrabando, pero sólo algunos pocos trafi can personas. En ese momento yo no podía creer que los reportes que recibíamos sobre lo que sufrían los refugiados africanos eran verdad.

–¿Cuál fue el primer contacto en el 28 lugar que tuvieron con esta realidad?

–El primer lugar al que fuimos fue la morgue en El Arish. Estaba lleno de cadáveres de inmigrantes que estaban realmente desmedrados y ahí fue cuando se nos hizo muy claro que los rumores eran verdad. Después nos juntamos con jeques beduinos muy poderosos y de a poco comenzaron a contarnos más y más sobre lo que estaba pasando. Esto incluía torturas, violaciones, extracción de órganos. Hicimos un largo proceso de investigación para probar todas estas cosas, nos llevó tiempo porque Sinaí es un lugar muy difícil de penetrar. Toda esta experiencia me hizo cambiar mis puntos de vista sobre muchas cosas. Pienso que me volví una persona más humanitaria y que tiene mucha más empatía por la gente que renuncia a todo para escapar de su tierra y soporta cosas terribles para llegar a lo que ellos esperan que será un mejor lugar.

–¿Qué encontró cuando volvió?

–La mayor diferencia que encontré fue que el poderoso jeque beduino (Mohammed Abu Billal), que nos había ayudado antes, había logrado formar una alianza contra el tráfi co de personas. Es un gran paso porque el problema sólo puede resolverse si los beduinos mismos quieren cortar con estos abusos. Ahí no hay policía egipcia, así que los beduinos son la ley en esa tierra. Los jeques buenos armaron un refugio para llevar a los refugiados africanos que se escapan de los campos de tortura, les dan comida y ropa. Ellos además avergüenzan públicamente a aquellos que dirigen los campos y tratan de aislarlos económicamente. En un lugar que está basado en lazos tribales, esto puede tener una gran infl uencia y esta alianza logró reducir el número de personas envueltas en el tráfi co y tortura, de 120 a 25. Sin embargo, el negocio sigue funcionando y los precios por conseguir liberar a un refugiado de uno de estos campos, se catapultó de unos 15 o 20 mil dólares, a unos 35 o 60 mil dólares.

–¿Usted y su equipo sufrieron algún tipo de amenaza o episodio violento mientras hacían la investigación?

–Siempre tuvimos que ser absolutamente cuidadosos al entrar en el área de Sinaí. Hay bandas de islamitas violentos que deambulan por la zona y esto se vio con los recientes ataques a los puestos fronterizos de Egipto e Israel. Pero, en general, nos sentimos seguros con los jeques beduinos y quedándonos en sus casas en el desierto. Incluso ellos no atacan a los trafi cantes de personas y nos advirtieron si tratábamos de ir para donde ellos estaban nos iban a matar.

–¿Considera que los cambios que se dieron en la región van a ser permanentes o pronto las cosas van a volver a su estado original?

–Pienso que si los jeques continúan haciendo este trabajo, los cambios pueden ser a largo plazo. Sinaí siempre fue un nido de contrabando y trata de personas y probablemente siempre lo será. Lo que el grupo está tratando de eliminar son los abusos a los derechos humanos.

Fuente: Infonews

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