En los últimos tiempos se difundió la noticia de que las industrias culturales son capaces de generar más del 7% del PBI en países de la región. Esa revelación pareció estimular a los gobiernos para estudiar el impacto de la cultura, algo que antes no merecía consideración entre las prioridades de políticas públicas. Cultura y desarrollo.
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Desafíos de lo nuevo
Una visión crítica desde los jóvenes , coordinado por Néstor García Canclini y Maritza Urteaga, relativiza y pone en su lugar esos hallazgos, a la luz de la nueva composición social de los protagonistas de la cultura y las inéditas formas de creatividad y sociabilidad que impulsan las generaciones emergentes, las que requieren otras destrezas y generan nuevos interrogantes con relación a su sustentabilidad. Las instituciones de la cultura, instaladas mayormente a fines del siglo XIX -museos, archivos, bibliotecas y teatros públicos-, no parecen estar en condiciones de adaptarse adecuadamente a estos tiempos, y otras apenas más modernas como las casas editoras, las discográficas o las galerías de arte y centros culturales están sobrellevando cambios drásticos. Todas estas circunstancias se reflejan en las tensiones que se crean entre unos y otros y con relación a un público más vasto.
La producción de la música popular alternativa es un fenómeno interesante a analizar, pues allí interactúa la economía con la cultura de un modo distinto de como lo hace en las artes visuales. En aquélla las casas de remate, las galerías comerciales exitosas y los mecanismos de legitimación de ferias y museos cumplen un rol muy establecido. En el caso de la música popular alternativa, esto es, aquella que no desestima el circuito comercial pero que extiende su marco de acción a partir de la ruptura y cuestionamiento de las generaciones emergentes, las vías de producción y circulación no están necesariamente ligadas a los sellos discográficos dominantes. La investigación que realizan el historiador cultural Woodside, la etnóloga Jiménez López y la investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) Maritza Urteaga se centra en las modificaciones que en la actualidad se advierten en el sector y resulta aplicable a toda la región: disminución de los costos de creación musical; el acceso mediante páginas web, podcasts , radios por Internet y redes Peer to Peer (P2P); disminución de la venta del disco, aumento de la venta online y búsqueda de otras formas de acceso económico por parte de las disqueras y los músicos; nuevos enfoques y actores en el campo; menos "artistas de estadio" y más colaboración horizontal y foros de comunicación a pequeña y mediana escala.
El estudio de las estrategias creativas a partir de las nuevas redes generacionales permite anticiparse a las formas de producción, distribución y consumo culturales, y facilita el análisis de las distintas ópticas acerca de la vinculación entre cultura y desarrollo. Desde luego que esta juventud creativa no es toda la juventud, sino que convive con la "ni-ni" (ni trabaja ni estudia) y la legión de desocupados que no alcanzan a transformarse en actores de su tiempo. Con ellos comparten la precariedad y la inestabilidad laboral o en todo caso la multiplicidad de empleos para poder solventar su vocación artística. Se trata de un nuevo tipo de actores que trabajan no para hacer carrera a largo plazo sino más bien organizados en proyectos de corta y mediana duración basados en la creatividad e innovación. Este libro los presenta como prosumidores. En vez de consumir o poseer obras prefieren intercambios, participar en los procesos y los circuitos donde se redistribuye la creatividad. Nada de esto excluye la cultura off-line con la que se trabaja de modo interdisciplinario, aunque la pregunta de los autores persiste: "¿Qué tipo de sociedad engendra el trabajo por proyectos inestables?" A pesar de la favorable influencia de las nuevas tendencias, los autores no dejan de observar que los creativos por ahora continúan condenados a la intermitencia y la precariedad.
En su libro anterior, La Sociedad sin relato (2010), García Canclini buscaba un marco analítico para el arte contemporáneo e hipotetizaba los comportamientos que ahora corrobora este estudio de campo. En realidad, toda la obra previa del autor ha ido desbrozando el camino que le permite encarar con solvencia y originalidad los procesos culturales que afloran a partir de los hábitos recientes de sociabilidad y uso de la tecnología. Diferentes, desiguales y desconectados (2004), Consumidores y ciudadanos (1995) o el temprano Culturas híbridas (1990) han señalado, paso a paso, las disputas por la producción y el acceso a los bienes culturales en una sociedad que ha modificado los sistemas de exclusión pero que no los ha remediado.
Fuente: La Nación