ver más
°
Rareza

La terrible agonía de no sentir dolor

A simple vista, la idea de vivir sin sentir dolor parecería una panacea, sin embargo la realidad demuestra otra cosa.
Por Sección Ciencia y Tecnología
A simple vista, la idea de vivir sin sentir dolor parecería una panacea.

Sin embargo, lejos de garantizarnos una vida libre de las penurias asociadas al malestar físico, la incapacidad de experimentar dolor -que es una de las formas que tiene el cuerpo para indicar que algo le está causando daño- nos coloca en una situación de alto riesgo.

Si no sentimos dolor, ¿cómo darnos cuenta de que nos hemos roto un brazo o de que, quizá, nuestro apéndice está a punto de estallar en pedazos?

Estos son precisamente algunos de los temores con los que vive Steven Pete, un estadounidense de 31 años que nació con analgesia congénita, un raro trastorno genético que le impide sentir ninguna clase de dolor físico.

"Tenía unos cuatro o cinco meses cuando me diagnosticaron", le dice Pete a BBC Mundo. "Me habían empezado a salir los primeros dientes y ya me había comido casi un cuarto de la lengua", recuerda.

"Me llevaron al pediatra. Él pasó un encendedor por la planta de mi pie y esperó hasta que me saliera una ampolla. Cuando vieron que ni me inmutaba, empezaron a pincharme la espalda. Yo seguía sin reaccionar. Al final llegaron a la conclusión de que tenía analgesia congénita".

Uno en un millón
La analgesia congénita, (CIP, por sus siglas en inglés), es un desorden genético que afecta a una persona en un millón. Hay varios tipos, pero en su forma más general, quienes la padecen experimentan todo tipo de sensaciones excepto dolor.

Pueden sentir que se están cortando, la vibración de un golpe o el calor intenso que provoca el contacto con una superficie caliente, lo que no perciben es el dolor asociado a estas experiencias.

Este trastorno no tiene cura y, básicamente, lo único que puede hacer las personas que viven con CIP es evitar las situaciones que representen un riesgo.

A pesar de que esta condición genera un sinnúmero de problemas colaterales, como por ejemplo daños en las articulaciones, "los pacientes no mueren a causa de ello y pueden vivir por muchos años", le dice a BBC Mundo el cirujano ortopédico Jan Minde.

Este médico sueco tiene tiene amplia experiencia en este trastorno debido a que el hospital en el que trabaja está en las inmediaciones de Vittangi, una localidad en el extremo norte de Suecia que se caracteriza porque allí viven cerca 20 personas con esta anomalía, una cifra en apariencia menor pero extraordinaria para un trastorno tan inusual.

"Yo he visto pacientes con CIP que viven hasta pasados los 90 años", agrega.

No obstante, las heridas acumuladas durante tantos años dejan secuelas inevitables.

"Tengo que aceptar que en algún momento voy a perder mi pierna izquierda", le dice a BBC Mundo Pete. Su rodilla sufrió tanto a lo largo de los años, que los médicos le recomendaron que la mejor solución, una vez que la articulación no resista más operaciones, es amputar la extremidad.

Fuente: BBC Mundo

Te Puede Interesar