Hay un postulado que en la Argentina kirchnerista no se discute: el consumo interno es la base del modelo. Desde ese pilar de expansión el Gobierno traza muchas de sus políticas de Estado. Ahora bien, ¿qué pasará con esa variable? El ministro de Economía se ha quedado sin voz pública. Las escasas y esporádicas apariciones de Hernán Lorenzino, titular de la cartera, hay que buscarlas en actos públicos sin preguntas, en los que generalmente se anuncia y enuncia algún determinado plan. Para tratar de entender para dónde va el rumbo de esta variable quedan dos caminos: las palabras de la presidenta Cristina Kirchner y las cifras que toman la temperatura de las ventas.
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El consumo, con pies de plomo: empieza un semestre complejo para un pilar del modelo
Los argentinos tienen menos confianza y sus expectativas futuras no son mejores; las empresas se preparan para una segunda mitad de año con menos ventas y poca rentabilidad.
¿Qué se desprende del trabajo? "A partir de septiembre de 2011, después de casi tres años de crecimiento, el ICC muestra una tendencia decreciente. Esto se acentuó en los últimos meses; allí el índice alcanzó los niveles mínimos de los últimos dos años. Esta caída del ICC anticipa una disminución en el consumo", resume Sandleris.
La Argentina transita por una de sus paradojas económicas. Las restricciones a la compra de dólares, que molestan y minan la confianza y el humor, funcionan también como el último empujón al consumo que queda. "El mensaje que da el Gobierno es que no se puede ahorrar de ninguna manera. El dólar oficial no se consigue y las tasas bancarias pierden contra la inflación. Entonces, no queda más que consumir", dice el economista Camilo Tiscornia, de Castisgliione & Tiscornia. Sin embargo, agrega, cuando se suman factores como contracción del mercado laboral, no es tan fácil que los actores económicos se dediquen a comprar: "Cuando pasa esto, la gente no sale a comprar y gastarse todo el dinero. Prefieren ahorrar en pesos, pero no gastar todo".
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Fuente: La Nación
