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Murió el escritor argentino Héctor Bianciotti en París
Falleció ayer víctima de una larga enfermedad. Entre algunos de sus textos más recordados están El amor no es amado y Sin la misericordia de Cristo. Había emigrado hacia Europa en 1955.
Pero reconocía que poseía un "muy buen francés. Un francés que sorprende a la gente porque nunca utilizarían las palabras que yo empleo".
Bianciotti trabajó para Le Nouvel Observateur, Le Monde y para La Quinzaine littéraire, y como lector y editor en la casa Gallimard; su nombre se hizo más notorio para el gran público a raíz de su cercanía con Jorge Luis Borges.
El escritor (además de sus afinidades estéticas con el autor de "Ficciones"), fue el responsable de la traducción al francés de las obras completas de su colega, que se publicaron en la editorial donde trabajaba.
Otro de los editores de ese sello es Philippe Sollers. Bianciotti publicó, entre otros libros,"El amor no es amado", "Los desiertos dorados", "Detrás del rostro que nos mira", "Ritual", "La busca del jardín", "Lo que la noche le cuenta al día", "El paso tan lento del amor" y "Como la huella del pájaro en el aire".
En 1977, ganó el premio Médicis para escritores extranjeros: en 1983, el premio al mejor libro extrajero; en 1985, el premio Femina; en 1993, el Pierre de Monaco y en 1994, el de la Lengua Francesa.
En alguna oportunidad, el poeta mexicano y Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, dijo que la literatura de Bianciotti "no describe: evoca, convoca. Un arte más cerca de la música que de la pintura.
Bajo perfil y sobriedad, partió para Europa, según le dijo a esta agencia, "asustado por un cierto aire de intolerancia cívica que se empezaba a vivir en la Argentina" posterior al golpe cívico-militar contra Juan Domingo Perón.
"Mi obra le debe mucho a Borges, y mucho también a José Bianco (secretario de redacción de la revista Sur). Mis gustos son clásicos: los griegos y los narradores europeos del siglo XIX, especialmente Henry James y Oscar Wilde".
"Lo que la noche..." quizá sea su pieza más notable. "Ese texto es un ajuste de cuentas con mi pasado en el territorio pampeano", donde nunca pudo acostumbrarse a la disciplina del colegio de curas donde estaba internado, y donde descubrió la literatura de Paul Valéry.
"La novela es, de alguna manera, autobiográfica, pero eso no quiere decir que no se puedan hacer otras lecturas. No descaro ni siquiera una lectura política", decía Bianciotti en 1993.
Sus textos no eran estridentes ni escandalosos. No había épicas ni grandes heroísmos.
El escritor acaso haya sido un hombre metido en su mundo pero sus amigos recuerdan su generosidad y cultura y una humildad que sólo quebraron los medios cuando acompañó, en Ginebra, los últimos días de Borges".