Escondido tras una espesa vegetación, el mayor parque oriental de Europa pasó inadvertido durante décadas perdido en Francia. Un recorrido visual a través de sus árboles centenarios y jóvenes bambús, plantas locales y especies originarias del Imperio del Sol Naciente.
Maulévrier, Japón a la francesa
Los arbustos de azalea recortados como bolas conducen al Cuerno de Oro, un vestigio de un templo tailandés.
Gilles Bassignac
Símbolos japoneses: el torii de madera roja indica la entrada. Un lugar sagrado, la linterna y el cerezo en flor. Gilles Bassignac
Cada agosto, los pintores, aficionados o profesionales, son invitados a crear una obra inspirada en el parque. Gilles Bassignac
Los primeros rayos del sol de verano se reflejan en el embarcadero. Gilles Bassignac
Una imagen de las orillas del estanque durante el verano. Gilles Bassignac
La bruma de la mañana se eleva sobre el puente japonés y el tejo irlandés conocido como el Dragón. Gilles Bassignac
El tronco tortuoso de un arce japonés, uno de los más emblemáticos del conjunto. Gilles Bassignac
El parque oriental cuenta con una centena de especies de arces. Gilles Bassignac
El puente de piedra permite a los visitantes escapar de los espíritus malévolos. Gilles Bassignac
Todos los años los jardineros seleccionan las cañas de bambú a eliminar para conservar la transparencia del macizo. Gilles Bassignac
El parque bajo la nieve. Un carpe podado con el arte milenario del 'niwaki' deja ver su esqueleto. Gilles Bassignac