Opinión
Inflación alimentaria, el flagelo que destruye cualquier esperanza
Domingo, 8 de mayo de 2022Por Marcelo López Álvarez.

 La economía sigue siendo el foco del conflicto del Gobierno, no solo con la sociedad sino también con los integrantes de su propio espacio político. Si hasta ahora ese disgusto había sido expresado por los votantes en las elecciones de medio termino y en la política por referentes importantes de Unidad Ciudadana dentro del Frente, la formalidad del debate interno llegó el viernes con las palabras de la vicepresidenta de la Nación en el Chaco.

Cristina Fernández de Kirchner dejo en claro que no son rencores personales, ni siquiera de conflictos por espacios de poder (de hecho, no cuestiona casi ningún otra área del gobierno) sino una visión claramente distinta de cómo llegar al objetivo compartido de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y cumplir el contrato electoral.

Los cuestionamientos a la forma de llevar adelante la política económica y sobre todo de cómo se puede llegar, a partir de las mejoras de la macro, a mejorar los salarios, el trabajo y la calidad de vida de los trabajadores ya dichos por la Vicepresidenta de la Nación toman otra dimensión.

Es una falacia decir que el Frente de Todos está roto, como también lo sería decir que recién ahora la Cristina Fernández advierte o pone el tema sobre la mesa, ya lo había hecho antes de las elecciones de medio termino en aquel recordado acto donde advirtió sobre los funcionarios que no funcionan y poco tiempo después su desarrollo sobre la problemática de la economía bimonetaria de facto que asola a la Argentina y sugirió que los dirigentes o funcionarios que tuvieran miedo de afrontar los desafíos del poder dejaran su lugar.

¿Es lógico que estas disputas sean a cielo abierto? Cada maestro con su librito suele decirse y en la política es lo mismo, hay quienes sostendrán que se deben dirimir estas disputas en privado y quienes creerán que de cara a la sociedad es el método más transparente y democrático.

Lo cierto es que en los meses que pasaron desde aquellas declaraciones de la presidenta del Senado no hubo forma de acercar posiciones y el Presidente y los funcionarios del área económica parecieron profundizar el camino cuestionado por la ex mandataria.

La realidad marca (como ya lo hemos escrito más de una vez) que los números de la macroeconomía le dan la razón a los ejecutivistas, sin embargo, la micro economía, la inflación, los salarios etcétera parecen otorgársela a los seguidores de la vice presidenta.

El próximo jueves cuando el INDEC de a conocer el índice de precios al consumidor de abril será más bajo que el anterior pero aún por arriba del 6 por ciento, lo que profundizará el espiral si no se toman medidas de fondo y rápidas para terminar con lo que se está transformando en un proceso especulativo sin control. Pero si el número es alto aún es más preocupante que lo que podríamos llamar la inflación alimentaria aún por arriba del guarismo del IPC lo que profundiza la crisis de los sectores asalariados tanto formales como informales.

Un trabajo conocido está semana del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi) centrado en el Gran Buenos Aires (pero que no difiere demasiado con lo que pasa en el Gran Mendoza) da una certera magnitud del crisis a la que lleva la inflación a los salarios e ingresos de las familias argentinas.

Según el relevamiento mensual que realiza en Instituto de 57 productos de la Canasta Básica de Alimentos (CBA) en los negocios de cercanía de los barrios del conurbano bonaerense, en abril pasado una familia de dos personas adultas y dos hijos en edad escolar necesitó 41.833,74 pesos para adquirir sus alimentos básicos para todo el mes. Esto significó un incremento de 8,8% (3.384 pesos más que en marzo) respecto a lo que debía gastar por el mismo concepto sólo un mes antes. O sea, dos puntos más que la inflación de ese mes.

El trabajo del ISEPCi destaca que en lo que va del año los alimentos de la canasta básica experimentaron un incremento del 31,3%, mientras que desde abril del 2021 marcaron una suba récord de 63,5% para un año, casi 10 puntos más de la inflación acumulada, en ese periodo.

Eso explica porque por más que alguna paritaria o los bonos a jubilaciones y programas sociales digan que están empatados o le ganan al IPC por uno o dos puntos la sensación, o mejor dicho la certeza, de que el dinero no alcanza es absolutamente cierta.

En el trabajo también se encuentra la explicación del por qué los diversos programas del Gobierno de control de precios, que siempre hemos sostenido son acotados e inaccesibles para la mayoría de la población, no dan resultado.

Los investigadores destacan que "En abril los cortes populares que componen el rubro carnes de la Canasta Básica volvieron a encabezar los aumentos: 14,88% en treinta días (NdR: más del doble de la inflación), mientras que los productos de almacén subieron 8,19% mientras que las frutas y verduras tuvieron una leve baja de 2,31%. Desde abril del año pasado las carnes se incrementaron 69,32%, el almacén 69,14% y las frutas y verduras subieron "sólo" 37,19%."

En tanto que "Para solventar los gastos de la Canasta Básica Total (CBT) compuesta por los alimentos y los productos indispensables de ropa, transporte, tarifas, educación y salud, las mismas familias debieron contar en abril con 94.125,91 pesos ,o sea 6.836 (7.83%) más que en marzo, y 33.486 pesos más (55.22%) que un año atrás cuando el valor de la CBT era 60.639,36".

El problema está más que bien descripto no solo por la vicepresidenta sino por trabajos serios como el del ISEPCi o de tantos otros institutos de estudios y por la propia sociedad que lo sufre a diario. El tema, una vez más, es que los días pasan nadie parece ponerle el cascabel al gato y las opciones extremas que derivaran en situaciones aún más complicadas siguen ganando terreno.

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