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Estado de Sitio

Estallar o no estallar, es la cuestión

Por Marcelo López Álvarez.

Mientras el Presidente volaba a La Pampa para la reunión de gabinete en las capitales alternas (una idea del comienzo de su gestión tan deslucida y poco efectiva como tantas otras) ocasión en la cual con un discurso llenó de errores e inexactitudes anunciaba que se ponía a favor de la provincia que lo acogía para laudar sobre Portezuelo, la interna del oficialismo quedaba una vez más a cielo abierto.

En una especie de operación tenaza, la vicepresidenta -muy sutilmente- y el ministro de Acción Social bonaerense, Andrés Larroque sin ninguna sutileza cargaron contra las que consideran áreas del Gobierno que a su entender no funcionan o no comprenden el momento político y económico. Los famosos funcionarios que no funcionan sobre los que Cristina Kirchner puso la lupa ya en mayo del año pasado en la campaña electoral.

Andrés Larroque habló con nombre y apellido de Martín Guzmán, Matías Kulfas y Claudio Moroni como constructores de la derrota, e incluso llegó a asentir a la periodista cuando le preguntó si Alberto Fernández había traicionado el compromiso electoral y aseguró que es el responsable de las operaciones de desgaste de Cristina

La ex presidenta que sigue siendo la figura central del oficialismo (según una encuesta muy reciente de Zuban Córdoba tiene un 30 por ciento de intención de voto, lo mismo que Mauricio Macri y Javier Milei en una perfecta partición en tercios), prefirió una forma más sutil y aprovechó la visita a su casa de Pilar del Rio, la esposa de José Saramago, para traer del pasado una vieja anécdota con la misma Del Río en 2003 cuando está le preguntó como iban a gobernar con tan pocos votos; "Mi respuesta fue única y categórica: nos íbamos a legitimar gobernando... porque se podía ser legítimo y legal de origen y no de gestión" recordó CFK que contestó en aquel momento. No parece que haga falta ponerle el nombre del destinatario de la frase volcada en la  red social Twitter y el Presidente respondió en La Pampa cuando aseguró "El Gobierno no es mío, no es de nadie, es del pueblo".

La pirotecnia es cada vez mas intensa y gana espacio en los medios y en la comidilla política sin embargo lo que desaparece es la discusión política de fondo, lo que realmente interesa a la sociedad que no es otra cosa que la economía del país y como se da vuelta una situación de los últimos años, inédita en la Argentina, que no es otra que la de trabajadores registrados con empleos formales cuyos sueldos están en promedio por debajo de la línea de pobreza.

Lo que se viene planteando de fondo son dos miradas de un proceso económico que (como ya hemos dicho más de una vez) no logra transferir a ese colectivo de trabajadores formales e informales, a la ciudadanía en general los números positivos de la macroeconomía.

Ese eslabón perdido en manos de la inflación y la concentración es hoy el secreto de la redistribución de la riqueza que se genera. La pregunta que no se contesta es si es cuestión de nombres o de ideas y de decisión política.

¿Si el presidente aceptará cambiar los nombres cuestionados se cambiarían las políticas o los métodos? Probablemente no. Entonces ¿es conducente discutir nombres? La respuesta más acertada sería seguramente, ota vez, no. Lo necesario es plantear planes a mediano y largo plazo para generar políticas y procesos perdurables que permitan cambiar la ecuación de manera tal que se transformen en políticas de estado. Para ello (como transmitíamos ayer en la charla con Mario Riorda) es necesaria la construcción de coaliciones y consensos para desarrollar políticas que permitan entre otras cosas desarrollos regionales que rompan con los centralismos y las concentraciones.

Casi todo lo contrario a lo que mostró ayer el presidente con su decisión sobre Portezuelo del Viento

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