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Portezuelo del Viento: Una decisión para la tribuna

Un árbitro parcial para los pampeanos

Por Cristian Pérez Barceló.

El conflicto que mantienen los pampeanos con Mendoza por Portezuelo del Viento sufrió hoy una de las menos decorosas decisiones de parte de quien está encargado del laudo que debe definir la controversia: el Presidente, en su carácter de árbitro, no tuvo mejor idea que ir a la "casa" de una las partes a anunciarle a viva voz que iba a mediar a favor de ella: La Pampa.

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Es, ciertamente, una actitud que supera la línea de equilibrio que se espera en un arbitraje, donde las decisiones se deben tomar sin dejar ni un rasgo de sospecha y sólo sobre la base de una resolución fundada, justa y razonablemente equidistante.

Porque no sólo le levanta los brazos de la victoria a La Pampa en su propia tierra, para lo cual el Presidente hasta se tomó el trabajo de viajar personalmente para anunciarlo, sino que además actúa de manera extemporánea, al punto de que hace un anticipo informal de la determinación final.

Para entenderlo mejor, es como si el Papa Juan Pablo II que laudó por el conflicto de Beagle entre Argentina y Chile, hubiera visitado a uno sólo de los dos países antes de tomar la decisión, y en esa tierra hubiera anunciado que se decidía a favor de los reclamos de uno de ellos.

El Papa tuvo la sabiduría y el equilibrio de ofrecer secretamente su propuesta a las cancillerías, pero en la Santa Sede. Cuando visitó meses después nuestro país, no hizo mención alguna hacia dónde iba a ir su decisión. Y recién cuando ambos países firmaron el tratado de Paz en Roma, es que decidió visitar ambas naciones por igual.

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Es que un árbitro no debe mostrar tendencia o predilección ni simpatías personales, ideológicas, y mucho menos políticas.

Es lo que no hizo con su gesto de hoy, el encargado del laudo, término que hace referencia a una decisión o sentencia de árbitros o amigables componedores. Nada de ello surge en el informal, parcial y casi burlesco pre anuncio de su resolución en favor de una de las partes del conflicto; sin siquiera visitar a la otra, como para explicarle también en la cara su resolución. 

Es como el árbitro que en un partido de fútbol juega para la hinchada del equipo local, anunciando sus decisiones con gestos ampulosos para que le aplaudan cada fallo.

El árbitro de un caso tan trascendente como el que implica el conflicto citado, debe saber que cada palabra que use, el lugar dónde la diga y en el momento en que lo haga, no deben dar pie a sospecha alguna.

Hoy, asistimos a un anticipo de una decisión, a un anuncio que debió haberse dado en el lugar y momento adecuados y equidistante de las partes intervinientes en el conflicto: es decir, en Buenos Aires y en un acto formal ante todos los involucrados presentes.

La informalidad, la extemporaneidad, pero sobre todo, la desubicación por el lugar elegido, suenan más a una decisión para la tribuna que una determinación justa, racional y equilibrada


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