"El peronismo mendocino se ha nacionalizado demasiado, tenemos que ser más mendocinistas", dijo en una nota hace poco tiempo atrás el intendente Emir Félix, uno de los líderes del PJ local y cuya enfermedad puso en pausa el armado de un proyecto provincial que intentaría resurgir de las cenizas, apartarse de algún modo del mal momento nacional y demostrar, haciendo pie en intendencias fuertes, que ir por la Gobernación de Mendoza es posible.
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El PJ mendocino trata de zafar de la "era del hielo"
En el medio sucedieron muchas cosas, como el voto en contra del acuerdo con el FMI de Anabel Fernández Sagasti en el Senado, cuando desde las bases justicialistas departamentales se había decidido apoyar a Alberto Fernández.
Anabel votó siguiendo la línea del kirchnerismo. Y en Mendoza se abrieron nuevos y fuertes interrogantes: ¿Está la presidenta del PJ provincial representando a los peronistas?
Más allá de las fotos de entendimiento -como esa que la propia Fernández Sagasti protagonizó esta semana con Santiago Cafiero, o como esa otra que se viralizó localmente en la que Adolfo Bermejo toma un amistoso café con Lucas Ilardo- está la realidad de una interna helada como un témpano que amenaza con congelar al peronismo en su totalidad.
Los analistas políticos se dividen entre los que prefieren leer las tensiones intestinas en el partido gobernante desde la cúpula nacional hacia abajo, donde entran las provincias y los distritos. Pero otros, más cercanos geográficamente, hacen la lectura desde lo que ocurre en Mendoza donde el justicialismo es oposición, y luego van a la generalidad intentando entender cómo el desamor entre Cristina y Alberto los marcará localmente.
Hay datos que hablan.
Hubo dos departamentos sureños que fueron a elecciones partidarias este mes para alinearse con el resto de los distritos y elegir presidente: General Alvear y Malargüe.
En Alvear, la lista que llevaba a Néstor Otero como presidente le ganó a la que cargaba con todo el peso de La Cámpora y de la conducción nacional. O sea, le ganó a la lista oficial. El factor que jugó fuerte en General Alvear para este triunfo fue el ex intendente Juan Carlos De Paolo, quien movilizó a "la tropa" y logró que votara gente que hacía mucho no se acercaba al partido.
En Malargüe se impuso la lista que impulsaba Celso Jaque.
Así las cosas, y en una lectura que desde el sector de Los Intendentes se hace sólo para los íntimos, lo cierto es que el peronismo tradicional está moviendo los naipes para utilizar a este 2022 como plataforma de despegue, intentando llegar con una propuesta electoral para el año próximo que convenza al electorado mendocino.
Y aquí viene el desafío.
El PJ mendocino debería olvidarse de frases como "volver a encantar" o "enamorar" a los mendocinos y dedicarse de lleno a delinear un plan político y económico, que sea diferenciador de lo que está ocurriendo con el fallido plan nacional y que impulse de una vez por todas a Mendoza hacia adelante.
El último informe del IERAL, de Fundación Mediterránea, fue lapidario con Mendoza. La provincia no ha crecido como otras económicamente en los últimos 10 años y, después de la pandemia, apenas si ha movilizado un cuarto de su economía nuevamente mientras otras ya han recuperado la mitad de la potencia instalada.
Por eso, mientras el radicalismo se sabe fuerte en estas tierras y realiza grandes actos políticos que llaman la atención por ser este 2022 un año no electoral, el justicialismo junta sus pedazos mientras decide si llegar a un acuerdo para reunirlos a todos, o romper el molde y empezar de cero. El 2023 está a la vuelta de la esquina.