ver más
°
Opinión

Una vendimia llena de especulaciones y una inflación que no cede

Por Marcelo López Álvarez.
Por Marcelo López Álvarez

Vendimia, Vendimia, como se te extrañaba, no solo por el color en las calles y los ciudadanos agolpándose. Sino también por ese furor y pasión que desata por los corrillos políticos y económicos en cada encuentro en torno a la fiesta máxima de los mendocinos.

Desde el jueves con la cena y agasajo vendimial del Banco de la Nación en un salón de Las Heras hasta la Fiesta en la noche de ayer no hubo declaración, gesto, guiño que no fuera leído o interpretado dentro de las grietas que se vieron fuertemente en esta Vendimia, la política y la de la propia industria.

La grieta política, que está presente en cada momento de la Argentina de hoy, se mostró en muchos y variados aspectos; La de la industria madre emergió con mucha fuerza una vez más en casi todos los eventos. Solo el Ministro de Agroindustria de la Nación, Julián Domínguez surfeo con destreza sobre ambas grietas cada vez que le toco hablar en estos días, pero también fue contundente a la hora de defender las políticas de Estado (en interesantes contrapuntos con varios colegas) y terminante a la hora de marcar dónde están las institucionalidades y representaciones de la industria madre.

Los temas nacionales como el acuerdo con el Fondo y las implicancias que puede tener en la economía diaria y a mediano plazo y el proceso inflacionario estuvieron presentes en casi todas las charlas. Temas que no están solo en la preocupación empresarial sino en la de todos los argentinos que ven como su poder adquisitivo se degrada día a día por más aumentos salariales que se otorguen.

Es cierto que la mayoría de las paritarias (para quienes tienen la suerte de tener un trabajo registrado) se están cerrando en aumentos que rondan en más o en menos los valores astronómicos de la inflación, pero también lo es que están siendo otorgados en muchas cuotas por lo que los trabajadores recién recuperan el valor adquisitivo de la inflación pasada bien transcurrido el año y ya habrán perdido gran parte de ello con la inflación de este año que no parece serenarse ni en el febrero que pasó ni en el marzo que transcurre.

El Presidente en su discurso del 1 de marzo volvió a reconocer que la inflación era uno de los principales problemas de la Argentina, lo reconocen sus funcionarios y también toda la clase empresarial de la Argentina, sin embargo nadie logra contener el fenómeno y tampoco nadie se hace cargo de ser parte del mismo.

El acuerdo con el FMI tiene un par de datos que realmente son originales, uno de ellos que el organismo deja de lado su tradicional análisis exclusivamente monetarista del fenómeno para admitir que, por lo menos en la Argentina, tiene condiciones multicausales dónde muchas veces la emisión o sobra de pesos tienen incidencia menor en el proceso.

La experiencia a lo largo de los años demuestra que las oscilaciones externas del precio de los commodities, la especulación y la fuerte concentración productiva son elementos mucho más fuertes en el fenómeno inflacionario que la emisión. El anterior gobierno fue la comprobación más acabada de esta particularidad argenta.

Uno de los principales problemas en la formación de precios que no se puede evadir en la explicación del proceso inflacionario es el de concentración casi monopólica de la producción de alimentos y artículos de primera necesidad. Situación que, contrario a lo que muchos creen no se da en la comercialización.

Un revelador trabajo del bonaerense Observatorio para el Desarrollo Provincial da una magnitud del problema sobre el que el Estado debería actuar a corto y mediano plazo si quiere comenzar a encontrar soluciones a la pandemia inflacionaria de la Argentina que evade con éxito el combate de todos los gobiernos cualquiera sea el color.

Así por ejemplo 3 empresas concentran el 91 por ciento de la producción de aceite comestible, también 3 empresas se apoderan de la producción del 85 por ciento del azúcar, una (si una sola) el 79 por ciento de los fideos, 2 el 82 por ciento de las harinas, también 2 el 98 por ciento de las gaseosas y otra vez una sola el 70 por ciento de la leche.

Es simple imaginar con que facilidad se puede dar (¿se dan?) fijaciones monopólicas de precios y márgenes de ganancias sobre costos cuya información es directamente de imposible acceso al gobierno o a los consumidores.

Este esquema (que se repite en todos los productos de primera necesidad, no solo alimentos) es un gran fogonero de los procesos inflacionarios con altas características especulativas y genera otra serie importante del alteraciones, que como bien define el ODeP, pasan por la exclusión de productores rurales con insuficiente acceso al capital, inciden en dietas poco saludables, excluye a los consumidores con menores recursos y obviamente suprime un importante cantidad de fuentes de trabajo.

Pero además en la mayoría de los casos el nivel inédito de concentración viene de la mano de una extranjerización de esas fuentes de producción y comercialización por lo que pocas empresas, apenas un puñado de cuatro o cinco terminan fijando el valor de los alimentos básicos con un fuerte componente especulativo y márgenes de ganancias impensados en cualquier economía del mundo.

Por demás (y eso es bien conocido en nuestra provincia) desaparece prácticamente la integración de pequeños y medianos productores y se multiplican las condiciones desfavorables de comercialización y competencia para productos elaborados por MiPymes o emprendimientos de la economía familiar o social.

Desde hace largo tiempo varios sectores de la economía social, agrupaciones empresarias pymes y organizaciones de diversos estamentos productivos vienen advirtiendo sobre el tema y proponiendo un involucramiento activo del Estado que no pasa por prohibir, sino por trabajar en regulaciones aceptables y en el fomento, financiación y generación de políticas de desarrollo para que los actores de otras formas de organización de la economía y la producción puedan competir.

Más de una vez hemos hablado de las ferias municipales de casi todas las ciudades europeas, los apoyos y subsidios a los productores para que mejoren su producción y no abandonen sus lugares de origen. Mercados concentradores más regionalizados que permitan el acceso a ellos de los consumidores finales, promoción de la asociatividad y una larga listas de etcéteras que permitirían fortalecer a los pequeños para entrar en la conversación y también fijar agenda de precios y valores.

Ya hasta el FMI acepta la complejidad del combate de la inflación lo qué aún no tiene respuesta es cuáles serán las políticas que se implementaran para llevar adelante una tarea que parece titánica.

Te Puede Interesar