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La guerra en las redes, nada nos preparó para la tragedia en vivo

Una mujer filma desde la ventana de su edificio en una ciudad cercana a la capital de Ucrania el vuelo rasante de un caza ruso y en ese momento, desde la avenida que está debajo de su edificio, una defensa local le dispara y lo destruye. Los gritos de la familia, el llanto de los niños, el ruido del edificio que tiembla cuando el avión explota a escasos metros, todo, absolutamente todo, fue transmitido en directo en instagram para todo el mundo. Del mismo modo nos horrorizamos al ver a un tanque ruso aplastar a un automóvil conducido por un anciano, en vivo y en directo. Así como fuimos testigos de la llegada de las tropas rusas por aire y por tierra, y de cómo los ciudadanos de Ucrania fueron armados para resistir desde las avenidas de kiev.

Como nunca antes en la historia de la humanidad, la guerra entre Rusia y Ucrania está siendo documentada al segundo y presenciada por millones de veedores.

Sin dudas, así como la pandemia nos cambió la forma de relacionarnos esta "guerra en las redes" cambiará nuestra perspectiva del mundo y la geopolítica.

Podemos pensarlo de diferentes maneras. No importa si estás en el trabajo, en la escuela o en casa; si tienes 60 o 14 años; si es de día, tarde o noche. Lo que importa es que miles de millones de personas están siendo testigos en vivo de un conflicto a escala masiva: soldados y civiles muertos al costado de alguna carretera; mujeres que huyen solas, con sus niños, mientras sus esposos quedan en el frente de batalla; jóvenes armados con fusiles que no saben disparar; abuelas caminando 30 kilómetros, junto a una multitud, para cruzar caminando la frontera con Polonia y escapar de la guerra.

Por supuesto que así como el bagaje de información es monumental, del mismo modo lo es la desinformación que se comparte.

La cantidad de datos, fotos y videos que fluye en directo es tan grande que hay cuentas analizando todo el tiempo a Facebook, Instagram, Twitter, TikTok y Telegram para analizar las bajas y movimientos tanto de las fuerzas rusas como ucranianas.

Pero del mismo modo, sea por armar un nuevo "viral" o sea por un propósito político y estratégico concreto, hay miles de cuentas compartiendo información falsa, videos viejos de otros conflictos y hasta fake news.

Ya la llaman "la niebla de la guerra" en la que la información y la desinformación se enredan contínuamente, aclarando y confundiendo por igual.

Del otro lado, la increíble velocidad con la que gente común como cualquiera de nosotros comenzó a ver avanzar al ejército ruso en la toma de Chernobyl y en los bosques, inicialmente, cercanos a la frontera, fue lo que dio la primer voz de alarma.

Las cadenas de noticias rápidamente enviaron equipos allí donde la gente mostraba los ataques iniciales. Y cada noche, en los noticieros, vemos la cobertura tanto de periodistas apostados en el lugar de conflicto como a través de los videos posteados por miles de ucranianos.

Seguramente no estábamos preparados para ver cómo un soldado se inmolaba para hacer volar un puente e impedir el avance de las tropas rusas. Seguramente no queríamos ser testigos, desde la comodidad de nuestro sofá, de cómo miles de hombres, mujeres y niños se hacinan en refugios antiaéreos esperando pasen los combates. Y seguramente, lo que estamos viendo, nos cambiará para siempre.

En definitiva, la evolución de las comunicaciones se trata de acercarte al otro, sin importar si sus ojos reflejan el temor más profundo o si está en una barricada, defendiendo su hogar. Acercarte a la humanidad del otro y, porqué no, ser testigo de la falta de humanidad que también conlleva una guerra.

Seguramente, me reitero a mi misma, no estábamos preparados para esto.

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