En qué puede influir el pedido de los jugadores para Gallardo

Por Sección Andino Sports

La decisión de Marcelo Gallardo está entre la cabeza y el corazón. Es un duelo de titanes. Pero en los últimos días el corazón recibe impulsos cada vez más fuertes. "Olelé/olalá/Gallardo es de River/de River no se va" es hoy la cortina musical de la vida del Muñeco. La escucha desde hace meses, cada vez con más frecuencia y con volumen más alto, de parte de las decenas de miles de hinchas que representan a millones en cada partido en el Monumental. En las últimas horas la melodía se terminó de instalar en su ámbito más privado de trabajo: fueron todos los jugadores del plantel los que le pidieron directamente a MG que continúe en su cargo, que no los deje. Y eso, sin dudas, moviliza al deté.

La resolución que tome el Muñeco, ya todos lo saben -porque lo dijo él, porque lo repiten cada vez que pueden los mismos dirigentes-, es esencialmente personal. Incluso deberá hacer una evaluación a nivel familiar. Pero si hay algo que tiene este grupo de futbolistas es que en conjunto con el cuerpo técnico conforman una familia. Y eso no es sólo una manera de decir. Del trato de hermano con sus colaboradores directos y la relación adulta con los referentes a la figura casi paternal que tiene con los más chicos, MG tiene un lazo casi sanguíneo con el plantel. "Somos un conjunto de personas que nos trasladamos como una manada desde hace muchos años. Vamos todos por el mismo lado, por el mismo objetivo. Nadie le regala nada a nadie. Hacemos un gran equipo de trabajo entre toda la gente que nos acompaña", definió hace poco en ese sentido el entrenador.

 Y si bien todos los River de Gallardo se destacaron por haber sido grandes grupos en lo humano, éste tiene algo de especial para el técnico: tal vez sea el más artesanal, el que hizo más a su medida desde las bases, el que cuenta con más juveniles que promocionó y apadrinó e incluso el que más obstáculos sobrellevó durante la competencia. Y ese vínculo quedó expuesto en este campeonato que ganó de punta a punta. También en la noche del lunes, cuando jugadores, cuerpo técnico y familiares festejaron el título en el SUM del Liberti: allí toda la manada entonó el hit que este jueves cantarán los hinchas en la celebración del 9/12 eterno en la cancha, en las calles de Buenos Aires y en las plazas de todo el país.

Y es que aunque Rodolfo D'Onofrio ya avisó durante la presentación del balance de sus ocho años de gestión que el evento no está pensado como escenario de ningún tipo de anuncio del deté, todo tiene que ver con todo. Porque la final de la Copa Libertadores contra Boca en el Santiago Bernabéu es Marcelo Gallardo, es un ciclo que ya se ganó la inmortalidad pero que, al mismo tiempo, merece seguir en un plano de acción, en el día a día. Es el sentimiento de todo el colectivo riverplatense, de todos los directivos del club y de todos los jugadores, que ya a través de declaraciones públicas habían dejado en claro que sin Gallardo entre ellos se haría "muy difícil" continuar por esta senda (Franco Armani), que "Marcelo sabe el grupo que tiene para seguir" (Javier Pinola), que para él "River es su casa y ojalá se quede" (Leonardo Ponzio).

Los pormenores de la decisión de Gallardo

A partir de allí, el técnico tendrá que seguir masticando una decisión que tal vez en su más recóndita intimidad ya haya empezado a tomar. Tendrá que pensar si el desgaste es demasiado y sus energías difícilmente se recarguen o si en todo caso la nueva Comisión Directiva le garantiza (con el proyecto que ya le presentó Matías Patanian para el fútbol juvenil, la captación de talentos y la Big Data puesta en funciones para el análisis de rendimiento interno y el scouting de futbolistas) descansar en el minuto a minuto de algunas áreas de las que MG hoy se ocupa activamente.

Si puede disfrutar un poco más de lo que hoy disfruta de su trabajo. Si las dificultades organizativas y económicas del fútbol argentino pasaron un límite o todavía puede formar un equipo competitivo con la vara de la Copa Libertadores. Si elige terminar con un guión cerradito que ya tantas veces desechó (empezando por el final de aquel 2018, cuando no había "nada más que esto") pensando a su ciclo con sentido histórico, con River campeón de lo único que le faltaba en estos siete años y medio, con el retiro de un Ponzio que siempre fue su mejor nexo con el plantel, con la salida de D'Onofrio, con su estatua, la más grande del mundo del fútbol, instalada en la puerta del Museo junto a la de Labruna.

O le hace caso a un instinto que le nace de seguir yendo siempre por más. A su corazón. A todos los hinchas. A todos sus jugadores.

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