°
femicidio

La carta "de" Nélida tras su asesinato

Una carta "de" Nélida Villar, en realidad redactada por sus hermanas tras su muerte, conmovió a los malargüinos y a los que pudieron ver a Gladys Villar leerla ante jueces y acusados en el último día del juicio que terminó con la condena de Abel Vázquez.

Pocas veces se vio que ante un tribunal "hablara" la víctima de un femicidio.

Las hermanas Villar querían que Nélida tuviera voz en la audiencia, y escribieron un texto de un nivel de respeto incluso para con los imputados, un sentimiento descriptivo del dolor de la familia, una altura literaria notable, pero sobre todo de una profundidad emotiva que calaba hasta los huesos.

Si hasta fue sorprendente, y plausible, que los magistrados pudieran mantenerse impertérritos, al menos desde el semblante, para evitar que cualquier atisbo de emoción se dibujara en sus rostros, so pena de exponerse al pedido de nulidad del juicio (nuevamente, tras haber pasado casi 8 años del anterior, que anuló la Corte).

Titularla como La carta "de" Nélida, en realidad tiene una preposición que debiera ser reemplazada por la de "para", ya que, en definitiva, fue la manera en que esa familia halló el desahogo ante tantas infamias y, sobre todo, semejante impunidad.

El juicio puso en el lugar que correspondía a Nélida: el de víctima. Y no es una conclusión antojadiza porque especialmente en el sur mendocino, quienes querían creer que sus opiniones tenían fundamento, sólo habían lanzado durante años comentarios basados en la ignorancia, para desde ella construir una imagen que bien podría sintetizarse en la espantosa frase: "¿qué podes esperar de alguien que se mete con un hombre casado?".

La verdad es que sólo desde una concepción machista se puede llegar a tener tal tipo de diatribas; y sólo desde el patriarcado arraigado más en sociedades feudales que modernas.

El juicio demostró que Nélida era la pareja más duradera de Abel; que las "otras" llegaron después, pero la de esa chica siempre se mantuvo, claro que entre las sombras.

Y Nélida aceptó su papel secundario y furtivo durante 7 años. Sí, desde que ella tenía apenas 14 años de edad fue cosificada por Vázquez "para sacarme las ganas", confesaría en el debate, sin inmutarse porque si algo tuvo siempre fue una mirada gélida y un rostro de piedra que no esbozó sonrisa, dolor, enojo ni ningún tipo de expresión; ni siquiera cuando escuchó esta carta ni cuando las amigas de Nely contaban el amor que ella le tenía. Su único llanto, sin lágrimas, surgió cuando rogó a los jueces que no lo condenaran.

La carta tiene momentos estremecedores, como el párrafo de las ilusiones de esa chica que con sus cándidos 21 años salió a andar en bicicleta pero debía volver "para recibirse, trabajar, viajara para conocer culturas, personas, historias y todo le iba a ayudar a tejer su propia historia; y le iba contar a Humberto, nuestro hermano mayor que no ve desde sus ojos, cómo son las nubes en otros lugares, en los ríos cuando corren presurosos o mansos, buscando su mar, cómo lucen los pájaros que encierran todos los cielos, todos los paisajes y todos los sueños de libertad".

"Iba a volver para construir la casa, una muy grande que pudiera albergar mil sueños; iba a tener el amor de un hombre bueno que alimentara sus ganas de volar, pero que también fuera su paz cuando necesitara descansar".

"Fue la Nely amiga, que no sabe de distancias, y la Nely que amó y confió sin medida, una y otra vez en un mismo hombre; o quizás era una presa que nunca pudo escapar de eso a lo que los dos llamaron amor", en referencia a Abel, la única persona a quien esa chica le entregó su alma, su cuerpo y su vida.

Fue allí cuando Gladys leyó el párrafo dirigido no sólo a los tres magistrados del caso, Néstor Murcia, Jorge Yapur Meca y Sergio González, sino al sistema judicial entero, tantas veces con fallos sin perspectiva de género, que desde hace un tiempo muy reciente, ha comenzado a resolver los casos con la mirada que las mujeres han rogado durante siglos que les dirijan cuando son desatendidas en sus súplicas de Justicia.

"Hoy, cuando vayan a liberar si merece Justicia o no, nos gustaría que pensaran en todas esas Nelys que quería seguir siendo", fue la contundente y estremecedora frase que retumbó en el silencioso auditorio de una sala que sólo tenía a las partes y unos pocos familiares, por cuestiones de espacio y protocolo de pandemia; pero que se multiplicaba exponencialmente gracias a la transmisión on line de la que se encargaba Nicolás Galuya, de Prensa del Poder Judicial.

Malargüe estaba paralizado a esa hora: no había café, estación de servicio, casa, comercio, oficina pública que no exhibiera a gente mirando en su celular o computadora, aquel streaming que conmocionó a un pueblo que a partir de ese momento dejó de juzgar injustamente a Nélida Villar para comenzar a condenar, junto con los magistrados, al único culpable.

Ahí se entendió que la perspectiva de género que reclamó la Corte, tuvo cabida en las preguntas del Ministerio Público Fiscal a los testigos. Ahí se completó la tarea titánica del querellante Javier Giaroli, al descubrir en el análisis de metadatos de la sábana de llamados y mensajes entre Abel y Nélida, que la exponencialmente creciente cantidad de comunicaciones que fue produciendo esa chica desesperada por ser correspondida en su amor, por fin revelaría el móvil del crimen.

Es que finalmente se terminó entendiendo a Nélida: harta de ser la mujer escondida, la segunda de todas las que llegaron después que ella, quería llamar la atención de todos, de Abel y de quienes le rodeaban, para que se supiera que ella era la pareja que él escondía.

Y así fue que Abel vio en esa desesperación de su amante, el posible derrumbe del castillo de mentiras que montó durante toda su vida con todas sus mujeres... y por eso la mató.


Te Puede Interesar